HOY LO CONTÓ UN 12 DE AGOSTO DE 1973

Las conserveras de Badajoz se encuentran paradas

Las conserveras de Badajoz se encuentran paradas

El tomate envasado de la región pasa por uno de sus peores momentos al ver cómo se marcha la mayoría del producto a otras comunidades en 1973

FERNANDO GASTÓN

badajoz. Se puede decir que 1973 no fue ni mucho menos el año de las conserveras de tomate. Las empresas fabricantes de este producto se encontraban prácticamente paradas al no poder venderlo entre sus conciudadanos. La mayoría del tomate envasado que se consumía en Extremadura se compraba a otras comunidades autónomas.

Alrededor de un millón de kilos de de los cultivos de Badajoz estaban saliendo diariamente para factorías conserveras de Murcia, Aranjuez, Torrijos, Rioja y otras zonas, mientras que las fábricas conserveras asentadas en el Plan, que tenían contratado ese fruto con los agricultores, se encontraban en una situación de bajo rendimiento a consecuencia de que la materia prima que entra en ellas no es suficiente para mantener un ritmo normal de producción.

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La Agrupación Sindical provincial de Fabricado de Concentrado de Tomates integrada en el Sindicato provincial de Frutos y Productos Hortícolas, hacía una llamada a los agricultores, mediante anuncios publicados en la prensa, avisando que las seis empresas conserveras radicadas en la provincia se veían obligadas a ejercitar las correspondientes acciones legales o rescindiendo los contratos suscritos, debido al alto porcentaje de incumplimientos en la entrega del fruto.

Los sindicalistas productores de la época usaron a la prensa como altavozToda esta situación beneficiaba sobremanera a las empresas de otras provincias

Los agentes implicados en este tema, se reunieron tan solo un día antes de publicarse esta información para intentar llegar a un acuerdo. Los fabricantes de concentrado en la provincia de Badajoz contrataron, en el primer semestre del año, con los agricultores de la zona, la producción tomatera. Estas empresas proporcionaban a sus productores, con la firma del contrato, los siguientes beneficios: garantía de compra de la producción, semillas o plantas, asistencia técnica por ingenieros y peritos agrónomos, abono subvencionado, insecticidas, financiación, transporte e, incluso, anticipos.

El precio del kilo de tomate recogido se fijaba de acuerdo con el precio del producto transformado en el mercado exterior, ya que estas producciones han sido contastadas por empresas internacionales como Heinz, Libbys, Nestlé, etc. Este precio era considerado bajo, motivo por el cual el FORPPA concedió una subvención de 24 millones de pesetas para la zona de Extremadura. La campaña de recogida se inició el 26 de julio de ese año.

Desde ese momento y hasta el 12 de agosto, habían entrado en las fábricas de la zona alrededor de diez millones de kilos, cuando debían haberlo hecho casi tres veces más. La causa de esta situación, según se contaba a este periódico, estaba en que diversas conserveras de otras zonas del país compraban tomate que ya había sido contratado por las de Badajoz.

La salida empezó con unos 200.000 kilos y en esta fecha se estimaba ya en un millón de kilos diarios. Además, los agricultores retenían en sus parcelas la producción, a la espera de los camiones que venían de fuera. Estos incumplimiento de contrato se debían, al parecer, a que las conserveras de otras regiones pagaban unos 40 céntimos más que las de Badajoz.

Las empresas de la zona se veían así en la necesidad de ejcutar las acciones judiciales pertinentes por dicho incumplimiento de contratos y avisaban que tendrían que rescindirlos. Esta lucha tenía toda la pinta además de que se le iba a volver en contra a los propios agricultores, puesto que suponía: pérdida de producción, pérdida de peso, incidencia en la punta de la campaña y la rescisión de los famosos contratos.

Las fábricas, por supuesto, también se vieron afectadas por esta situación: no podían hacer frente a los contratos homologados por el FORPPA, que estaban contraídos con importantes firmas extranjeras. Los contratos indicaban que el incumplimiento daría lugar a indemnizaciones a la parte perjudicada. La polémica, sin duda, estaba servida.

Más madera

Por si todo esto fuera poco, era secuestrado en esos mismos días un empresario de la ciudad, y en la ciudad. Un soldado, utilizando el subfusil, paró el vehículo y obligó a don Antonio Fernández Trejo -este era el empresario en cuestión- a que «le llevase» a Granada, tal y como contaba este diario. El secuestrador, hasta la entrada de La Albuera, le fue aplicando el arma en la nuca. «No haga nada o le suelto todos los tiros», le dijo.

Entre unas cosas y otras, los responsables de los empresarios de Badajoz no recordarán esa fecha como la más tranquila.

 

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