Conquistar el poder

Conquistar el poder
MANUELA MARTÍNBadajoz

Cuál es mejor estrategia, aceptar turnarse en la Alcaldía, como ha hecho el PP en Badajoz con Ciudadanos, o rechazar «el juego de las sillas», como ha definido el popular Rafael Mateos a una oferta similar en Cáceres? El resultado ya lo han visto ustedes: en Cáceres el PP se va a la oposición y en Badajoz gobernará Francisco Fragoso los dos primeros años de la legislatura y dejará el paso a Ignacio Gragera para que sea alcalde los dos últimos. Eso sí, el candidato de Ciudadanos tendrá que contar también con el voto de Vox, ese partido al que Albert Rivera quiere mantener a cierta distancia para que no le contamine. Pero la realidad es que Gragera le necesita y no podrá enfadarle mucho si no quiere quedarse sin Alcaldía. Fragoso ha jugado a corto plazo y Mateos a largo. Este tiene la convicción de que su renuncia a entrar en chalaneos para convertirse en alcalde le reportará beneficios dentro de cuatro años, cuando los cacereños vuelvan a decidir quién gobierna la ciudad. Mientras, promete no hacerle la vida imposible al flamante nuevo alcalde socialista, Luis Salaya, que está en minoría.

La jugada de Fragoso y Monago en Badajoz ha sido la opuesta. Piensan que quien tiene el poder parte con ventaja. Aunque sea un poder en parte hipotecado a Ciudadanos e incluso a Vox, que exige su cuota de sillones por haber votado al PP. Mejor dos años que nada, es el principio que inspira la decisión de hacer cesiones a Cs y Vox.

La convicción de que es más fácil conquistar el poder desde el poder que hacerlo desde la oposición es la misma filosofía que inspiró a Pedro Sánchez cuando presentó la moción de censura que le llevó a la Presidencia del Gobierno. Llegar a la Moncloa aunque fuese desde la legítima y heterodoxa vía de la moción para ganar ventaja a la hora de convocar elecciones y, ahora sí, alzarse con la victoria.

Es vivir al día, sin planes a largo plazo. La situación política en España y en muchas comunidades y municipios es tan inestable que, quién sabe qué puede ocurrir en los próximos meses. Y quien ha logrado el poder, aunque haya sido a través de pactos precarios, debe pensar que eso lleva ganado. ¿Le castigarán los ciudadanos en las próximas elecciones por esos mercadeos de sillones? Es posible. O tal vez no.

Sin mayorías absolutas o pactos sólidos de gobierno la estabilidad es una quimera. Y deberemos acostumbrarnos a que la aburrida gestión municipal (¿qué hay más soso en política que arreglar calles o cuidar jardines?) se transforme en un tormentoso escenario cruzado de luchas de poder, traiciones e intrigas. Sin ir más lejos: ya tenemos al socialista Ricardo Cabezas, el ganador de las elecciones en Badajoz, fabulando si algunos concejales de Ciudadanos podrían fugarse del partido y apoyarle a él para presentar una moción de censura que descabalgue a Fragoso. ¡Y llevamos menos de una semana de legislatura!

Puestas así las cosas, si la negociación para la Alcaldía ha sido un thriller contra reloj, la legislatura puede ser una larga serie de suspense.

El contrapeso a esa inestabilidad municipal que se nos echa encima va a estar en la Junta de Extremadura. Con Fernández Vara sólidamente asentado en su mayoría absoluta, no se adivinan sobresaltos. Vara no necesita a nadie para gobernar. Y no solo eso: su victoria holgada le ha dado dentro de su partido una autoridad que no siempre ha tenido. Incluso los que han añorado durante años a Ibarra y su estilo de 'killer' político han acabado admitiendo que el liderazgo blandito y amable de Vara también gana elecciones. Y con mayoría absoluta.

Su oferta de que a pesar de que tiene mayoría absoluta va a ofrecer diálogo a la oposición casa con el estilo de Vara, más de dar la mano que de dar voces. Y descoloca a una oposición que necesita convencer a los extremeños de que hay una alternativa al PSOE. Pero quizá las preocupaciones de Vara en esta legislatura vengan más por cómo gestiona su sucesión que por los aprietos en el que le puedan poner Monago o Polo. Esa sí es otra historia de poder. Con mayúsculas.