HOY LO CONTÓ EL 15 DE AGOSTO DE 1976

El conflicto de la pera genera 70 millones de pesetas en pérdidas

El conflicto de la pera genera 70 millones de pesetas en pérdidas

Los agricultores extremeños, afirman que no se les trata con justicia y dejan de recoger diez millones de kilos en 1976

FERNANDO GASTÓN

badajoz. De nuevo fue portada un conflicto procedente del campo de la región. Esta vez, en 1976, los problemas venían por las peras. Los agricultores llevaban un tiempo reclamando que las instituciones les trataran con justicia y les ofrecieran mejores condiciones para su trabajo, pero esas mejoras no acababan de llegar.

Por este motivo, los empresarios del campo decidieron llamar la atención, y para protestar dejaron de recoger del orden de ocho a diez millones de kilos de peras, lo cual trastornaba de manera importante a toda España. Los cálculos que se hacen siempre en este tipo de circunstancias dieron como estimación la pérdida de alrededor de 70 millones de pesetas en pérdidas. Aunque solo fuera por las cifras que se manejaban, era evidente que este era un problema que había que atajar rápido.

TAMBIÉN SE PUBLICÓ UN 15 DE AGOSTO

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Los agricultores afectados anunciaron en rueda de prensa que iban a llevar a cabo estas medidas drásticas. En la misma, quisieron aclarar por qué surgió el conflicto, analizaron las acciones tomadas y las posibilidades de futuro para su sector.

Los pequeños agricultores reiteraban que ellos no eran el origen del problemaLas cooperativas declaraban que la mitad de su fruta estaba ya en el suelo podrida

Los representantes del campo que dieron la cara fueron muchos. Citando algunas organizaciones, estuvieron Mercoguadiana, comerciantes, representantes de Hermandades, representantes de propietarios y distintos colonos. Sorprende que incluso estuviera citada más gente que no pudo asistir a la reunión.

Los pequeños fruticultores aseguraron que no tenían por qué prestar atención a las causas del problema, puesto que consideraban que esa no era su guerra. Además comentaban que no tenían ni idea de por qué se habría podido originar. Argumentaban que se les había venido todo encima sin comerlo ni beberlo, pero sí que culpaban de alguna manera a la Administración afirmando que anteponían las necesidades de otros puntos de España a las de la región.

Las cooperativas, por su parte, declaraban que la mitad de su fruta estaba ya en el suelo podrida. También tenían problemas con la leche, porque hasta que no conseguían sacar la cantidad suficiente como para cobrar cuatro pesetas, no les pagaban nada. Lo mismo les pasaba con los tomates y con otras producciones, según decían.

Se resignaban a apuntar que si sembraban poco porque tenían poca superficie y lo que conseguían se lo tiraban por tierra, no le veían prosperidad así al oficio. No les llegaba el dinero para pagar cosas básicas para los cultivos como abonos o insecticidas. El representante de la Junta de Colonos de Valdivia hizo una serie de las declaraciones aparentemente más sensatas de todas las del evento. Pensaba que todos los que habían intervenido hasta ese momento podían tener razón, aunque se la daba especialmente a los pequeños agricultores.

Argumentaba que, a su juicio, dicho pequeño agricultor debía dedicarse simplemente a producir, y no a vender. «Nosotros solo sabemos producir la tierra», llegó a afirmar incluso. De todas formas, destacaba que las injusticias de la administración que denunciaban les habían destrozado. Creía que el Gobierno debía haber tomado una decisión radical para todas las partes indicadas.

Según iba hablando este representante, parecía que se le iban ocurriendo las soluciones al conflicto. «No sabemos cuántos millones de kilogramos tenemos en España en concreto, pero digamos, por ejemplo, 500 millones. Si fuera así, debería encerrarse en cámara lo que hubiera cabido y, para evitar estas tragedias, hacer llegar a todos los pueblos nuestra pera», propuso.

Lo que se pedía, en definitiva, era sacar la pera de los centros de producción al consumidor. Afirman que así ni se hubiera abarrotado el mercado ni la pera se hubiera quedado en el campo podrida.

Ley de Prensa

Ese mismo día y en plena remodelación de la política española camino de la democracia, este periódico se hacía eco de unas declaraciones realizadas por el ministro de Información y Turismo, Andrés Reguera Guajardo, en las que destacaba que era necesario abolir la Ley de Prensa que estaba vigente desde los tiempos de la dictadura.

Sobre el turismo, pensaba el ministro que el sector necesitaba un estudio para su reestructuración. Ese año observaron que los turistas que llegaban al país lo hacían directamente con pesetas, sin cambiar en nuestros bancos de moneda. El gobierno consideraba que esto podía ser consecuencia de evasiones de capital, lo cual perjudicaba en demasía al Estado.