Comer con Facebook

Estético bacalao dorado con ensalada, en el restaurante Restauração de Vila Viçosa. :: E.R./
Estético bacalao dorado con ensalada, en el restaurante Restauração de Vila Viçosa. :: E.R.

Los 'me gusta' siguen prefiriendo las comidas apabullantes

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

Cuando la sensatez primaba sobre la estética, lo que contaba en un restaurante era que la comida estuviera rica y que no te pegaran un sablazo. Pero con el tiempo, la estética se impuso sobre todo lo demás y hoy es tan importante emplatar como cocinar.

No voy a ser tan cazurro como para criticar el arte de emplatar, que convierte la comida en manjar y cualquier revoltijo en una delicia estética, pero que no me engañen: lo primero sigue siendo que la comida esté rica, lo segundo que no te quedes con hambre, lo tercero, que tenga una bonita presentación y, envolviéndolo todo, que no te claven.

Además, está el buen servicio, el local agradable y que todo funcione a la perfección: desde la calidad del pan hasta el ruido de la sala pasando por la limpieza de los baños.

Ya hace tiempo que la presentación de los platos se convirtió en trascendental: no podía decirse que un plato estaba rico si su presentación era lamentable. Hasta ahí, todos de acuerdo. Pero luego llegó Facebook y su tiranía convirtió las mesas de los restaurantes en estudios de fotografía, donde lo que cuenta no es el paladar, sino el clic y la instantánea. Hemos llegado a un punto en que es más importante el 'me gusta' de un desconocido en Facebook que el reconocimiento sincero de tu pareja: «¡Qué rico está!».

Hace unos días, ilustraron un artículo sobre el pollo en pepitoria con una foto en la que se veía una bandeja de pizarra y tres o cuatro pedazos minúsculos de pollo un poco solos en la inmensidad de la pizarra. Era pollo en pepitoria bien presentado, con minimalismo estético y modernidad compositiva, una especie de collage de piedra y pechuga que movió a varios amigos de Facebook a preguntarme si esa ridiculez en pepitoria iba a ser mi cena de Nochebuena.

Dejé claro que no, que lo mío eran grandes muslos o inmensas pechugas ocupando un plato y nadando en salsa de almendras, yema de huevo y todo lo que lleva una pepitoria. Mis interlocutores se quedaron más tranquilos, no tanto porque no me iba a quedar con hambre, cuanto porque no me había vendido a la corriente 'minimal' y engañabobos del menos es más. No, señores, a la hora de comer, menos es menos. Aunque si es más y viene bonito, encantados.

Y desengáñense, en Facebook, lo que mueve al me gusta de pulgares hacia arriba y bocas abiertas de admiración no es lo bonito, sino lo apabullante. En ese punto, Portugal sigue siendo lo más de lo más.

Allí, te sirven esos bifes a la portuguesa que te consiguen 50 'me gusta' en 10 minutos gracias a la fotografía del filete de 25 centímetros colgando por los bordes del plato, las patatas fritas a un lado, la ensalada, al otro, el arroz en una esquina y un huevo frito coronándolo todo. Ves eso y no puedes controlar tu dedito, que se lanza a por el me gusta de manera refleja.

En una ocasión hice una prueba durante dos sábados. El primero, subí a Facebook la foto de un plato del restaurante Restauração de Vila Viçosa. Es una de las cocinas de la Raya donde más se cuida el arte de emplatar: el bacalao asado llega a la mesa coronado por un tomate convertido en flor de cuatro pétalos y a su lado, el puré de patatas parece una filigrana dorada.

El caso es que subí a Facebook una foto de un bacalao dorado que parecía un cuadro tropical como se puede ver en la imagen. Tuvo 28 me gusta. El sábado siguiente, subí la foto de una picanha del restaurante Regatta de Alpalhão: plato de carne, bol de judías pintas, bol de arroz, fuente de ensalada y fuente de patatas fritas: 65 me gusta.

 

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