El comendador de Montijo

Un guía explica el Doncel de Sigüenza y el sepulcro del comendador de Montijo. :: E.R./
Un guía explica el Doncel de Sigüenza y el sepulcro del comendador de Montijo. :: E.R.

El padre del Doncel de Sigüenza fue señor de esta encomienda

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

Los de Sigüenza dicen que tienen dos estaciones: la del tren y la del invierno. La del tren está destartalada, con las puertas rotas y sin que nadie ni nada avise de las llegadas y salidas de los trenes, así que no me quiero imaginar cómo será allí el invierno. Sigüenza fue una ciudad de gran importancia con universidad, obispos influyentes y los Mendoza liderando una sucesión de mecenas y benefactores que dejaron un casco urbano precioso para la posteridad.

Pero su mayor atractivo es el Doncel, una escultura bellísima y singular convertida en eslogan turístico de Sigüenza, que se promociona en Fitur y sitios así desde hace años como La Ciudad del Doncel. Este doncel no es otra cosa que un monumento funerario custodiado tras una verja gruesa y segura en una capilla de la Catedral. Para verlo, hay que pagar siete euros. De paso, te enseñan el Museo Diocesano, el claustro de la catedral y varias salas con tapices, pero lo que de verdad merece la pena es el bello doncel.

El Doncel de Sigüenza tiene la particularidad de que, siendo una tumba, el muerto al que se honra no aparece tendido, sino sentado y leyendo un libro. Los seguntinos, que son muy suyos, dicen que gran lector no debía de ser el doncel porque lleva 500 años sentado frente al mismo libro y no ha pasado ni una página.

El famoso doncel se llamaba Martín Vázquez de Arce y nació y se crio en Sigüenza. Estudió en Guadalajara, fue mayordomo, una especie de secretario, del duque del Infantado y murió en la guerra de Granada contra el moro de una manera, se sospecha, un tanto chusca: ahogado en la Acequia Gorda, un paraje que mandaron inundar los musulmanes para acabar con una parte de la tropa cristiana. Y acabaron con el Doncel.

Aquello sucedió en 1486, Martín tenía 25 años y ya era comendador de la orden de Santiago, que como todo el mundo debiera saber, se funda en Cáceres. Aunque la relación del Doncel con Extremadura es más curiosa que todo eso. Resulta que su padre, Fernando de Arce, fue comendador de Montijo de la Orden de Santiago, un cargo o prebenda otorgado por su mentor Juan Pacheco, marqués de Villena y valido de reyes, con quien trabajó de secretario.

El comendador de Montijo fue también secretario de reyes y miembro de una embajada diplomática que fue a ver al Papa a Roma. En medio de tanto trajín, la muerte de su hijo fue una tragedia que lo empujó a erigir en su honor un monumento funerario que rompió moldes y se ha convertido en una obra de arte fundamental en la historia de la escultura.

El escultor parece ya claro que fue Sebastián de Toledo, conocido por sus trabajos en la capilla de los Luna toledanos. Sebastián trabajó el alabastro magistralmente para que, con gran calidad de detalle, se pudiera distinguir cada página del libro que lee el Doncel, cada vena del joven soldado. Es, sin duda, una obra maestra y rompedora que abrió nuevos caminos.

Si el padre del Doncel fue lo más parecido para la época a un alcalde de Montijo, uno de los grandes mecenas de la Catedral de Sigüenza fue el obispo Fadrique de Portugal, nacido a media hora de Badajoz, en Vila Viçosa, hermanada con Sigüenza. Fadrique mandó hacer el gran retablo plateresco de Santa Librada. Otro obispo mecenas tenía un nombre curioso, don Cerebruno, y levantó la iglesia románica de San Vicente.

En 2019, se celebra el 850 aniversario de la fundación de la Catedral de Sigüenza. Miles de visitantes se enterarán de que el famosísimo Doncel de Sigüenza era hijo del 'alcalde' de Montijo y, parece ser, van a arreglar la estación de tren. Lo del invierno no tiene remedio.

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