UEx: la clave son las personas

Lo que el sistema produce son profesores sumamente insatisfechos, muchos de ellos desbordados por la docencia y la gestión, en un contexto organizativo que prima el trabajo individual competitivo, por encima del trabajo en equipo

MARCELO SÁNCHEZ-ORO SÁNCHEZProfesor de Sociología Facultad de Empresa, Finanzas y Turismo

Con la Universidad de Extremadura, ocurre como con otras muchas instituciones de nuestra región. Con frecuencia se hace una valoración sincrónica de su trabajo y rendimiento, olvidado la perspectiva diacrónica: de dónde venimos. Y venimos de un páramo. En cuanto a instituciones superiores en la región, hasta hace apenas 40 años, no había casi nada. En las instituciones académicas, en la generación de masa crítica y de inteligencia social, esa que se 'cría' en torno a las universidades, Extremadura es más que bisoña. Bien cerca de nosotros, en Salamanca, ahora celebran 800 años de la creación de su Universidad y más al sur, la de Sevilla, poco más de 500 años. Como 'nuevos ricos' somos muy rigurosos con nuestras instituciones y valoramos poco lo mucho que tenemos, más aún las nuevas generaciones que nacieron con todo dado. Hubo un tiempo, no hace tanto, en el que pocos eran los que podían acceder a estudios superiores en Extremadura; por ejemplo mi madre estudió en Sevilla Filosofía y Letras; pero fue a costa de que sus otros dos hermanos se mantuviesen en el pueblo, trabajando en el negocio familiar. A mi padre le ocurrió otro tanto para estudiar Derecho en Salamanca, en los años 50. No todos podían estudiar, y menos aún en Extremadura. Quienes realizaban estudios superiores lo hacían a costa de un inmenso sacrifico por parte de toda la familia. Mis opciones, en los 80, no fueron muy diferentes: tuve que estudiar en Valladolid y Madrid.

Al hecho de valorar en muy poco lo que tenemos, se suma el irredento sentimiento de fatalismo que nos acompaña a los extremeños. Un irresuelto complejo de inferioridad que de nada nos va a servir si no somos capaces de superarlo. La crisis de nuestra Universidad es una mezcla de derrotismo social, déficit demográfico que afecta a las matriculaciones y al profesorado, escasez de recursos financieros y anquilosamiento burocrático. Este último, resultado de la aceptación sin rechistar, de las regulaciones estatales de los sistema de calidad (Agencia Nacional de Evaluación y Acreditación - ANECA) de los títulos, departamentos y facultades. Un sistema que prometía resolverlo todo, a cambio de cumplir con rigor y obediencia los dictámenes, recomendaciones y guías de los famosos paneles de ANECA: 'hombres de negro' que chequean in situ los títulos. El hecho es que, en general, siempre nos 'aprueban', pero esto es a costa de someter a los profesores que se encargan de la gestión universitaria a una estresante prueba de supervivencia. A cambio, estos procesos de mejora, no se han traslucido –por ahora– en una mejor preparación de los egresados para la vida social y laboral, ni en hacer una Universidad mejor posicionada o más competitiva, que es lo que se busca. En lugar de relativizar estos procesos de calidad y situarlos en lo que son, meras herramientas para la mejora, se subordinan los recursos escasos de la universidad, y a los profesores más abnegados y voluntariosos, a estas dinámicas evaluativas, que muchos califican de endiabladas. Si a la pérdida de una perspectiva general, de donde se debe encuadrar nuestra Universidad en un contexto tan 'líquido', se le une el pasmo que produce al cuerpo docente y a las autoridades académicas los rankings que miden solo lo que algunos desean que midan, nos encontramos ante un cóctel perfecto para la desafección y el desánimo.

Finalmente, a cualquiera que le pregunten por la Universidad española en general, lo primero que ha de sacar a relucir es la situación del profesorado, no en balde en esta empresa la clave son las personas.

La Universidad de Extremadura comparte los males que aquejan a todo el sistema universitario. La situación, según se mire, resulta deprimente y desquiciante. Deprime contemplar la precariedad laboral de una parte significativa de profesores bajo la fórmula de 'asociados'. Es deprimente el sistema de retribución de los profesores que logran acceder al grado de doctor, tras largos y penosos años de estudio y dedicación a la investigación y a la docencia. Es frustrante el escaso o nulo apoyo que reciben los profesores que se dedican a la investigación. Es desalentador el estímulo que recibe un profesor por su trabajo docente, y finalmente es desquiciante la carga burocrática de quienes, además de la docencia y la investigación, tenemos encargos de gestión. La trayectoria profesional del profesor universitario es una carrera de obstáculos, sometido a múltiples evaluaciones internas y externas, que van desde la que semestralmente realizan los estudiantes sobre tu trabajo; hasta el sistema dúctil, y sumamente cuestionado, de evaluación y acreditación a escala nacional.

En un contexto profesional en el que destaca la desigualdad entre profesores en cuanto al encargo docente y dedicación; con un enloquecido sistema de categorías profesionales caracterizado por las enormes diferencias salariales y la precariedad de muchos colectivos, lo que el sistema produce son profesores sumamente insatisfechos, muchos de ellos desbordados por la docencia y la gestión, en un contexto organizativo que prima el trabajo individual competitivo, por encima del trabajo en equipo. El resultado general para la institución y para la sociedad no puede ser demasiado alentador.

¿Cuál es la salida? La respuesta, en buena medida no depende de nosotros, sino de la ordenación del sistema de ciencia y tecnología nacional. También es necesario pensar que lo que hoy criticamos son modelos de gestión y evaluación que se están implementado desde hace relativamente poco tiempo (unos 10 años) y cuyo resultado aún está por ver. Es necesario señalar que muchos de estos cambios se están implantado bajo la política de 'coste 0' en medio de una brutal crisis económica, lo que ha deprimido aún más el sistema universitario nacional y extremeño. Tal vez la respuesta sea perseverar, a la vez que se trata de minimizar los efectos perversos de la nueva forma de hacer Universidad. Que los tiene.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos