Más de cien años subiendo la persiana

Cinco negocios extremeños con más de un siglo de historia a sus espaldas relatan su experiencia y las dificultades a las que se enfrentan en su día a día

Tejidos Pedro Marcos se fundó en Trujillo en el siglo XIX, pero sus propietarios desconocen la fecha exacta. El comercio abrió como delegación de una empresa cacereña hasta que Pedro Marcos lo compró en 1947. El negocio sigue activo en los soportales de la Plaza Mayor de Trujillo./JAVIER SÁNCHEZ PABLOS
Tejidos Pedro Marcos se fundó en Trujillo en el siglo XIX, pero sus propietarios desconocen la fecha exacta. El comercio abrió como delegación de una empresa cacereña hasta que Pedro Marcos lo compró en 1947. El negocio sigue activo en los soportales de la Plaza Mayor de Trujillo. / JAVIER SÁNCHEZ PABLOS
José M. Martín
JOSÉ M. MARTÍN

Celebró su primer cumpleaños en la tienda. «Y voy a cumplir 61 años», recuerda María del Carmen Antón, actual gerente de Confitería Gutiérrez. Este negocio, el más antiguo de la provincia de Badajoz, tal y como se detalla en un reconocimiento que recibió hace un par de décadas, lleva en funcionamiento desde 1827.

Sentada frente a una mesa camilla al fondo del local se encuentra María del Carmen Macías, propietaria de la empresa y madre de Antón, que a sus 92 años continúa dada de alta como autónoma y acudiendo todos los días a la tienda ubicada en la Plaza de España de Mérida, donde siempre ha estado ubicado el establecimiento. «Ahora solo me dedico a envolver los caramelos de 'La Mártir'», explica la veterana empresaria.

Estos productos, muy conocidos en Mérida, son los más característicos de la confitería y los más vendidos junto a los pasteles de merengue. «La Mártir Santa Eulalia –patrona de la ciudad– es una marca que se registró en 1913 y con la que antes vendíamos alguna referencia más», detalla Antón, que ha visto cambiar el comercio de la ciudad desde su pequeña tienda.

Con el paso de los años también han evolucionado los gustos de los clientes. «Dejamos de escarchar fruta», ejemplifica Antón mientras coge uno de los tarros de cristal que servían para este proceso y que ahora solo tienen una función decorativa. Lo que se ha mantenido invariable es la forma de elaborar los dulces. «Trabajamos con productos naturales e igual que hace 191 años», expone la gerente de Confitería Gutiérrez como el motivo por el que se siguen demandando sus creaciones y por el que el negocio pervive a pesar del aumento de la competencia y de la aparición de bollería a precio más reducido. «Mucha gente que vive fuera de Mérida y nos conoce aprovecha cada vez que viene para llevarse nuestros pasteles», manifiesta Antón.

Confitería Gutiérrez de Mérida

Fundación. Manuel Gutiérrez Bas puso en marcha la tienda en 1827.

Historia. La empresa familiar ha pasado por seis generaciones y llegó a tener dos establecimientos.

Ubicación. Siempre ha estado en la plaza de España de Mérida.

La fidelidad de los clientes conseguida a través de la calidad es un punto en común que tiene 'La Gutiérrez' con otros comercios centenarios de la región. Un ejemplo más es Calzados Alcón, en Plasencia. La historia de esta empresa familiar se remonta hasta 1917, año en el que Casimiro Alcón García, bisabuelo de los actuales gerentes, montó su propia albardería y empezó a comercializar zapatos. «Somos la cuarta generación», afirma Juan Antonio Real Alcón, uno de los encargados e hijo de los actuales dueños.

En este siglo de vida, los sucesores fueron ampliando el negocio. Ahora cuentan con cuatro tiendas en la ciudad del Jerte y piensan llegar a otras localidades e impulsar su página web.

Las grandes franquicias y a la venta por Internet son su competencia más directa. «Nos hacen mucho daño con las promociones y las ofertas, pero buscamos diferenciarnos con la variedad y la calidad del producto y el trato personal», según Real, que observa que son conceptos muy valorados por los clientes.

En unos términos similares se expresa Juana Plaza García, propietaria de Tejidos Pedro Marcos, al hablar de la situación de su tienda. La llegada de las marcas, la aparición de las grandes superficies y el descenso de población en la comarca de Trujillo –«que ya no es el centro comercial que era en los 60, 70 y 80», según Plaza– han sido las principales dificultades a las que se ha enfrentado el negocio. «La gente compra más ropa y menos tela», señala la empresaria, que considera que en la sociedad actual hay poco tiempo para confeccionar en las casas.

Calzados Alcón de Plasencia

Casimiro Alcón creó la empresa en el año 1917. Cuarta generación familiar de un negocio que comenzó como espartería y contó con un almacén de calzado. Tiene cuatro tiendas abiertas, todas ellas en Plasencia.

Ella se puso al frente de la firma en 1971, aunque empezó a trabajar mucho antes junto a su tío, Pedro Marcos. Este empresario se desplazó a Trujillo en 1926 para hacerse cargo de una delegación de la empresa, que tenía sede principal en Cáceres, y con el paso del tiempo la adquirió y empezó a funcionar por cuenta propia. Sin embargo, los inicios del negocio se pierden en el siglo XIX. «Tendrá cerca de 200 años, pero no lo sabemos exactamente», explica la propietaria, que sí tiene perfectamente fechada la caja registradora que siguen utilizando y que se compró el 21 de mayo de 1929.

Desde que Plaza empezó a trabajar, el negocio ha cambiado. «Había seis trabajadores, además de mi tío y yo», expresa.Ahora, con 74 años, tampoco tiene pensado abandonar su cargo.«Tengo una jubilación activa y seguiré aquí mientras la salud me lo permita», dice.

Ahora, solo trabajan Plaza y una empleada. «Tenemos clientes de toda la vida», relata orgullosa la propietaria del negocio, que entiende que es la calidad y el trato con los clientes lo que les hace diferentes y les permite seguir en funcionamiento. «Trabajamos como antiguamente y hacemos apuntes, algo que hace unos años era muy habitual, le abrimos cuentas a la gente y cuando paga se le abre otra», detalla a la hora de destacar esa cercanía.

La diferenciación en función del trato personal es algo que también se marcó como objetivo Jorge Manuel Barrantes, dueño de la peluquería Abdón, situada en Cáceres. Su competencia también ha crecido en la última década, pero ha conseguido mantener su clientela. «El oficio se ha revalorizado mucho y estoy encantado», indica Barrantes, que es consciente de que la barbería está de moda. Algo que no siempre fue así. «Cuando yo cogí la peluquería, en 2007, el término barbero era casi despectivo y nos han llamado 'lavacaras'», rememora.

Esta nueva coyuntura y la llegada de las cadenas al sector en la región hicieron aumentar el número de peluquerías. «Se empezó a competir con precios muy bajos, pero los clientes son muy difíciles de captar y, desde luego, no se hace a través del precio», señala Barrantes, que se muestra orgulloso de tener clientes heredados de su padre, Abdón Barrantes, que llevan más de 60 años cortándose el pelo en su establecimiento. Del mismo modo, varios empleados trabajaron con ambos propietarios y se jubilaron en la empresa.

Y es que para lograr la fidelidad de los clientes, Barrantes también considera fundamental extender ese valor a las relaciones entre la empresa y la plantilla. Con este modo de actuar ha conseguido que su proyecto empresarial goce de buena salud. No tiene claro que la peluquería vaya a continuar en la familia, porque sus hijas están completando su formación en ámbitos alejados a este sector, pero no duda de que habrá personas interesadas en mantener la persiana levantada de un negocio que abrió en 1914, fundado por Eulogio Constantino.

Barbería Abdón de Cáceres

Eulogio Constantino fue el primer propietario desde 1914 de la barbería Abdón. En 2007, Jorge Manuel Barrantes se quedó con el negocio de su padre, Abdón Barrantes, que lo había adquirido en 1953. El negocio siempre ha estado en el edificio Descubrimiento de la avenida de Portugal de Cáceres.

En sus 104 años apenas se ha movido una decena de metros. El cambio de local, en 1987, vino motivado por el derribo del edificio en el que se ubicó en sus inicios. El actual propietario llegó a trabajar en él, porque a sus 50 años lleva 35 con las tijeras en la mano.

Sus primeros recuerdos de la peluquería están relacionados con los aromas. «Tengo en la memoria el olor al genuino Floyd y a la colonia Galatea, que sigo teniendo, al ir a buscar a mi padre», comenta.

Cariño

Es una nota común entre los dueños de estos negocios seculares haberlos vivido desde la más tierna infancia. De esta forma, el esfuerzo que requiere mantener activos oficios tradicionales es más llevadero por la tradición familiar que les acompaña y el cariño que le tienen a su desempeño profesional.

Isabel Delgado, propietaria de la Farmacia Bustillo, en la plaza de Cervantes::
Isabel Delgado, propietaria de la Farmacia Bustillo, en la plaza de Cervantes::

Farmacia Bustillo de Badajoz

El negocio está en activo desde 1880. La actual propietaria, Isabel Delgado Fernández, heredó la farmacia de su padre, que la compró en 1966. Nunca ha cambiado de local y está situada en la plaza Cervantes de Badajoz.

Isabel Delgado Fernández, propietaria de la Farmacia Bustillo, también recuerda pasar detrás del mostrador para ayudar a su padre, Juan Delgado Bustillo, siendo muy joven. «Hay clientes que me conocen desde entonces y todavía me llaman Isabelita», relata.

Una placa en la puerta de este local ubicado en la plaza Cervantes de Badajoz certifica que la farmacia comenzó a funcionar en 1880. Por dentro está renovado y solo evocan el pasado un cuadro con etiquetas de medicamentos antiguos, una pequeña estantería repleta de envases que no se venden desde hace muchos años y numerosos albareros, tarros donde se guardaban las medicinas, repartidos por la zona de venta.

En los 23 años que Isabel lleva como farmacéutica se han producido muchos cambios. Cita la llegada de los medicamentos genéricos, con la reducción de los márgenes de beneficio, y los relacionados con las nuevas tecnologías, como el uso de los ordenadores y la receta electrónica. Pese al sistema de salud español, la incertidumbre es una constante en el sector. «Al poco de empezar yo a trabajar, la Junta propuso una ley para quitar las concesiones antiguas al salir muchas concesiones nuevas; tardó mucho tiempo en solucionarse y se hizo en el Supremo», informa Delgado, que cree que el sector se dirige hacia la liberalización, pese a que lo ve como algo negativo para el servicio que se presta en pequeñas localidades

Lo que no ha cambiado es el trato con los clientes, que acuden al farmacéutico cuando tienen dudas con su tratamiento. «Somos el único sanitario que el ciudadano tiene a mano, por eso somos conocidos y respetados», opina.

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