Un pacense, rey del chiringuito en La Antilla

Stephan Navarro vive en Badajoz la mayor parte del año, pero el verano lo dedica a El Camaleón./JLG
Stephan Navarro vive en Badajoz la mayor parte del año, pero el verano lo dedica a El Camaleón. / JLG

Stephan Navarro es el representante en Huelva de quienes regentan estas instalaciones a pie de playa

J. López-Lago
J. LÓPEZ-LAGOLa Antilla

El chiringuito, parte del paisaje playero, es ese lugar donde prácticamente todos los extremeños paran este mes. Piden de beber, se sientan, dirigen la mirada al agua, se quedan absortos en divagaciones oceánicas y al fin se dicen a sí mismos: ¡soy feliz! Para unos es un oasis donde alejar la deshidratación, para otros un refugio que ofrece sombra y comida. Se dice que haber localizado un buen chiringuito justifica el viaje familiar cuando el exceso de horas sobre la arena de playa amenaza con arruinar las vacaciones.

El presidente de la Asociación de Chiringuitos de Huelva, creada en 2006, es un pacense. La mayor parte del año lo pasa en Badajoz, pero su segundo hogar lo tiene en La Antilla porque en esta población él está al frente de El Camaleón. Stephane Navarro García es el rey del chiringuito.

De origen francés, amante de los deportes, mide 1,99 y tiene una melena larga y rizada que le da un aspecto de tarzán. Carpintero como su padre, el negocio lo levantaron ambos a pie de playa con sus propias manos a golpe de sierra y martillo. «A La Antilla llegué en 1998 por casualidad. Era Semana Santa y estaba con mi novia, un hermano y un amigo. ¿Por qué no montamos aquí un chiringuito? Lo comentábamos de broma. Pero en el fondo yo lo decía en serio. En aquella época era socorrista en Badajoz y aquí en esta playa no había nada. Salieron a concurso nueve chiringuitos y solo se presentaron cinco o seis, algo impensable ahora».

«Estábamos en La Antilla y no había nada, se nos ocurrió en broma pero yo iba en serio»

«Estábamos en La Antilla y no había nada, se nos ocurrió en broma pero yo iba en serio» STEPHAN NAVARRO | DUEÑO DE EL CAMALEÓN

Cuenta que probó el primer año tras construir una casetilla de madera con su padre de apenas veinte metros cuadrados. El contrato se renovaba anualmente, pero en 2003 el Ayuntamiento de Lepe exigió que las concesiones fueran de cuatro años y los chiringuitos más grandes, de 150 metros cuadrados. Muchos empresarios se lo plantearon. Stephane dio un paso adelante y surgió lo que hoy es El Camaleón, uno de los seis chiringuitos que tiene La Antilla y referencia en las playas de Huelva por el ambiente surfero que ha conseguido crear este pacense.

«Barajamos el nombre de ‘La bahía extremeña’ para que fuera un reclamo. Pero al final no. El nombre viene porque antes había por la zona muchos camaleones. Los veíamos todo el día durante la obra y encima ese año se puso de moda la canción de King África ‘el Camaleón’», rememora este empresario que cada verano se traslada a La Antilla con su pareja, Sonia, su hija Lucía, que vino al mundo un 9 de agosto y por tanto nació en Huelva, y Stephane, su hijo pequeño.

Hay tostadas de cachuela

El Camaleón da trabajo a 24 personas. Abre a las 8,30 de la mañana y muchas madrugadas echa la persiana a las cuatro. Da de comer a unas 450 personas de media cada día. «Calculo que unos 200 son extremeños, por eso además de una carta habitual de playa ofrecemos desde prueba de cerdo ibérico que me traigo de Fuente de Cantos a jamón de Monesterio o torta del Casar. Tengo hasta tostadas de cachuela e incluso bacalao dorado, que aunque es portugués sé que los extremeños lo piden mucho».

Al analizar el veraneo español para Stephane la figura del chiringuito es clave. Con la Ley de Costas muchos corrieron peligro. Según los datos de este pacense, solo en Huelva hay 71, los dos últimos surgidos tras esta ley de 2014 y por tanto con la condición de que fueran desmontables.

Afirma que los chiringuitos de Huelva crean cada año 20.000 puestos de trabajo. «Ten en cuenta –defiende este pacense– que en mi caso solo el panadero que me atiende mete a dos personas más en verano para traernos el pan. Es evidente que los chiringuitos se montan para lucrarse, pero además son la única alternativa para dar un servicio en las playas, pues de otro modo no habría sombra, un baño o la posibilidad de tomarte un café», cuenta sentado en su terraza, situada en el tramo final de la playa de la Antilla, más salvaje y por tanto más tranquilo.

Más playas

«Vengo en Semana Santa y en los fines de de semana siguientes si hay algún puente también porque ya empieza a llegar gente. Después me instalo el 15 de junio hasta el 15 de septiembre y trabajamos a diario. En octubre solo los fines de semana mientras dura el buen tiempo. El invierno lo dedico a ayudar a mi padre en el taller».

En verano le acompañan sus dos hijos y su pareja, que también trabaja en El Camaleón. Cualquiera pensará que cuando llega el otoño estos pacenses están hartos de playa. «Pues no creas –responde Sonia–, a mi hija le encanta bucear, así que en octubre solemos irnos unos días a Ibiza de vacaciones».