Soy chatarra social

Soy chatarra social
ANTONIO TINOCO

No comprendo a Pedro Sánchez. Me pasa con el presidente del Gobierno lo mismo que con Pablo Iglesias, que hay cosas de ellos que no acabo de entender y me dejan descolocado. ¿Recuerdan aquella rueda de prensa de enero del 2016 después de que las elecciones del 21 de diciembre anterior dejaran un panorama parlamentario tan endiablado que semanas más tarde hubo que convocar nuevas elecciones? ¿Recuerdan que Pablo Iglesias convocó a los periodistas tras visitar al Rey para informarles de que le había propuesto un gobierno encabezado por Pedro Sánchez en el que él sería el vicepresidente y reservaba para su partido al menos el Ministerio de Economía y la Radio Televisión Pública? Ese día, oyéndolo en el telediario rodeado de sus más próximos entonces y de los que más de la mitad ya no lo son ahora, tuve la certeza de que aquella manera de hacer política que dibujaba Iglesias, y que él atribuía a la audacia que el momento necesitaba, me convertía inevitablemente en un viejo inservible. Si aquello era un indicio de cómo serían las cosas en la política española de ahí en adelante, yo era ya un ciudadano amortizado, una especie de chatarra social.

He vuelto a tener esa sensación con Pedro Sánchez a cuenta de su libro (dudo de si es correcto utilizar aquí ese adjetivo posesivo). Vaya por delante que no lo he leído salvo los capítulos previos a la venta que se publicaron en algunos diarios y algunas recensiones críticas. Con eso me basta para decidir que no lo leeré: no pierdo de vista que cuando Borges decía que estaba más orgulloso de lo que había leído que de lo que había escrito se refería en realidad a que, para sentir ese orgullo, tuvo que ser implacable con la selección de lecturas.

Pero no haber leído el libro cuya autoría Pedro Sánchez se atribuye no me impide saber que hay cosas en sus páginas que denotan que tiene una concepción de la política tan extraña para mí que, como en aquella rueda de prensa de Pablo Iglesias, me echa de la participación en la vida pública: un presidente del Gobierno que habla de conversaciones con el Rey que deberían ser privadas y sin avisarle de su publicación y que cree que para los ciudadanos es significativo saber que lo primero que hizo cuando llegó a la Moncloa fue cambiar el colchón de la cama donde dormiría en adelante es, para mí, un extraterrestre. No es que no me represente, es que no soy capaz de encontrar el modo de entenderlo, de qué forma podría aproximarme a su carpintería mental, al andamiaje que sostiene sus códigos a partir de los cuales toma decisiones que -y esto es lo inquietantemente decisivo- me afectan.

No es que Pedro Sánchez no me represente, es que no encuentro el modo de entenderlo

Que yo sienta a Pedro Sánchez como extraterrestre es también lógica consecuencia de que él me considera lo mismo a mí. Lo dijo en la presentación del libro cuando se refirió a los antiguos dirigentes de su partido (Felipe González, Guerra, Rubalcaba.) como gente que fue referente «de una sociedad que ya no existe». Recordar las cosas que hacían los nombrados y compararlas con las que hace nuestro presidente actual no me deja otra opción que sentirme entre los inexistentes. Pura chatarra ya.