«Mi cerebro es en muchos aspectos como el de un niño de 12 años»

Con su libro y con 'Los discos de Violat', diseñados por él para ayudar a intentar descifrar el códice Voynich. :: lorenzo cordero/
Con su libro y con 'Los discos de Violat', diseñados por él para ayudar a intentar descifrar el códice Voynich. :: lorenzo cordero

Francisco Violat coloca su 'Manual de supervivencia de un Asperger' entre los libros más vendidos en Amazon

Antonio J. Armero
ANTONIO J. ARMEROCáceres

48 años tenía Francisco Antonio Violat Bordonau (Puebla de Alcocer, 1963) cuando le dijeron que tenía TEA (Trastorno del Espectro Autista), un diagnóstico que le cambió la vida. Un giro que por lo que cuenta, quizás no se habría producido sin un episodio previo. «Yo trabajaba como astrofísico para la Universidad de Vigo -recuerda-, y los fines de semana atendía las visitas al observatorio astronómico de Forcarei (Pontevedra). Iba mucha gente. Al acabar una de las jornadas, se fue quedando rezagado un muchacho de unos 30-35 años. Pensé 'Este es un astrónomo y nos vamos a quedar hasta las tantas de la mañana aquí hablando'. Pero qué va. El chico me dijo: 'Oye, enhorabuena por lo bien que se te da, por lo bien que conectas con la gente pese a ser Asperger'. Yo le dije: 'No, yo no soy Asperger. Asperger es el protagonista de una novela mía (la saga 'Aventuras de un adolescente moderno') de la que os he hablado durante la visita. Y él me dijo: 'Sí lo eres'. Le pregunté que por qué creía eso. 'Porque no miras a los ojos, hablas a voces... Me dijo todos los síntomas que tenía. Me quedé pasmado y pensé 'A ver si va a ser verdad'».

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Lo siguiente, relata en un tono algo acelerado, fue comentárselo a su jefe, que le recomendó visitar a un psicólogo. Le hizo caso y pasó por la consulta de un especialista que le dejó claro que efectivamente, padecía TEA. «Ese momento fue como si me pusiera un cartel, supuso encontrar una respuesta a muchas preguntas que me había estado haciendo hasta entonces, pero ser Asperger no significa que esté loco ni que me coma a los niños crudos», apunta Violat, que va trazando el relato de su vida de forma ordenada y lo aliña a cada rato con bromas. «No estamos hablando de un trastorno que implique tomar medicación. Yo no tomo una sola pastilla. Lo único que tomo son almendras y chocolate negro si estoy muy triste», detalla el extremeño, que acaba de colocar su 'Manual de supervivencia de un Asperger' entre los cien libros más vendidos en Amazon. En concreto, el pasado jueves ocupaba el puesto 36, y el tercero en la sección de Psicología, y anteayer estaba en el 165 y el 10, respectivamente.

La obra, autoeditada y que cuesta 17,68 euros, le está suponiendo una inyección económica que según cuenta, le viene fenomenal, porque su única fuente de ingresos son los 432 euros que recibe de prestación. En los últimos cinco años, su único empleo han sido tres meses como técnico para el Instituto Nacional de Estadística, tratando datos del censo electoral. Antes trabajó en la Cámara de Comercio de Cáceres y en Reviriego, una empresa textil en esta misma ciudad, en la que vive y en la que ha pasado la mayor parte de su vida. Y en los observatorios astronómicos de La Sagra (Granada) y Forcarei, además de en el planetario del CETA-CIEMAT (Centro Extremeño de Tecnologías Avanzadas) en Trujillo.

«Intento 'adultizarme', me tengo que forzar para intentar comportarme como un adulto»

La astronomía, aparte de su campo profesional durante años, es desde niño su gran afición. Es su mundo, y queda claro al leer su perfil en Linkedin, la red social en la que los profesionales exponen sus currículos. En ella, Francisco Violat especifica que es especialista en «fotometría CCD, espectroscopia, estrellas variables (gigantes rojas, cefeidas, RR Lyrae y binarias eclipsantes), asteroides y cúmulos de galaxias». Podría añadir que es experto en el cúmulo estelar Messier 13 y también en el códice Voynich, un manuscrito del siglo XV escrito en un lenguaje hasta ahora indescifrable, y también un misterio que atrae a gente de medio mundo. Él ha llegado a elaborar 'Los discos de Violat' (posa con ellos en la foto), algo así como una posible guía para intentar traducirlo a partir de combinaciones de letras.

A él siempre le han interesado cosas fuera de lo común. De hecho, es alguien al margen de lo convencional, y así se define a sí mismo. «En muchos aspectos, mi cerebro es como el de un niño de doce años, tengo que hacer esfuerzos por portarme como un adulto», define. «He tenido que 'adultizarme'», añade luego Francisco Violat, que no ha tenido una vida fácil.

Los años en el orfanato

Cuenta que su madre murió cuando él tenía nueve años, y que su padre, como no podía hacerse cargo de todos sus hijos, le dejó a él y a uno de sus hermanos en un orfanato en Trujillo en el que pasó tres años. «No sé si el motivo sería que estábamos en los últimos años del franquismo, pero el caso es que en aquel lugar, las condiciones eran pésimas», apunta el autor extremeño, que nació en Puebla de Alcocer porque allí trabajaba en el año 1963 su padre, un empleado de Agromán que participó en la construcción del embalse de La Serena.

Antes de estudiar un máster de Astronomía y Astrofísica en la Universidad Internacional de Valencia -«un máster de los de verdad, que me costó dos años de estudios», apostilla-, Violat cursó un grado de administración en la Universidad de Salamanca, según detalla él antes de entrar en materia sobre su libro, que tiene casi quinientas páginas. En él aborda cuestiones tan cotidianas como hacer la compra, poner la lavadora, planchar, cocinar, mantener la casa limpia, visitar al dentista o hacer trámites administrativos. Todo pensando en quienes tienen su mismo trastorno neurológico. También dedica un capítulo a lo que él llama 'dependientas mamá', que son aquellas trabajadoras de comercios que con su amabilidad le han ayudado a comprarse un pantalón vaquero o a elegir los ingredientes para hacerse una ensalada, rutinas que para él eran desafíos, situaciones que nunca tuvo que afrontar mientras estuvo casado.

«A los pocos meses de que me dijeran que soy Asperger, mi familia (tiene dos hijos) se rompió. Mi mujer se fue, y eso fue terrible», rememora Francisco Violat, que tiene a uno de sus hermanos, menor que él, como tutor. «Es una tutoría suave -explica-. Nos vemos dos días por semana, tomamos un café y le explico cómo me va todo. Él me pregunta sobre aspectos concretos de mi vida y me da consejos. Siempre me dice que tenga mucha mano izquierda». Su lucha diaria es contra algunas convenciones sociales que él no tiene asimiladas. Por ejemplo: si va a la peluquería y le parece que al joven que va delante de él le están haciendo un corte que le queda mal, tiene que hacer un esfuerzo para no decírselo. Es la ingenuidad que a veces le hace ser imprudente. «No tengo filtros. Soy todo cerebro y casi nada corazón», resume Francisco Antonio Violat, que también en su intento de explicar qué le diferencia de la mayoría -de «los neurotípicos», como dice él- se cataloga como «un hombre normal con algunas rarezas no demasiado evidentes».