Los centros urbanos no quieren humo

Las principales ciudades extremeñas han ido adoptando medidas para expulsar a los vehículos de sus cascos históricos en favor de los peatones, aunque de forma desigual

La Plaza Mayor de Cáceres está cerrada al tráfico, aunque se permite el paso de los taxis. Arriba, el foro repleto de coches en la década de los 90 . /Jorge Rey
La Plaza Mayor de Cáceres está cerrada al tráfico, aunque se permite el paso de los taxis. Arriba, el foro repleto de coches en la década de los 90 . / Jorge Rey
José M. Martín
JOSÉ M. MARTÍN

Solo el 0,5% de los turismos matriculados en Extremadura podrían acceder sin restricciones al famoso Madrid Central. Este reducido porcentaje lo forman los coches que cuentan con los distintivos Eco o Cero Emisiones. Y es que del total del parque de turismos, formado por 589.861 unidades y que ha crecido en más de 45.000 en los últimos cinco años, únicamente 2.919 están en posesión de la etiqueta que certifica sus bajas emisiones.

En un futuro no muy lejano tres ciudades de la región –Mérida,Cáceres y Badajoz– deberán tener proyectos similares al de la capital de España y restringir el tráfico de vehículos contaminantes en determinadas calles. Esto se debe a que el anteproyecto de Ley de Cambio Climático, que el Gobierno aprobó el pasado 22 de febrero, prevé la creación de zonas de bajas emisiones no más lejos de 2023 en los municipios de más de 50.000 habitantes.

La todavía lejana aplicación de esta medida hace que los conductores no tengan prisa por solicitar su distintivo y el 40% de los turismos no disponen de su etiqueta, aunque es cierto que la inmensa mayoría no lograría los identificativos no contaminantes.

Serán los ayuntamientos los encargados de delimitar esa zona de bajas emisiones. Por tanto, deberán decidir si amplían los espacio peatonales que hay actualmente o habilitan calles solo para coches Eco y Cero Emisiones. De momento, las zonas sin tráfico rodado de los grandes municipios de la región son una medida interesante de la posible evolución.

Lo que es evidente es que, más allá de razones medioambientales, la peatonalización de los centros en las ciudades extremeñas responde a criterios relacionados con el mayor protagonismo de los peatones, el turismo y la protección del patrimonio, ya que en la región no existen los graves problemas de contaminación del aire que se detectan en las grandes capitales, como Madrid o Barcelona, cuyos niveles de partículas en suspensión de monóxido de carbono y de dióxido de nitrógeno han supuesto una sanción a España por parte de la Unión Europea.

Algunas calles de Badajoz de plataforma única siguen abiertas al tráfico de vehículos, aunque la prioridad es de los peatones.
Algunas calles de Badajoz de plataforma única siguen abiertas al tráfico de vehículos, aunque la prioridad es de los peatones. / Arnelas

En Badajoz, informa Natalia Reigadas, las primeras restricciones de para circular por el centro de la ciudad comenzaron hace diez años, pero la zona cerrada al paso de vehículos apenas ha crecido en esta década.

En 2009 se iniciaron las obras para instalar plataforma única en Menacho, la calle comercial y la más conocida de la capital pacense. Esta reforma eliminó los bordillos, por lo que las aceras y la calzada van a la misma altura. En ocasiones este cambio va acompañado de restricciones de tráfico, pero no siempre. En otros casos hay plataforma única, pero los coches siguen circulando con normalidad.

Entre 2009 y 2012 se crearon dos ejes de plataforma única. Uno va desde Menacho por Francisco Pizarro, la Plaza de la Soledad y San Pedro de Alcántara hasta la Alcazaba, y el segundo desde Minayo, que pasó de ser una plaza con tráfico a estar cerrada al paso de vehículos.

Sin embargo, no todas las calles se cerraron al tráfico. Solo se restringió el paso de vehículos en Menacho, Francisco Pizarro y la Soledad. A esta área solo pueden acceder los residentes pidiendo permiso. Hay cámaras con lectores de matrícula. A pesar de que la prohibición lleva casi diez años en marcha, hay muchos infractores. La memoria de la Policía Local de Badajoz revela que en 2018 impusieron 3.168 multas por este motivo, es decir, cada día ocho coches se cuelan por la zona cerrada.

Badajoz, Cáceres y Mérida, al tener más de 50.000 habitantes, deberán crear zonas de bajas emisiones antes de 2023 según marca la Ley de Cambio Climático

En Cáceres, la calle San Pedro de Alcántara lleva sin coches cuatro años. ::
En Cáceres, la calle San Pedro de Alcántara lleva sin coches cuatro años. :: / J. Rey

En 2012 también se cerró la Plaza Alta al tráfico. Se colocaron pivotes en los arcos y solo se abre para descargar en eventos puntuales. Desde entonces se ha instalado plataforma única en otros puntos de la ciudad, pero no se han producido nuevas restricciones de tráfico.

La peatonalización llegó con polémica a Badajoz. Los comerciantes de Menacho desconfiaron de la medida y temieron que bajasen las ventas. Recordaban que San Juan, la antigua calle comercial en pleno Casco Antiguo, decayó cuando los coches dejaron de subir a la zona monumental. Sin embargo, en pocos meses variaron su postura y aplaudieron la medida.

En estos momentos se está instalando la plataforma única en San Andrés y los residentes de la zona han pedido insistentemente que el Ayuntamiento aproveche para limitar el paso de coches. Pretenden con esta medida que sea una zona más tranquila y segura para los peatones y también dificultar la venta de drogas que se da en esta área.

El objetivo de la Ley de Cambio Climático es reducir el movimiento de coches en las zonas más transitadas del centro. La Policía Local realizó un estudio que reveló que el cruce entre Ronda del Pilar y la avenida de Europa, la plaza Dragones de Hernán Cortés, es el punto con más tráfico de la zona centro. Pasan unos 21.000 vehículos al día.

El Día sin Coches, que se celebra anualmente en Badajoz, también puede ser una referencia para diseñar la futura zona de bajas emisiones. Esa jornada se prohibe la circulación en la calle Prim, Juan Carlos I, Minayo, Dragones de Hernán Cortés y en todo el Casco Antiguo.

Monumentos

Las cámaras de vigilancia han sustituido a las pilonas para limitar el paso de vehículos

En Cáceres, como cuenta Cristina Núñez, es un problema antiguo el de controlar a los coches que acceden hasta la zona monumental de la ciudad, a la que muchos recuerdan plagada de automóviles, en tiempos de menor mimo hacia la riqueza arquitectónica de las ciudades. El primer sistema de pivotes se puso en marcha en 2003, pero no consiguió la efectividad deseada y en 2016 se inauguró un sistema de cámaras para controlar estos accesos y evitar que los no residentes accedieran al corazón de la ciudad.

Las multas por acceder al recinto monumental ascienden a 80 euros y durante el primer año se denunció a 14.000 conductores, lo que da una media de 38 sanciones diarias. Alrededor de 1.300 residentes cuentan con autorizaciones, además de las 1.500 concedidas a servicios de reparto, 390 de servicios públicos, 159 de mantenimiento y 430 de instituciones.

Desde la imagen de una Plaza Mayor hace 20 años atestada de coches aparcados hasta verla convertida en un lugar de esparcimiento ha habido un cambio de mentalidad acorde con lo que sucede en el resto de España y de Europa.

Las obras de plataforma única fueron una de las primeras medidas adoptadas en la región

Supuso un hito la peatonalización de San Pedro de Alcántara, que ya lleva cuatro años siendo un lugar sin automóviles. Más que al comercio, este proceso ha beneficiado a la hostelería, ya que se han instalado grandes terrazas en la ancha superficie de esta vía en la que solamente hay dos bancos para sentarse.

Otro de los proyectos que se esperan es la peatonalización de las conocidas como calles de los Obispos, una céntrica zona cacereña cargada de opciones gastronómicas. Las obras cambiarán la cara de esta vía, que ya se cierra durante los fines de semana para dar más aire a la actividad de ocio. Sigue en proyecto, también en esta zona del centro moderno, la peatonalización de la calle Gómez Becerra, un área comercial en la que se han hecho varias experiencias para eliminar los coches durante los viernes y los sábados para ver cómo funciona, sin llegar a acometer obras. Este ensayo ha sido acogido con variedad de opiniones por comerciantes y vecinos, sin consenso sobre el beneficio de la medida.

En Mérida se instalaron cámaras para controlar el acceso, pero no funcionan.
En Mérida se instalaron cámaras para controlar el acceso, pero no funcionan. / J. M Romero

El proceso de peatonalización va aparejado a la pérdida de plazas de aparcamiento. El parking de Primo de Rivera, que se inauguró en 2016, surgió para compensar esa reducción. Las críticas por eliminar aparcamientos libres y aumentar la zona azul, algo que ha pasado también en Cáceres, arrecian cuando se toman estas medidas.

Más cerca del casco histórico plazas como las de la Concepción o San Juan también se han transformado (ésta última más recientemente) para dar holgura al peatón, aunque siempre con el enfoque claro de llenar de terrazas espacios que no parecen concebidos para otra actividad que no sea comer o beber al fresco. Colectivos para discapacitados ponen el foco en la sobreabundancia de veladores, a los que llaman 'camalote urbano'.

Se avanza algo en el uso de las bicicletas como alternativa al coche, son cada vez más los que se ponen a dos ruedas para ir al trabajo o sus quehaceres. Son escasos aún los carriles bici, que pueden encontrarse en la Ronda Norte y el carril hacia el ferial. El próximo proyecto que dará brío a las bicis será el del Parque del Príncipe, en cuya obra se contemplan cuatro kilómetros para su circulación. El proyecto de las bicicletas de alquiler, que se puso en marcha en 2010 duró solo dos años y no tuvo éxito entre los usuarios. Tampoco ha funcionado una iniciativa privada de vehículos eléctricos.

La primera

En Mérida, según informa Juan Soriano, la peatonalización de calles del casco histórico supuso en la década de los 90 del pasado siglo un cambio radical en la ordenación del tráfico y la utilización de la vía pública. El objetivo era contar con una ciudad más amable para el turista y para el peatón, lo que se logró con el cierre a la circulación de parte de la plaza de España, la plaza del Teatro Romano, el acceso al Parador de Turismo y la Puerta de la Villa, entre otras.

En otros casos, se permite la presencia de vehículos, pero solo para acceder a viviendas y garajes, como sucede en las inmediaciones de la Asamblea de Extremadura y en las vías que comunican las calles Valverde Lillo y Almendralejo, que tradicionalmente han estado abiertas al tráfico.

Esta medida se vio acompañada por la semipeatonalización de otras calles, que pasaron a contar con plataforma única. Permanecían abiertas al tráfico, pero se obligó a reducir la velocidad. Además, la creación de zonas peatonales en los principales puntos del centro hizo que la circulación se derivara a otros itinerarios, disminuyendo la presencia de vehículos. Así ocurrió en calles como Sagasta, Trajano y Graciano.

El tiempo evidenció que se necesitaban medidas para evitar el acceso de coches a estas zonas. El Consistorio impuso primero unas tarjetas identificativas que, en función de la zona, permitían el paso a residentes y profesionales. El siguiente paso, a principios de 2011, fue la colocación de cámaras en puntos de entrada que multaban a las matrículas no autorizadas. Estos dispositivos llevan sin funcionar al menos desde 2016 y la intención es que se pongan de nuevo en marcha.

La implantación de la zona azul en 2013 supuso un paso más. Aunque esta medida no implica control del tráfico, tiene un efecto disuasorio para la circulación por determinada vías donde aparcar cuesta dinero, lo que ha dejado imágenes de céntricas calles vacías de coches.

La calle del Sol de Plasencia es la vía comercial de la ciudad y desemboca en la Plaza Mayor.
La calle del Sol de Plasencia es la vía comercial de la ciudad y desemboca en la Plaza Mayor. / Andy Solé

Fuera de la Ley

Plasencia no llega a los 50.000 habitantes y, por tanto, no se verá afectada por las obligaciones que marca la Ley de CambioClimático. Pese a ello, la ciudad tiene una de las zonas peatonales más amplias de la región, que se diseñó con la intención de hacer más amable para los peatones el casco antiguo y sus monumentos.

Sus inicios se remontan más de diez años. La opción de eliminar paulatinamente el tráfico estuvo motivada por la idea de oficializar la candidatura de la ciudad a patrimonio de la Unesco, algo que se hizo pero no se consiguió. En la actualidad, el tráfico de vehículos está prohibido en la Plaza Mayor y las calles que desembocan en ella.

El 40% de los turismos no disponen de etiqueta que identifica sus emisiones

Una de las primeras acciones que se realizaron intramuros para dotar de una identidad conjunta a este espacio fue el Centro Comercial Abierto. Las isletas de metal, que eran interactivas y permitían la conexión a internet de los paseantes, comenzaron a funcionar en 2009, pero a finales de 2011 ya no quedaba ninguna y bastante tiempo antes habían dejado de funcionar. Sí duraron más las pilonas que impedían el acceso a los vehículos por determinadas calles y que se instalaron en 2006.

Sin embargo, durante mucho tiempo fueron un coladero. Hubo, incluso, que duplicar algunas porque los coches pasaban entre el pivote y la pared. Con el paso del tiempo fueron evolucionando y se dotaron de sensores magnéticos para permitir el acceso a los vecinos y trabajadores de empresas de transporte. Finalmente, las pilonas se cambiaron por cámaras, que funcionan desde el 10 de septiembre de 2014.

La reducción de plazas de aparcamiento es un problema para los municipios

Estas tampoco han sido todo lo efectivas que se pensó en un primer momento. En la actualidad, el Ayuntamiento de Plasencia confirma que vuelven a estar en funcionamiento después de varios meses en los que se desactivó la conexión con la Policía Local, por lo que estuvieron inutilizadas.

El acceso de vehículos al centro de la ciudad se permite para residente y repartidores y las multas son de hasta 80 euros.

Al igual que Madrid Central, la zona peatonal de Plasencia tiene sus críticos. Los más duros son los comerciantes del centro, que a través de su asociación siempre se han mostrado disconformes con la prohibición del tráfico intramuros, ya que entienden que los límites peatonales son excesivos para el tamaño de la población. Recientemente han solicitado la apertura de la plaza las 24 horas. También los residentes, que forman la asociación Intramuros, entienden que se debería permitir el tráfico.

Igualmente, comerciantes y residentes piden la vuelta de la zona azul, que se eliminó en diciembre de 2014, para que haya más rotación de coches en los pocos lugares de estacionamiento que existen en el casco antiguo. «Las cosas no se hicieron bien, primero se cerró el centro y luego se empezaron a hacer aparcamientos», reconocen desde el Ayuntamiento placentino, a la vez que añaden que a mediados de 2020 habrá 500 plazas más de aparcamiento en los alrededores de la zona monumental y que no hay previstas más peatonalizaciones en la ciudad ni volver a establecer la zona azul.