El centro temporal de acogida de Mérida recibe a 268 migrantes en dos semanas

Un maliense y dos guineanos este viernes en la avenida del Río, cuando se dirigían al centro de Mérida. ::/BRÍGIDO
Un maliense y dos guineanos este viernes en la avenida del Río, cuando se dirigían al centro de Mérida. :: / BRÍGIDO

Su estancia media en Mérida es de tres a cinco días antes de emprender la marcha, en su inmensa mayoría, hacia otros países europeos

Celestino J. Vinagre
CELESTINO J. VINAGRE

A orillas del río Guadiana, una instalación del Ayuntamiento de Mérida ideada para el ocio juvenil, escenario de innumerables conciertos, se ha reinventado como muestra más evidente de la solidaridad de Extremadura ante una emergencia humanitaria. Parte de los migrantes que desembarcan en España por las costas andaluzas son derivados al centro temporal de acogida habilitado en el albergue El Prado, a unos cuatro kilómetros del centro de la capital extremeña. Desde el 27 de julio, el albergue ha recibido a 268 personas, 16 de ellos menores, procedentes de trece países diferentes. Lo seguirá haciendo al menos hasta finales de septiembre, aunque no se ha decidido aún hasta cuando seguirá funcionando.

El centro lo gestiona Cruz Roja a través de casi un centenar de voluntarios y profesionales propios para poner en pie una labor titánica. «Lo hacemos preservando la dignidad y la intimidad de las personas que están en el centro. Un trabajo de 24 horas prácticamente», resalta Víctor Domínguez, responsable de Emergencias de Cruz Roja Extremadura.

El número de voluntarios y técnicos se refuerza en los momentos de recepción de migrantes en diversas áreas como el trabajo social, la psicología, la traducción o la logística. El Ayuntamiento de Mérida, la Junta de Extremadura y la Delegación del Gobierno colaboran en el funcionamiento de esta instalación de acogida de ida y vuelta.

Llenos de expectativas

Los migrantes llegan repletos de expectativas pero también de felicidad porque piensan que lo que les espera en Europa es mucho mejor de lo que tienen en Senegal, Mali, Guinea, Sierra Leona o Costa de Marfil. Extremadura no es el destino final de su larguísimo viaje sino simplemente un paso intermedio para buscarse la vida, normalmente en otro país europeo porque la evidencia es que muy pocos se quedan en España.

Llegan a Mérida, al oficialmente llamado Centro de Acogida, Emergencia y Derivación de El Prado, para buscar e intentar localizar a familiares y amigos que tienen en España o, sobre todo, en otros países del continente. Se van a los pocos días y la estancia media en suelo extremeño oscila entre los tres y los cinco días.

El 27 de julio, en autobuses, aparecieron los primeros. Fueron 120, tres de ellos menores. «Tenemos un protocolo de trabajo muy claro», resume José Aurelio González, coordinador autonómico de Cruz Roja.

La institución estudia la situación de cada una de las personas. Se le hace una ficha de filiación, para saber de sus familiares, se someten a reconocimientos médicos y comparten también tareas de ocio y limpieza del centro.

Las claves

Filiación y análisis médicos.
Los migrantes que llegan a Mérida son atendidos en primer lugar por el servicio de acogida, encargado de realizar la filiación, proceso que incluye la evaluación sanitaria. Hasta ahora han llegado de trece países diferentes.
Proceso.
Tras las primeras 24 horas en las instalaciones se inicia la tarea para facilitar la integración, protección y autonomía de los acogidos. Se les busca contacto familiar y asesoramiento legal.
Permanencia media.
La estancia en la capital de Extremadura oscila entre 3 y 5 días. Las personas tienen libertad para salir del albergue El Prado.

Los migrantes mayores de edad son libres para salir del albergue y de hecho salen y se acercan al centro de Mérida en grupos reducidos, mayoritariamente de hombres. De hecho, de los 268 que han pasado por el centro desde hace dos semanas, 160 han sido varones.

Los migrantes que han dejado África para llegar a la Península llegan con una hoja de ruta clara. No han abandonado sus países y se han lanzado a la aventura sin más. «Tienen familiares o amigos en Europa. Y lo primero que hay que hacer es lograr contactar con ellos», resume González. Lo que persiguen, enfatiza, es llegar a países como Francia, Bélgica o Alemania. Pocos son los que quieren quedarse en España.

Motivaciones

«La mayoría de los que han venido lo hacen saliendo de zonas de conflictos bélicos. Otros tantos lo hacen por cuestiones económicas, esto es, por salir de zonas con peores niveles de vida y llegar a Europa donde, en una gran parte de los casos, tiene a familiares o amigos asentados desde hace años», explica Víctor Domínguez. «Son personas como nosotros, no son terroristas ni traen enfermedades que vayan a provocar una epidemia», finaliza.

Víctor Domínguez, de Cruz Roja, en las puertas del albergue. ::
Víctor Domínguez, de Cruz Roja, en las puertas del albergue. :: / BRÍGIDO

Los migrantes que están temporalmente en Mérida suelen dirigirse a Madrid o Barcelona como nuevos destinos de paso. En menor medida han ido a Sevilla, Málaga, Huelva, Almería o La Coruña.

La capacidad máxima de alojamiento del centro emeritense es de 190 personas, aunque ahora mismo está habilitado para el máximo de plazas, 150, previstas en un inicio. «Hay mucho trasiego de personas», subraya José Aurelio González.

El martes, por ejemplo, acogió a 56 nuevos migrantes procedentes de Cádiz, al tiempo que se preparaba la marcha de otros 28. Y el miércoles llegaron 19 procedentes del puerto granadino de Motril, todos mayores de edad. Voluntarios y técnicos de Cruz Roja realizan gestiones para agilizar la salida de una veintena de ciudadanos.

 

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