Causas y culpas

Causas y culpas
BEATRIZ MUÑOZ GONZÁLEZ

El curso pasado, en una de mis clases, les pregunté a mis estudiantes cuál les parecía que era la causa de un hecho que acababa de describir. Rápidamente uno de ellos dijo en voz alta: «la culpa es de los padres». Yo, que soy muy de quedarme blanca, me quedé blanca. No era la primera vez que los alumnos buscaban culpables en lugar de causas, pero ese «la culpa es de los padres» me sonó demasiado bronco; digamos que inquisitorial, penal. No sé, cualquier cosa menos sociológico o científico. Esa vez cogí el toro por los cuernos y dije: «estamos en clase de sociología y no en la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional ni en la puerta del confesionario haciendo un acto de constricción». Añadí «la culpa es propia del derecho o la religión, la sociología y la ciencia en general buscan causas, no culpables».

La anécdota no acabo ahí. Al día siguiente entré en el aula con una flamante diapositiva elaborada para esa sesión. Les dije que yo no era la causa de su confusión puesto que causa es todo aquello que facilita o influye en cómo y cuándo ocurre algo y yo no había tenido que ver en ello. También les dije que no se sintieran culpables pues la persona culpable es aquella que siendo consciente y libre y conociendo las consecuencias de sus actos, decide actuar de una manera contraria a la norma y que allí, por tanto, la culpa no pintaba nada. A última hora me animé y decidí hablarles de la responsabilidad, esa capacidad de dar una respuesta para cambiar algo que sucede o puede suceder porque yo me sentía responsable de aclarar los conceptos.

Lo cierto es que esta confusión está bastante más extendida de lo que parece. Hace dos noches me topé con una noticia en un medio digital cuyo titular era «Un estudio culpa a las madres trabajadoras de la obesidad infantil». Al leerla comprobé que la culpa no aparecía por ninguna parte, pero sí las causas y que el trabajo concluía que la carga de cuidado sigue recayendo sobre las madres y que los programas destinados a la promoción de hábitos saludables deberían enfocarse tanto a madres como a padres. Me fui a la cama tranquila al saber que la investigación se había realizado en una Universidad británica y no por encargo del Arzobispo Cañizares o alguno de sus amigos de los de la «ideología de género». No había culpables y las madres trabajadoras estaban a salvo.

¿Se imaginan si, como con frecuencia hacemos, leemos el titular y no la noticia y reaccionamos airados en las redes sociales criticando una investigación que «criminaliza» a las madres? No sé si el periódico incurrió en algún tipo de falta y por tanto no hablaré de culpa, pero sí sé que hubiera sido el causante (junto con quienes no leen las noticias y se quedan solo en el titular y corren a teclear un tweet) del malentendido y la probable bronca desatada en redes, También sé que el medio tenía la responsabilidad de dar noticias veraces y quizá rectificar. Sé también que echo de menos más filosofía y más ética.