Un castillo en ruina como atractivo

La región tiene casi cuatrocientas construcciones defensivas en desigual estado de conservación

Castillo de Belvís de Monroy, situado en pleno casco urbano. /HOY
Castillo de Belvís de Monroy, situado en pleno casco urbano. / HOY
J. López-Lago
J. LÓPEZ-LAGO

El pasado Sábado Santo visitantes que eligieron Extremadura aparcaban en el pueblo cacereño de Gata, se colocaban su atuendo de senderista y enfilaban sus pasos hacia la Almenara, una ruta en cuesta de más de dos horas que acaba en un viejo torreón de vigilancia hecho con piedras que regala vistas estremecedoras de la zona. La construcción está semiderruida, pero las indicaciones al principio del pueblo, los paneles explicativos al final de la ruta y una fuente a pocos metros facilitan la experiencia. A la bajada, los mismos caminantes atestaban los bares de la plaza del pueblo, donde bebían para reponerse del esfuerzo.

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Con la última inversión que ha recibido el Castillo de Herrera del Duque esta construcción se ha convertido en visitable, por lo que Extremadura cuenta desde este año con una excusa más para adentrarse literalmente en su patrimonio, entender su pasado con otra perspectiva y de paso dar un empujoncito a la economía local.

Se trata de un castillo cristiano medieval palaciego de planta diagonal. En este caso los trabajos han consistido, a grandes rasgos, en una actuación sobre su torre del homenaje y otras estancias ruinosas, la segunda obra de mejora desde que en 2009 pasara a manos municipales tras comprárselo a un particular que lo adquirió anteriormente en una subasta del Estado. Antes de esta última obra, que se inauguró con un vistoso concierto del grupo Acetre, en el año 2012 ya se adecuaron los accesos para que los vehículos llegaran hasta el mirador natural que precede al castillo.

Calle Corredera de Alconchel con su castillo al fondo en lo alto.

Según el alcalde de Herrera del Duque, Saturnino Alcázar, el castillo estaba abocado a convertirse en ruina, y entre las dos opciones que tenía el municipio, darle la espalda o apostar por él optaron por lo segundo. Sumando las dos últimas inversiones el castillo se ha llevado en torno a 165.000 euros hasta hacerlo seguro y visitable hace ahora diez años. «Esta segunda intervención ha sido un impacto total porque esta Semana Santa han pasado por él miles de personas».

En la frontera

Pero el de Herrera del Duque es solo uno más de los cientos de castillos que tiene una región que al quedar dividida por el Tajo y el Guadiana contó durante siglos con límites naturales que debían ser vigilados. Otra hilera de fortificaciones, ya más recientes, se extendieron a lo largo de la frontera con Portugal, lo que constituye una dispersa red de fortalezas extremeñas que no es fácil de mantener. Esto se debe tanto al estado de unas construcciones por las que han pasado siglos como por su inaccesibilidad en muchos casos, lo cual obedece a cuestiones de estrategia defensiva.

Si en el año 2014 la Asociación Española de Amigos de los Castillos cifraba en 332 las construcciones defensivas inventariadas en la región, en la actualidad, cinco años después, la cifra ha subido a 383. Puede resultar extraño, pero según explica Pablo Schnell, de la junta directiva de la asociación mencionada, «un inventario de patrimonio rara vez se puede dar por terminado y en nuestro caso al tenerlo abierto al público por Internet los colaboradores siguen aportando información, la cual recabamos principalmente por dos vías, por Internet y a través de socios».

Arturo Molina es uno de los socios extremeños más activos de la Asociación Española de Amigos de los Castillos. En su opinión, «el estado de los castillos extremeños no está tan mal como nos pudiera parecer, salvando excepciones».

Herrera del Duque ha sido la última población en invertir en su castillo y su alcalde afirma que en Semana Santa se dispararon las visitas

Según ha ido observando en los últimos cinco años, serían destacables las intervenciones en castillos o murallas como las de la Alcazaba de Badajoz, el mencionado castillo de Herrera del Duque, el de Medellín, el de Puebla de Alcocer, el de Capilla, el torreón de Puebla del Maestre, los castillos de Villagarcía de la Torre, Magacela, Portezuelo, Zalamea de la Serena o Valencia del Ventoso y la muralla de Jerez de los Caballeros. Además, prosigue Molina, en este 2019 se están realizando trabajos urgentes debido a su mal estado y para mejorar las condiciones de visitas en los castillos de Reina, Montánchez, Benquerencia de la Serena y Portezuelo.

Hay que saber no obstante que la amplia definición de castillo explica unas cifras que pueden sonar exageradas con 383 referencias en la región. Así, en 2012, el Plan Nacional de Arquitectura Defensiva amplió el concepto de 'castillo' a toda aquella construcción que incluyera elementos defensivos, sin importar la época. Eso implicó añadir a la lista desde castros prehistóricos a fortificaciones que datan de la Guerra Civil o incluso masías, lo que disparó el número en el caso de Cataluña.

Lo que más, del medievo

Aquí en Extremadura lo que más abunda es la época medieval. Sin embargo, igual o más importante que el número es el estado de conservación, una clasificación de la que también se ocupa la Asociación Española de Amigos de los Castillos. Sus especialistas adjudican en función de su conservación un estado u otro. Los epígrafes van desde 'muy bueno' en un extremo a 'desaparecido' en el otro, pasando por 'ruina consolidada', 'ruina progresiva'... 'recinto que conserva algunos elementos' o 'vestigios'. En total, hay doce categorías en función de su estado.

Muchas construcciones apenas se sostienen pero atraen visitantes debido a las vistas que ofrecen

En Extremadura hay que decir que, en base a esta fuente, en los últimos cinco años han surgido diez nuevas construcciones que han subido a la categoría de 'muy buen estado', una buena noticia, si bien la mayoría de estas mejoras se han dado en entornos urbanos. Se trata del hornabeque del Puente de Palmas y el fuerte de San Cristóbal, ambos en Badajoz capital y el castillo de Olivenza. En la provincia de Cáceres aparecen la Torre de Sande, el Palacio del Trujillo que alberga los juzgados, el campanario de la Catedral de Santa María, el Palacio Episcopal y el Palacio de Mirabel, estos tres últimos en Plasencia, y en Cáceres capital la Torre de las Pozas y la Casa fuerte de Las Veletas.

En el lado opuesto aparecen vestigios o construcciones desaparecidas de las que solo se conservan mapas de la época. Como ruina progresiva aparecen en la provincia de Cáceres 50 referencias y 55 en la de Badajoz.

No hay inventario oficial

Las actualizaciones llegan a ráfagas pues no hay un protocolo estricto. Schnell, de la asociación española de Amigos de los Castillos, pone como ejemplo que cada vez que acude un congreso incorpora las novedades en rehabilitación que se han expuesto.

En realidad, la lista anterior no es más que un inventario oficioso sobre este tipo de construcciones, ya que de manera oficial no existen datos ordenados científicamente.

José Carlos Salcedo es arquitecto especialista en estructuras históricas. Además, pertenece al Grupo de Investigación de Construcciones Arquitectónicas (GICA) de la Universidad de Extremadura. Este equipo propuso en 2012 a la Junta de Extremadura hacer un inventario de la arquitectura defensiva de la región, pero no obtuvo respuesta. «Aquel inventario se haría no solo desde el punto de vista histórico-artístico sino también de conservación», explica. Sin embargo, apenas se sentaron las bases para su elaboración y el trabajo no se ha concluido.

El Castillo de San Martín de Tevejo apenas se sostiene, pero es uno de los principales reclamos de la Sierra de Gata.

Según explica, «en los inventarios oficiales existen imprecisiones en la geolocalización de elementos y se detecta falta de información, porque mientras hay profusión de datos históricos, se constata una carencia generalizada de información gráfica. La estrecha relación existente entre la arquitectura defensiva y el patrimonio natural en el que se enclavan, aconseja la revisión de los planteamientos metodológicos puesto que castillos y fortificaciones forman parte indisoluble del paisaje histórico, especialmente en extensas áreas territoriales, como Castilla, o Extremadura».

Por otro lado, prosigue Salcedo, su equipo afinó el concepto de castillo excluyendo elementos prehistóricos o del siglo XX. Sí recogen tanto las construcciones romanas como medievales, ya fueran cristianas o musulmanas. Además, incluyeron aquellas modernas como son las fortificaciones abaluartadas, las cuales abundan en la zona fronteriza de La Raya, una lista que Salcedo conoce bien porque la Unesco le encargó un trabajo sobre estas estructuras defensivas.

«Siempre hay un dueño»

La otra referencia para este inventario sería el coleccionable 'Castillos y Fortificaciones de Extremadura' que precisamente publicó por entregas el diario HOY, un trabajo que fue coordinado por Antonio Navareño, profesor de Historia del Arte en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Extremadura y considerado el mayor experto de la región en esta materia.

En general, José Carlos Salcedo opina que ningún castillo debería entrar en ruina progresiva. «Algunos que están abandonados es porque están totalmente aislados, pero siempre hay un dueño porque se encuentran en una parcela con referencia catastral. Por otro lado, la Administración tiene la obligación de evitar la ruina y que ésta progrese, pero aquí se ha invertido demasiado en palacios de congresos», critica este profesor de la UEx.

Castillo de Herrera del Duque durante una actuación tras su última rehabilitación.
Castillo de Herrera del Duque durante una actuación tras su última rehabilitación. / Toni Semuan

Aún así, este especialista sabe que estos bienes consumen mucho dinero. Sin embargo, aclara que lo que se necesita no es reconstruir, como a veces sugieren algunos alcaldes. «La mayoría de las veces basta con limpiarlo, echar una capa de mortero en la zona superior para que el agua no se filtre y hacer una pequeña obra para que la gente llegue hasta el lugar, y eso no suele ser mucho dinero. Incluso muchas veces es suficiente con iluminarlo y un ejemplo es Cáceres, cuyo centro histórico ha pegado un cambiazo espectacular solamente con la iluminación».

De la misma opinión es Arturo Molina. «Independientemente de los recursos económicos necesarios para la conservación, otro punto importante que habría que incrementar es la promoción y difusión de los castillos extremeños, algo que hoy día resulta muy sencillo y consigue gran repercusión con el uso de las redes sociales, la realidad aumentada, códigos QR en cartelería, etc. Incluso un castillo en ruinas, bien promocionado, puede ser fuente de atractivo turístico, tal como se hace en otras regiones os países cercanos, donde se crean rutas temáticas que generan beneficios mediante entradas, recuerdos, alojamientos o comidas en las zonas donde se asientan».

Expertos dicen que no hace falta una reconstrucción total, a veces basta mejorar el acceso e iluminarlos

Como Feria (Badajoz) o Montánchez (Cáceres), por citar algunos ejemplos, otra localidad conocida por su castillo es Alconchel, en la provincia pacense, todos ellos señas de identidad en sus respectiva comarcas. Su alcalde, Óscar Díaz, ya declaró en estas páginas que los castillos son muy caros de mantener y hay que apostar por ellos. Díaz es arqueólogo y si bien el castillo de su pueblo data del siglo XII la primera rehabilitación se produjo en 1984 para evitar que se cayera. Después ha habido más actuaciones y hoy día es la seña de identidad de esta población de 1.900 habitantes.