Casado: «Conmigo la alta velocidad ferroviaria llegará a Extremadura»

Casado en el acto en Mérida. / J. M. Romero

Monago se compromete a crear una consejería contra la despoblación si vuelve a gobernar la Junta de Extremadura

Antonio Gilgado
ANTONIO GILGADOBadajoz

A las doce y veintisiete Pablo Casado cruzó la arcada del Acueducto de los Milagros de Mérida. Paso lento para entrada triunfal. El himno de su partido a piano que sonaba desde hacía una hora se transforma en una versión más acelerada, con tambores de fondo. Percusión para levantar el ánimo. Los quinientos oyentes que le esperan agitan las banderas de España y Extremadura mientras recorre los trescientos metros junto al Albarregas.

Aplausos, gritos de presidente y mucho selfie hasta el estrado. Paseillo con cuadrilla de lujo. El expresidente Monago a un lado y el alcalde Fragoso al otro. Diputados como Hernández Carrón o Juan Parejo en la retaguardia y al esprint Juan José Cortés. El fichaje del PP por Huelva entró a tiempo para abrazar a su líder a la vista de todos bajo Los Milagros.

Con su encuentro se apagan los tambores y el público toma asiento. Pilar Nogales es la primera en subir y coger el micrófono. La candidata del PP a la alcaldía Mérida ejerce de anfitriona y debuta como mitinera. Habla nerviosa. Y lo reconoce.

Cae en el tópico del marco incomparable para recibir al futuro presidente y dice que da el paso al frente porque es madre y le preocupa el futuro. Pide el Museo Visigodo para la ciudad y agradece a Monago el Estatuto de Capitalidad. Deja un mensaje para Vox. «A los que no quieren las autonomías que se pregunten que sería de Mérida sin ella».

Le toma el relevo a Laureno León, presidente provincial del PP en Cáceres. Discurso formal. Previsible. Casado, dijo, recorre España para conocer los problemas de la gente. El mitin cambia de tono con Fragoso, presidente provincial del PP en Badajoz y candidato a la alcaldía pacense. No habla. Se desgañita. Sube las revoluciones y se multiplican los aplausos. Goya al mejor mitinero del día por unanimidad. Frases cortas y emotivas. «¡Pablo te queremos!», «¡José Antonio te necesitamos!». Arenga como un general romano ante sus legiones. Apela al orgullo que sienten los militantes el PP. Saca el veneno contra los socialistas. «La corrupción en Extremadura se llama PSOE. Los alcaldes y dirigentes públicos condenados en Extremadura son los del PSOE. Tenemos que sentirnos orgulloso de ser gente honrada que en cuarenta años no ha dado ningún caso de corrupción en Extremadura». Apeló al sentimiento de partido y de familia ante más de quinientas butacas, pobladas en su mayor parte, por concejales y candidatos en los pueblos.

Tras el chute de autoestima de Fragoso sube Monago. Le gusta ejercer de monologuista. Surrealismo al sol del mediodía. Cuenta la historia de un pulpo que se esconde bajo los cocos. Moraleja para desenmascarar a los que no van de frente.

Agradece que la Junta no le haya cobrado a los romanos el impuesto de sucesiones por el acueducto que nos dejaron. Habla de la despoblación y se pone serio. Pronto no habrá despedidas de solteros en los pueblos. Tomará medidas cuando vuelva al timón. «No se puede freír a papeles a quien quiere restaurar su casa en el pueblo».

También anunció una consejería contra la despoblación. Habló de valentía. Es la hora de defender las cosas sin complejos. Como Camela. Es el segundo grupo con más ventas en las tres últimas décadas. Pero muchos reniegan de su música. Monago no. Le gusta Camela. Y lo dice alto y claro. No hay que dejarse llevar por la moda indie pija. Camela triunfa en las ferias de los pueblos porque en los pueblos la gente no tiene complejos. Aquí no tenemos complejos. Sentencia para levantar al público. Antes de tomar la palabra, Casado le confiesa su asombro: «José, eres un fenómeno. Te voy a llevar conmigo de bolos por España». El aspirante a la Moncloa cierra el cartel. Discurso largo. Atiborrado. Intenta hilar temas nacionales con preocupaciones domésticas. Habla del legado de Suárez y se presenta como alguien que conoce de cerca la despoblación y el campo.

En Ávila, su circunscripción de cuna, abundan las aldeas sin gente y a sus compañeros de partido les pilla muchas veces ordeñando o arando. Loyola de Palacio, Cañete o Tejerina. Con ellos la PAC estaba a salvo. Ahora no. Hay que defenderla y no está en las mejores manos. En su agenda como gobernante tiene sitio para la fibra óptica en los pueblos y los trenes. «La alta velocidad a Extremadura llegará conmigo de presidente».

Después habló de lo de siempre. Sánchez se vende a los radicales. A los independentistas. A Torra. A Otegi. Remató con la prisión permanente. «Conmigo no se toca». Alabó la tarea de Juan José Cortés y Juan Carlos Quer por sus tres millones de firmas recogidas para mantenerla. Es el legado de Mari Luz, de Diana Quer o de Marta del Castillo. Fin de discurso. Vuelven las banderas al viento y los móviles al cielo para las fotos. En pocos segundos el minúsculo estrado rebosa. Todos quieren su selfie con el candidato, que acaba enterrado entre una nube móviles. Lo cogen del brazo. Del cuello. Le aprietan de los mofletes para besarle. El aspirante no pierde la sonrisa. Afables con la audiencia. Apenas puede moverse. Doscientos metros hasta el coche y más de veinte minutos para llegar. Empatía con todos. Con el afiliado de Trasierra que le golpea la espalda como lo hacen los suegros al yerno que se estrena en Nochebuena y con la vecina de San Juan que le junta las dos manos y lo despide como a un nieto que se va a la mili.

A las dos y cuarenta y dos se sube por fin al asiento delantero del coche. Atrás le hace sitio a Monago. Le esperan en Badajoz para comer y en Cáceres para un paseo por el centro de la ciudad, donde sigue regalando saludos sin fin.