La capital del langostino

Bandeja de langostinos de Madagascar a la plancha, en Casa Laura, el pasado sábado. :: E. R./
Bandeja de langostinos de Madagascar a la plancha, en Casa Laura, el pasado sábado. :: E. R.

Los portugueses vienen a Valverde del Fresno a comer 'camarãos'

J. R. ALONSO DE LA TORRECÁCERES.

El último contrabandista muerto por un carabinero celoso, los burros que huían al ver a un guardia, el contrabandista que pasaba bicicletas... Mitos de la Raya, de un espacio mitopoiético donde se repiten las mismas leyendas y costumbres a lo largo de la frontera. Entre esas rarezas y curiosidades, extendidas a lo largo de este espacio singular donde se separan España y Portugal, hoy queremos contarles un fenómeno inexplicable que se da solamente en la Raya extremeña: el mito del langostino.

En Lisboa, en Coimbra y en Oporto, no entienden que los españoles crucemos a Portugal en masa para comer marisco. Si fuéramos a tomarlo a la costa, sería comprensible, pero que nos quedemos en Elvas es algo que no entra en la cabeza del portugués común. Incluso lo de tomar un arroz de marisco es una particularidad fronteriza. Este plato es típico en Alcácer do Sal, donde se cosecha el único arroz portugués con denominación controlada.

Alcácer está cerca de la desembocadura del río Sado, en el camino hacia Troia y Sines. En su paseo fluvial y calles paralelas, hay una selección de restaurantes (Brazão, Estrela do Sado, A Papinha, O Ninho, O Alpendre, Tasca dos Barrocas, Flor do Sal, São Pedro) donde no pidan arroz de marisco porque les pondrán caras raras, sino arroz do mar (calamares, navajas, chocos, langostinos, almejas, rape, pulpo) o arroz de lingueirão (pulpo y choco).

Aunque el mayor contrasentido gastronómico de la Raya es que los extremeños vayamos a Elvas a comer 'camarãos' y los portugueses vengan a Valverde del Fresno a comer lo mismo. Es como si nos gustaran más los langostinos del vecino que los nuestros, aunque muchas veces sean los mismos, pero preparados con el toque particular de cada restaurante.

Es conocido que una tradición de Badajoz es ir al Cristo a zamparse uno de esos 'camarãos' gigantes a la plancha que tanto nos emocionan y que provocan grandes colas ante el famoso restaurante elvense. Lo que no se conoce tanto, salvo en el noroeste de Cáceres, es que los portugueses hacen lo mismo pero a la inversa: vienen a los restaurantes Inocencio y Casa Laura de Valverde del Fresno para comer langostinos. La diferencia es que los portugueses no se conforman con uno o dos grandes camarãos a la plancha, sino que los piden por kilos.

El Inocencio está en el centro de Valverde, por la zona de la iglesia, y Casa Laura se encuentra junto al cruce de la carretera que viene de Portugal con la que va a Cáceres. Los platos especiales para portugueses que no faltan en las cartas de estos restaurantes 'valverdeiros' son los calamares a la romana, las orejas, los callos y los imprescindibles langostinos a la plancha.

Entra una familia portuguesa en Casa Laura, se sientan a la mesa y hacen la comanda: «Una botella de vino blanco y vaya trayendo dos kilos de langostinos, por ahora». También encargan que preparen otro kilo para levar porque un familiar, al final, no ha podido venir. José, el maître, nos muestra la caja de langostinos. Son de Madagascar, y así se especifica en la carta, de tamaño grande, pero no gigante, de la marca Drago Food, perfectamente alineados en capas sobre unas láminas azules especiales para conservar el frío.

Los preparan a la plancha con un toque especial (ver foto), están deliciosos y el precio depende del mercado: suben en verano y en Navidad. Ahora bajan y la ración de kilo cuesta 30 euros. José los saca de kilo en kilo, para que no se enfríen. La operación se repite cada semana, incluso cada día, en Casa Laura y en el restaurante de Tomás Inocencio, en Valverde del Fresno, la capital rayana del langostino.