Villasbuenas de Gata: Una cantina silvestre y por la causa

Se admiten mascotas, pero en un lugar señalizado para ello río abajo con el fin de que todo el mundo se relaje

La rivera de Gata a su paso por Villasbuenas de Gata ha dado lugar a La Cantina Silvestre./J.L.G.
La rivera de Gata a su paso por Villasbuenas de Gata ha dado lugar a La Cantina Silvestre. / J.L.G.
J. López-Lago
J. LÓPEZ-LAGO

En el norte de Cáceres hay decenas de gargantas, piscinas naturales que se ponen de moda y dejan de estarlo. La de Villasbuenas de Gata pasa seguramente por su mejor momento en cuanto a afluencia de público, pero esto no siempre es una buena noticia para el bañista egoísta, que querría disfrutar del paraje prácticamente en soledad, algo casi imposible en este mes de agosto cuando se trata de buscar un lugar con encanto para darse un baño.

Pese al bullicio del fin de semana, alrededor de La Cantina Silvestre todo parece especial, por eso el visitante siempre quiere volver. El lugar no es un negocio de hostelería sin más que hace caja al calor de una zona natural de baño. Se puede decir que los gestores se han puesto el objetivo de cambiar el mundo, aunque sea un poquito. Este mensaje se puede leer desde el momento en que uno se sienta en el baño y se topa con una reflexión: «No pretendo cambiar al mundo, pero en el pedacito que me tocó vivir quiero hacer la diferencia» (sic). Después, el paraje está lleno de indicios sobre cómo el mundo cambia un poquito en este destino de la Sierra de Gata.

Para empezar, se admiten mascotas, pero en un lugar señalizado para ello río abajo con el fin de que todo el mundo se relaje. Por si acaso, la cantina tiene repartidas entre los árboles varias hamacas para hacer de una simple siesta una experiencia única gracias al rumor de la rivera de Gata. Por descontado, hay ceniceros colgados por todos lados para que la huella del ser humano sea mínima.

En lo alto está el bar, con un escenario similar a una proa y que acoge actuaciones musicales nocturnas cada fin de semana.

Gracias al tirón de las últimas temporadas se hace caja, cierto, pero también se hace pedagogía para lograr un mundo sostenible y más justo. Por ejemplo, Coca-Cola no hay. La alternativa es Frixen cola, una bebida similar surgida en una cooperativa de Zaragoza. El café es de comercio justo de Nicaragua, azúcar refinada tampoco se sirve y la ginebra y el ron se elaboran en Zarza de Granadilla. Por supuesto, hay cervezas artesanas, hamburguesas de lentejas, vino ecológico y todo tipo de productos en una singular carta presidida por la máxima 'somos lo que comemos'. Es apta para carnívoros, vegetarianos, veganos o celíacos y también explica que allí, en La Cantina Silvestre, tratan de desperdiciar lo mínimo y por eso la basura orgánica sirve para alimentar a una cerdita de nombre Martina.

Clases de yoga, actividades infantiles, cine de verano, ludoteca con juguetes reutilizados y una pequeña carpa con productos agroecológicos y artesanales que se venden a través de una moneda social -un espronceda equivale a un euro- completan el catálogo de intenciones de este rincón de la Sierra de Gata que cada verano gana seguidores para su causa.

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