El Campo Arañuelo y la espada de Damocles

El Campo Arañuelo y la espada de Damocles
ALFONSO CALLEJO

Contaba Timeo de Tauromenio, en el siglo IV a. C., que Damocles era un cortesano del rey Dionisio 'el Viejo' de Siracusa, el cual, ante sus continuas adulaciones envidiosas, le propuso intercambiar sus roles por una noche para que disfrutara los placeres reales que tanto envidiaba. Todo iba bien hasta que a mitad del banquete miró hacia arriba y vio una afilada espada sobre su cabeza atada con una crin de caballo: ante aquella amenaza constante se le quitó el apetito, rechazando el sueño de ser rey.

El Campo Arañuelo es una de las comarcas más prósperas del norte extremeño, aunque desde hace años mantiene sobre sus feraces valles, vigilados por las moles imponentes de Gredos, dos inciertas espadas de Damocles que perturban las expectativas de futuro de parte de sus habitantes. El cultivo del tabaco mantiene allí a miles de familias, que deben soportar la continua incertidumbre derivada de dos factores, uno de orden conceptual: la demonización de este cultivo, el tabaco mata. Y otra desconfianza permanente debida a diversas indefiniciones: dudas sobre los planes de futuro de las empresas cigarreras, los bajos precios que perciben por su producto, la cambiante política agraria comunitaria, etc. En el cultivo del tabaco se han hecho potentes inversiones con infraestructuras específicas que hacen difícil la reconversión en otro tipo de producción si algún día vienen mal dadas.

Y la otra espada es la 'nuclear'. Esto también mata, a decir de algunos, y aquí ya hay una fecha cierta de caducidad. Varias poblaciones del entorno están entre las que presentan la mayor renta per cápita regional y de lo que se trataría es de mantener en lo posible ese nivel tras el apagón de Almaraz. Pero ¿cómo? Los ingenieros y el numeroso personal técnico cualificado que eleva el ratio del nivel de renta ya no estarían aquí. Desconozco en qué medida los municipios afectados seguirían recibiendo compensaciones o cobros por IBI. Y aunque es previsible que durante el desmantelamiento se conservara parte del empleo, este jamás llegaría ya a los miles de puestos de trabajo entre directos e inducidos que han beneficiado al Campo Arañuelo durante varias décadas. Hay por delante diez años más para pensar en alternativas para la comarca, pero los referentes conocidos en situaciones similares no son halagüeños. Se sabía desde hace tiempo la desaparición del uso del carbón, y ya sabemos ahora cómo están económicamente las antiguas cuencas mineras, con pueblos reducidos a la cuarta parte de lo que fueron. O qué pasó con las reconversiones industriales de los años 80, donde muchas comarcas nunca recuperaron después los niveles que tuvieron antes de los desmantelamientos.

Ya sabemos ahora cómo están las antiguas cuencas mineras, o qué pasó con las reconversiones de los años 80

Aunque las espadas sigan ahí, se trata ahora de procurar atarlas con una soga y no con una crin de caballo. Las inversiones alternativas económica y energéticamente hablando pueden ser, en efecto, las energías fotovoltaicas, limpias y duraderas. Pero hay que pensar más cosas. Y hará falta una voluntad política que no se enrede en devaneos partidistas. Se trata del Campo Arañuelo. Se trata de Extremadura.