Una cala paradisíaca, los peces de Pijín y los paseos en yate

Praia da Liberdade, en la orilla portuguesa, frente a la de Cheles. / C. M.
Praia da Liberdade, en la orilla portuguesa, frente a la de Cheles. / C. M.

Miriam F. Rua
MIRIAM F. RUA

La playa de Cheles está rodeada de otros atractivos que la convierten en un lugar muy apetecible para pasar unos días de vacaciones sin echar de menos el mar. Justo enfrente, a un kilómetro y medio en línea recta, se abre una cala de arena blanca y aguas turquesas de postal. Es la praia da Liberdade, está en Montejunto y es la última de la orilla portuguesa en incorporarse en la oferta de baño fluvial del lago Alqueva. Desde la playa de Cheles se puede llegar a nado -para los muy entrenados-, en kayak, hidropedal o en barca (que se pueden alquilar a través de Alqueva Entretenida). También tiene parasoles, un chiringuito de madera y cañas, aseos públicos y un ambiente relajado. Al frente está el chelero José Manuel Troca, el perfecto anfitrión si se quiere conocer a fondo la zona.

En su orilla, barcos de lujo para paseos en grupos, que se pueden alquilar por horas (15 euros por persona). De momento, solo hay uno, pero la previsión es que amplíen la oferta para la temporada alta.

A tres kilómetros río abajo de la playa de Cheles está el embarcadero. Se accede desde el pueblo, por lo que se necesita coger el coche. Allí mismo se pueden alquilar kayak y tablas para practicar pádel-surf y windsurf. El gran atractivo de la zona del embarcadero es, sin embargo, el famoso chiringuito Pijín, archiconocido por sus peces de río fritos (4 euros la ración). En Cheles se presume de que hasta su pueblo llegan diputados del Congreso a comerse sus enormes barbos y black bass, que llegan vivos a la cocina de este restaurante con carta de mar, dehesa y río.

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