El río de Cáceres no se seca

Cruce de la Ribera del Marco de piedra en piedra. :: a. méndez/
Cruce de la Ribera del Marco de piedra en piedra. :: a. méndez

La Ribera del Marco está abandonada por la Confederación del Tajo

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

Cáceres es la única capital de provincia española que no tiene río. En el afán por ser diferentes, los cacereños nos aferramos a ese lugar común y a una de sus consecuencias, tener las temperaturas más altas de las mínimas durante el verano, para poder presumir así de algo, de lo que sea, incluso de la fatalidad de padecer las noches más calurosas de España. Sin embargo, no es cierto del todo eso de que Cáceres no tiene río. Lo tiene, es verdad que es diminuto, humilde, escondido y casi invisible, pero está ahí y es pequeño, pero matón, o mejor, muy útil. Y muy bonito, si le dejaran ser bonito.

Cáceres nace en un cruce de caminos, donde la Vía de la Plata se estrechaba en un desfiladero para seguir hacia el norte, y a la orilla de una ribera en la que no faltaba, ni falta, el agua durante todo el año. La Ribera del Marco no es un río, es un arroyo caudaloso, pero tiene la gracia de que, naciendo en la llamada Charca del Rey y viniendo sus aguas de manantiales muy ricos, nunca deja de tener un caudal respetable. De hecho, solo en época de grandes lluvias su caudal crece en extremo. El resto del año, es un riachuelo de caudal uniforme.

Todos los días, salvo enfermedad o imponderable, cruzo la Ribera del Marco. No lo hago por ninguno de los dos puentes que la salvan en el tramo que va paralelo al llamado Camino de las Bestias, sino por unas piedras colocadas en uno de los tramos donde su cauce se estrecha. Es un vado antiguo y es mi momento Indiana Jones del día porque hay que aproximarse por una pequeña pradera, descender por un ligero terraplén embarrado, meterse entre árboles frondosos y cruzar saltando de piedra en piedra con mucho cuidado de no resbalar. En los años, 16 son ya, que llevo cruzando el río, mi espíritu Indiana Jones ha salido triunfante salvo una ocasión en que me relajé, resbalé, acabé en el agua y hube de volver a casa a cambiarme.

Por la orilla derecha de la Ribera, discurre el campestre y entrañable Camino de las Bestias, desde la Charca del Rey hasta San Marquino, entre tapias, árboles frondosos, algún curso de agua desparramada en la estación lluviosa, si es que en Cáceres existe esa estación, corrales de ganado, una escuela de equitación en ruinas, un campo de higueras y algunas viviendas. Antes, había por aquí molinos y almazaras y hoy se mantienen varias huertas muy ricas cultivadas por señores de cierta edad y algunos jóvenes.

En la orilla izquierda del tramo que cruzo cada día, hay un bosque de árboles de río, un camino muy agradable con puentes de madera, una fuente llamada Fría, cuya agua es ideal para los garbanzos, y algunas casas en ruinas donde los fotógrafos aficionados retratan a sus novias. Suelo cruzar la Ribera del Marco nada más comer, camino de la Montaña, y la tranquilidad del lugar a esa hora complementa el momento Indiana Jones con el momento Félix Rodríguez de la Fuente porque siempre sale volando una garza real del lecho de la Ribera, veo otras garzas y otros pájaros y, de vez en cuando, salta un conejo, escapa una nutria o sale corriendo algún animalillo cuyo nombre desconozco.

Como ven, a 300 metros de nuestras casas, los cacereños tenemos un paraíso formidable y único, que justificó el establecimiento de la ciudad o de las cuevas de Maltravieso en sus inmediaciones. Sin embargo, esa ribera y ese cauce suelen acumular basura; en algunos puntos, huele francamente mal y reina, en fin, un descuido general muy lamentable.

Cuando los cacereños comparan el estado de su Ribera del Marco con la magnífica actuación de la Confederación Hidrográfica del Guadiana en el cauce del río a su paso por Mérida y Badajoz, no pueden por menos que sentir envidia y no entienden por qué su humilde, pero importante y precioso arroyo, que no se seca nunca, sigue abandonado. El día que se actúe con prudencia e inteligencia en la Ribera del Marco, Cáceres brillará como no se imaginan.