El cacereño que desafía a los cuatro elementos

El cacereño que desafía a los cuatro elementos

Javier Gil es bombero, guía en África, instructor nacional de parapente y lleva haciendo submarinismo más de 30 años | En su mochila de aventuras hay vuelos sin motor a 5.500 metros de altura y horas de buceo entre tiburones blancos

Álvaro Rubio
ÁLVARO RUBIOCáceres

Fuego, tierra, aire y agua. Nada se le resiste a Francisco Javier Gil, un cacereño de 53 años que desafía con sus aventuras y su trabajo a los cuatro elementos de la naturaleza. Soltero y sin hijos, es de los que piensan que el miedo y la pereza no son buenos aliados para disfrutar de la vida. Es bombero, guía de safaris en África, instructor de vuelo en parapente y practica numerosos deportes de aventura en pantanos, ríos y mares.

De pequeño quería ser astronauta, policía o bombero. Finalmente se decantó por apagar fuegos. Desde 2005 tiene su plaza en la Diputación de Cáceres. Sin embargo, su relación con las llamas empezó mucho antes, en 1993. Ese año se inició como interino en la Junta de Extremadura y luego pasó por la institución provincial de Badajoz.

En sus más de dos décadas de profesión, el peor incendio al que se ha enfrentado fue en la capital cacereña en 2005. «Recuerdo que el fuego arrasó el pub karaoke Di-Alf, en el pasaje Norba. No hubo víctimas pero estábamos a 400 grados respirando por una botella de oxígeno. Eso genera estrés térmico y en esa intervención tuvimos que hacer hasta siete entradas. Es una barbaridad», recuerda Gil. «Sabes que estás en un ambiente muy hostil con factores que no controlas, pero en esos momentos sólo hay que aplicar la lógica y la precaución», detalla este cacereño que se desplaza por la ciudad con un monociclo eléctrico.

En una ruta por el país africano de Suazilandia fue perseguido por un elefante

Él trabaja en turnos de 24 horas y media, lo que le permite tener más jornadas libres. Para dedicarse a sus múltiples aventuras suma descansos, cambios de turnos, vacaciones y excedencias. De ese modo, hace lo que se propone.

En 1992 se adentró en el mundo del parapente y un año después se inició como monitor. Desde entonces suele hacer rutas de 100 kilómetros en línea recta por Extremadura, Andalucía y Castilla-La Mancha, entre otras regiones.

Sin motor ha volado a más de 5.500 metros de altura sobre el nivel del mar y ha ganado el campeonato de Extremadura de parapente en varias ocasiones. «Esto lo hago por placer, para disfrutar la vida, no me gusta competir», aclara Gil.

Actualmente es instructor nacional de parapente y tiene su propia escuela de vuelo en Cáceres. «Esta actividad no se puede hacer sin una buena formación y sin ser consciente de los retos a los que te puedes enfrentar con un nivel determinado», matiza Gil, que imparte clases a unos diez alumnos por año a través de la asociación deportiva Pangea. «Lo hago para mantener la afición, la gente suele decir que le da miedo. A la mayoría de las personas lo desconocido le provoca angustia. A otros nos llama la atención».

Tanto es así que ha volado en países como Portugal, Sudáfrica, Australia y Francia. También en Etiopía, donde empezó su idilio con el continente africano. Gracias a ese viaje, donde conoció al responsable de una empresa que organizaba safaris, se convirtió en guía.

Eso lo lleva haciendo siete años. Suele ser en verano y actualmente enseña rincones de Zimbabue, Botsuana y Sudáfrica. «Por ejemplo, vemos el cañón del río Blyde, que es el tercero más profundo del mundo; o el parque nacional Kruger, donde se pueden observar leones, leopardos, elefantes y rinocerontes, entre otros animales», detalla este aventurero con una mochila cargada de anécdotas. «Recuerdo que estaba haciendo una ruta en Suazilandia, en África, para ver rinocerontes blancos. Íbamos a pie y empecé a escuchar un ruido. De repente apareció un elefante y el guía local y los turistas salieron corriendo. Yo me quedé atrás y vi que el animal ya venía muy deprisa. Empezó a correr detrás de mí y, aunque sabía que no debía correr, no me dejó otra salida. Si me metía debajo del coche o me subía a él iba a morir. Si seguía corriendo también. Así que me di media vuelta y grité con fuerza. El elefante frenó en seco y se fue. Pensé que iba a ser el último día de mi vida», relata Javier, que también suele bucear entre tiburones blancos.

Para ello hizo el curso de iniciación de submarinismo hace 30 años y ha impartido clases de bautismo de buceo en Extremadura. Con sus gafas y aletas se ha sumergido en aguas de España, Cuba, Sudáfrica, República Dominicana, Portugal y Egipto, entre otros países.

Además practica esquí y realiza kitesurf por pantanos de la región. También se adentra en lugares rodeados por hielo. De hecho, acaba de volver de Islandia. Ha estado allí desde el 21 al 26 de enero y ha andado con crampones por encima del glaciar Mýrdalsjökull.

Ya está preparando su próximo viaje a Costa Rica y una aventura en furgoneta por Esauira (Marruecos). Además tiene previsto obtener la titulación para manejar veleros, ultraligeros y obtener la acreditación para dirigir barcos de 24 metros desde la península a Baleares.