Del botellón al mogollón

El viejo edificio de Sindicatos de Cáceres es codiciado por cadenas hoteleras. :: HOY/
El viejo edificio de Sindicatos de Cáceres es codiciado por cadenas hoteleras. :: HOY

Cáceres se prepara para crecer turísticamente con nuevos hoteles

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

Nunca imaginamos en Cáceres que los turistas se fueran a convertir algún día en un problema. Pero llevan camino de ello. La semana pasada, ya se escucharon las primeras quejas porque los turistas que ocupan los apartamentos y pisos turísticos de la parte antigua aparcan donde les da la gana y les importa un comino condenar la puerta de una vivienda o estacionar junto a una ventana cegándola.

Para saber aparcar en los cascos antiguos de casas bajas hay que ser de pueblo y conocer las claves no escritas del aparcamiento rural. Es decir, nunca puedes cortar el paso a una vivienda ni tampoco es de recibo que cuando don Anselmo se asome a su ventana a curiosear o a tomar el fresco, se encuentre en sus narices con la carrocería plateada de tu SUV.

Los turistas desconocen esas claves, aparcan donde les da la gana y se lía. El caso es que un vecino llamó a la Policía Municipal de Cáceres y los guardias aplicaron la ley estrictamente: multa a cuanto coche estacionaba en la zona, aunque ni bloqueara puertas ni taponara ventanas. La vecindad, indignada, ha protestado, pero lo peor es que por culpa del aparcamiento sin ley de los turistas, se tendrá que aplicar la ley sin miramientos y pagarán justos por pecadores, o sea, nativos por turistas.

Uno de los callejones más bellos de la parte antigua de Cáceres se queda estos días sin vecinos. Es imposible vivir en él, aunque dentro de nada, los turistas ocuparán las viejas casas judías convertidas en apartamentos con encanto y así, paso a paso, la parte antigua cacereña va perdiendo vecinos y convirtiéndose en la Barceloneta extremeña, en un barrio habitado y paseado por turistas los fines de semana y lleno de funcionarios de lunes a viernes por la mañana.

Cáceres está de moda y cada vez viene más gente. El turismo de interior y de cultura pega con fuerza y en cuanto se pueda llegar cómodamente en tren, da lo mismo si se tardan dos horas o tres, la ciudad quedará a un rato de Madrid y la invasión estará asegurada.

Los ciudadanos quizás tengamos dudas y seamos escépticos y los políticos, en sus guerras de guerrillas prometerán o criticarán, pero las empresas son frías como el hielo y ponen su dinero donde saben que habrá más dinero. Ese es el dato fundamental para entender el futuro turístico que aguarda a la ciudad.

Para empezar, los negocios de comida preparada y los supermercados se instalan en el camino hacia la parte antigua, donde nunca antes hubo este tipo de comercio, y están llenos. Para seguir, no hay rincón, casa o casita de la ciudad monumental donde no se haya construido un apartamento turístico y lo que queda libre es porque se encuentra a la espera de la mejor oferta.

Más datos que corroboran la intensidad del futuro turístico: el palacio de los Duques de Abrantes ha sido comprado por una empresa inversora experta en alquilar o explotar inmuebles para hoteles, el Palacio de Godoy será un hotel de lujo, la sede de Carreteras se convertirá en centro de congresos y también contará con un toque hostelero, en la calle Ancha, los andamios indican dónde se convierte un palacio en un edificio de apartamentos de lujo y la antigua sede de Sindicatos, frente al Múltiples, sale a subasta en breve y todo indica que acabará convertida en hotel.

Con estos datos, es fácil imaginar que, entre Cánovas y San Blas, Cáceres va a vivir un cambio tan sustantivo como cuando los fines de semana se desarrollaba en esa zona el más grande botellón que vieron los siglos. Ahora no será un botellón, sino un mogollón turístico que habrá que saber gestionar para que no espante.