Bodas

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PEDRO DEL PINO

MADRE mía, cómo está el patio de revuelto. La noticia saltaba a los medios la semana pasada: Hacienda está llamando a la puerta de las parejas que han optado por unir sus vidas, boda mediante, en los últimos cuatro años.

Según han aclarado desde la propia Agencia Tributaria, parece ser que el objetivo de sus visitas es pedir a los desposados y desposadas facturas de todos los gastos que han tenido a causa del enlace. Ya saben: los trajes, el banquete de boda, las flores, el reportaje fotográfico, la orquesta. Con ellas en su poder, podrán cotejarlas con las declaraciones de ingresos de las empresas que han prestado dichos servicios, y comprobar si estas cumplen o no con sus obligaciones fiscales.

Pero andan algunos maliciosos soltando el bulo -definido así por el propio fisco- de que también están detrás de los regalos de todo tipo, en metálico y en especie, que reciben los contrayentes para gravarlos convenientemente. Pero como les decía, desde la Agencia Tributaria lo han negado tajantemente. Pues aunque los contribuyentes tienen la obligación de declararlos y pagar el correspondiente impuesto de donaciones, según fuentes recaudatorias son cantidades pequeñas que no merecen el esfuerzo inspector de la administración para obligar a su pago a los pobres novios y novias, que bastante tienen con lo suyo. Lo digo por todo el esfuerzo que conlleva iniciar una vida en común: el piso, los muebles, etc. Que nadie me malinterprete.

Eso sí, desde la propia Hacienda avisan de que si al tito Juan, por ejemplo, se le ocurre hacerles un ingreso en cuenta a los novios de más de 3.000 euros, o si ellos mismos realizan depósitos, procedentes de los sobres-regalo o de las subastas de la corbata y las ligas, en billetes de quinientos, sufrirán en carnes propias todo el peso de la norma.

Permítanme que discrepe con esta 'filosofía' recaudatoria. Sea poco o mucho, es dinero público y si la norma dice que hay que pagarlo habrá que hacerlo aunque nos duela, que a todos nos duele, no les quepa duda. Si son necesarios más inspectores, que el Ministerio los ponga. No es en absoluto pedagógico, en la necesaria formación del ciudadano como contribuyente, extender la idea de que como es poco se perdona. Si «Hacienda somos todos» también lo debemos ser en todo lo que atañe a las obligaciones fiscales.

Por otro lado, debe ser bastante difícil explicarle a un ciudadano que la Administración Tributaria viene a pedirle documentación de una serie de transacciones económicas de las que ha sido, no ya solo sujeto activo, sino el principal protagonista, en las que ha pagado bienes de consumo y servicios, y recibido donaciones sujetas a impuestos, que tal requerimiento no es para exigirle a él el cumplimiento de sus obligaciones, sino solo y exclusivamente a las otras partes que han intervenido, parcialmente, en los múltiples intercambios económicos que se han llevado a efecto. Tal manera de actuar queda muy lejos de cumplir el precepto de igualdad ante la Ley que se pretende consagrar en la Constitución Española.