El Badajoz en la Patagonia

Marcelo Tinelli, en una rueda de prensa en Badajoz :: HOY/
Marcelo Tinelli, en una rueda de prensa en Badajoz :: HOY

En verano, son frecuentes los encuentros con paisanos en el mundo

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

El año pasado, visitando Sigüenza, me alegró mucho encontrarme con dos amigos de Mérida, Paco Barjola y Esteban Ballesteros, muy conocidos en el mundillo del teatro extremeño y con importantes proyectos para la próxima temporada. No fue menor la ilusión que me hizo, visitando la catedral seguntina, el descubrimiento de la relación del famoso Doncel con Extremadura. El bello doncel se llamaba Martín Vázquez de Arce y nació y se crió en Sigüenza. Estudió en Guadalajara, fue mayordomo-secretario del duque del Infantado y murió ahogado en la guerra de Granada, en un lugar llamado la Acequia Gorda, inundado a propósito por los musulmanes para acabar con el ejército cristiano.

El desenlace fatal sucedió en 1486, Martín tenía 25 años y ya era comendador de la orden de Santiago, fundada en Cáceres. Aunque su relación con Extremadura viene de que su padre, Fernando de Arce, fue comendador de Montijo de la Orden de Santiago. La inesperada y trágica muerte de su hijo lo llevó a recordarlo mediante el monumento funerario que se conserva en la Catedral de Sigüenza, una obra de arte importante en la historia de la escultura.

Estos inesperados encuentros con paisanos de hoy o de hace 500 años son emocionantes y seguro que todos ustedes tienen alguna historia parecida que contar. Ese es el caso del periodista Loreto Murillo, redactor de RTVE en Extremadura. Me cuenta Loreto que recientemente ha visitado Irlanda con su familia. Para conocer mejor Dublín, contrataron a un guía hispanohablante. Quedaron con él y con un grupo de turistas en una plaza cercana al castillo dublinés y cuando llegó el profesional, se fueron presentando: unos venían de Mallorca, otros eran de Galicia o de Madrid y Loreto Murillo y su familia especificaron que ellos llegaban desde Mérida, en Extremadura.

Durante la visita, el guía se acercó al periodista y a su familia y les explicó que conocía mucho al Club Deportivo Badajoz. Extrañados ante tal afición, le preguntaron que de dónde era y el guía contó una historia muy interesante: «Soy de un pequeño pueblo de la Patagonia argentina. Un empresario de allá, Marcelo Tinelli, compró el CD Badajoz. Además, tenía un programa de televisión que se veía en todo el país y promocionaba continuamente al Badajoz. Entrevistaba a un invitado, por ejemplo. Este le contaba que era aficionado de Boca o de River, claro. Pero le preguntaba de qué otro equipo. Entonces decía que del Badajoz y Tinelli le regalaba un par de botas de fútbol y otros obsequios. El CD Badajoz llegó a ser un equipo muy querido en Argentina. Y lo conoce todo el mundo allá. Es más, vivíamos con mucha tensión los duelos con el Extremadura», contó Sergio el guía de la Patagonia que enseña Dublín.

Cuenta Loreto que el guía se puso de pronto a cantar uno de los himnos populares del Extremadura de Almendralejo: «Alé, Extremadura, alé... Alé, Extremadura, alé». Recordaron después a argentinos del Extremadura como Duré y se despidieron frente al Trinity College dublinés cantando a dúo como si estuvieran en el Francisco de la Hera.

Pero la experiencia irlandesa siguió deparando sorpresas porque se les acercó el matrimonio que había dado Mallorca como su origen geográfico para especificarles que vivían en la isla, pero eran de Plasencia. Ahí no queda la cosa: al llegar a su residencia en Blessington Street, la hija de Loreto se presenta a un compañero en inglés y al rato descubren ambos que eran extremeños. El chico se llamaba Urbano, era de Navalmoral, había estudiado Comunicación Audiovisual y trabajaba en un 'fish and chips' cercano.

Cuando, al día siguiente, la hija de Loreto llegó a su nuevo trabajo en una empresa irlandesa, las sorpresas siguieron: una de sus compañeras era de Zafra. Estas historias las contaban en Extremadura hace 50 años nuestros emigrantes. Ahora las contamos los turistas, pero el fondo de la cuestión sigue siendo el mismo.