TÚ AL PUEBLO, YO A LA PLAYA

El aventurero que cambió el mar por la bandeja

Juan Manuel, de 49 años, trabaja en el hotel Sol y Mar, muy conocido por los extremeños/JLG
Juan Manuel, de 49 años, trabaja en el hotel Sol y Mar, muy conocido por los extremeños / JLG

Juan Manuel Hidalgo, de Valencia del Ventoso, fue marinero en Huelva y ahora trabaja en un hotel de Isla Cristina

J. López-Lago
J. LÓPEZ-LAGO

La isla de La Higuerita pasó a llamarse Isla Cristina por la reina María Cristina en 1834. Durante el siglo anterior fueron comerciantes levantinos de salazones los que fundaron este lugar de la costa onubense mientras exploraban la riqueza que se generaba alrededor de la desembocadura del Guadiana, donde las marismas son hoy un ecosistema protegido. Este paisaje, en combinación con las puestas de sol, ha inspirado a poetas como Alberti, Cernuda o Juan Ramón.

Pero si hay algo de lo que se enorgullecen los higueteros (junto al de isleño, es su gentilicio) es su puerto de pesca. Se habla de que es de los más importantes de España. Según la wikipedia, su lonja es la primera por subastas de pescado fresco de Andalucía y la segunda por tonelaje, solo superada por Cádiz.

Y como muchos extremeños saben, es el turismo su otra gran fuente de riqueza, con miles de veraneantes que multiplican una población oficial de 22.000 vecinos. Los hoteles y la hostelería es un motor en esta población, y aquí es donde entra en escena el extremeño Juan Manuel Hidalgo Ríos, 49 años, de Valencia del Ventoso (Badajoz), padre de una hija y que llegó a Isla Cristina hace ya 28 años.

«Embarcarse es muy peligroso, estás siempre en tensión y a veinte millas siempre hay oleaje»

Él se encarga del hotel Sol y Mar, un coqueto establecimiento en primera línea de playa que, entre otros ilustres, suele recibir cada verano al baloncestista José Manuel Calderón, ahora en la NBA.

Al fondo el puerto pesquero de Isla Cristina
Al fondo el puerto pesquero de Isla Cristina

Esto tiene su explicación. Su antiguo dueño, Ceferino, fallecido hace cinco años, tenía casa en Villanueva de la Serena (de allí es el deportista) y fuertes vínculos con Extremadura, por eso de cada diez clientes cuatro proceden de esta comunidad, según los cálculos de su recepcionista.

Huyó de ser un labrador más

Juan Manuel salió de su pueblo, al sur de Extremadura, después de que su hermano acudiera a esta zona de Huelva a recoger fresa. Ahí empezó a buscarse la vida y del sur se fue a Barcelona. Lloret del Mar y otros destinos de la Costa Brava donde trabajó de camarero, Vitoria, Bilbao, San Sebastián o Valencia han sido otras ciudades donde fue recalando Juan Manuel en busca de aventura, pero sobre todo de dinero para mantenerse. «No me arrepiento de haberme ido de Valencia del Ventoso porque allí el futuro que me esperaba era el de labrador y con la juventud uno tiene el ansia de verlo todo y quiere explorar», dice ahora con su característica voz ronca mirando al Atlántico.

En ese periodo de inquietud Juan Manuel llegó a ser marinero una temporada. «Me embarqué en una traiña que se llamaba María del Carmen. Recuerdo que los primeros 25 días fueron durísimos. Hasta que el cuerpo se te acostumbra lo pasas fatal».

Monumento a los marineros de Isla Cristina desaparecidos en el mar
Monumento a los marineros de Isla Cristina desaparecidos en el mar

Sardina, boquerón, salmonete, rape, gambas, cigalas, ... todo esto está escrito en las pizarras de los cientos de bares, restaurantes y chiringuitos de la costa de Huelva, pero Juan Manuel recuerda que alguien tiene que salir al mar cada día a buscarlos.

«Es un trabajo muy peligroso», advierte el extremeño. «En un barco no es excesivamente dura la tarea, pero estás en tensión todo el rato, moviéndote en un espacio muy reducido y que está lleno de cabos y artilugios. Desde aquí se ve el mar muy tranquilo -dice señalando el horizonte- pero habrá que ver cómo está el oleaje a veinte millas. Esto por no hablar de lo que supone salir a faenar en invierno. ¿Entiendes ahora por qué cambié el barco por la bandeja?».

Ahora parece haber encontrado un oficio estable gracias a una familia, los herederos de Ceferino, que lleva confiando en él desde el año 1998.

Los días de descanso en verano son pocos, pero cuando los hay él los dedica a la pesca deportiva y a la compañía de los amigos, los más importantes en Isla Cristina pues son ya muchos años en este punto de la costa de Huelva. «He empezado hace poco a ir a Extremadura otra vez y si pudiera iría más. En septiembre estuve en las fiestas de la Virgen del Valle, que es la patrona, y en navidades también», señala.

¿Y Ese tatuaje tan poco marinero? Juan Manuel le da la vuelta a su antebrazo, que queda cubierto prácticamente en su totalidad por la cara de un lobo y unas montañas. «Representa la libertad -responde- y en parte es un recuerdo de mi Extremadura, me recuerda a nuestra tierra y me sirve de contraste de la vida que llevo, siempre rodeado de tanta agua».

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