El arte de la simulación

Pedro Sánchez parece tener muy presentes los cinco preceptos de Mazarino: simula, disimula, no te fíes de nadie, habla bien de todo el mundo y piensa antes de actuar

El arte de la simulación
Antonio Chacón
ANTONIO CHACÓNBadajoz

Para conquistar y conservar el poder es necesario dominar el arte de la simulación. Al menos así lo creían Maquiavelo y el maquiavélico cardenal Mazarino, quien gobernó Francia durante la minoría de edad de Luis XIV bajo la regencia de Ana de Austria, con quien mantuvo relaciones más que amistosas.

Mazarino tiene mala prensa por culpa, sobre todo, de Alejandro Dumas, quien lo retrató como un ser más canalla que su predecesor, el cardenal Richelieu, en 'Veinte años después', la segunda parte de la trilogía de los tres mosqueteros. Como dice Umberto Eco, Dumas era tendente a cargar las tintas, pero no inventaba, con lo que su descripción del prelado italiano seguramente no estaba muy alejada de la realidad.

El artero Mazarino nos legó un opúsculo, 'Breviario para políticos', que, bien escrito de su puño y letra, bien por algún epígono que recopiló una antología de sus máximas, es de lectura obligada no tanto para lograr el poder como para conocer a los poderosos, porque, subraya Eco, «lo que nos cuenta es lo que el hombre de poder ya sabe, a menudo de forma instintiva».

Si como sostiene el autor de 'El nombre de la rosa', 'El príncipe' de Maquiavelo «era más bien un tratado de la imprudencia, que osaba proclamar en voz alta y clara la forma en que debía actuar el príncipe para el bien de todos», el texto de Mazarino es un manual de uso de la prudencia política:«Establece el programa de un hombre que, aprendiendo a ganarse los favores de los poderosos, a hacerse a amar por sus súbditos y a eliminar a sus enemigos, consigue conservar el poder gracias a las técnicas de la simulación».

Para poder simular y disimular, lo primero que recomienda el cardenal italiano es conocerse a sí mismo y conocer a los demás, «cosa que (...) viene a ser lo mismo». Pero el objetivo de ello no es saber quién soy, sino qué imagen doy de mí mismo, a fin de corregirla, si es necesario, para engatusar no solo a los amigos –aunque «la amistad no existe: es simulación»–, sino también a los enemigos, clave para conservar el poder. De manera que Mazarino, según Eco, nos ofrece una imagen espléndida de la consecución del poder mediante la pura y simple manipulación del consenso, o dicho con las palabras del cardenal: «Actúa siempre de tal modo que tu adversario haga por su propia voluntad lo que tú deseas que haga».

No sé si Pedro Sánchez, un superviviente de la política como el cardenal, ha leído el 'Breviario', o bien su «eminencia gris». Sea como fuere, el presidente en funciones parece tener muy presentes los cinco preceptos que resumen la obra del valido del 'Rey Sol': simula, disimula, no te fíes de nadie, habla bien de todo el mundo y piensa antes de actuar. Porque si el taimado Andreotti, siete veces primer ministro de Italia, decía que «el poder desgasta al que no lo tiene», antes Mazarino, como nos recuerda Eco, precisó que el poder desgasta solo al que no sabe ya todas estas cosas.