El Arco del Triunfo

El Arco del Triunfo
JOSÉ LUIS GIL SOTO

EL domingo por la tarde, casi anochecido, terminó una nueva edición del Tour de Francia. Para los aficionados al ciclismo ha sido una carrera entretenida, con el aliciente de que se celebraba el centenario del maillot amarillo como símbolo del líder y que, por primera vez, ha sido ganada por un colombiano. Así las cosas, no quisimos perdernos la última etapa que, como siempre, discurrió por París, subiendo y bajando los Campos Elíseos entre la Plaza de la Concordia y el Arco del Triunfo.

El sol declinaba regalándonos una fotografía maravillosa: refulgiendo como un tremendo doblón de oro por detrás del Arco del Triunfo proyectaba un reflejo dorado que se extendía por los adoquines de la gran avenida alargando las sombras. Contemplándolo recordé que en los pilares de ese arco hay impresos muchos nombres que rememoran las victorias napoleónicas en las múltiples campañas que emprendió el emperador. Entre todos ellos, como si fueran un imán, siempre atraen nuestra mirada Badajoz, Gévora y otros muchos que tan familiares nos resultan.

Viendo la entrega de premios con el arco detrás del pódium volé una vez más junto a sus muros y recordé la tumba del soldado desconocido y el museo que, en las entrañas del arco, nos cuenta los detalles de sus símbolos.

Comenzó su construcción en 1806 por orden de Napoleón Bonaparte, que había prometido a sus soldados tras la victoria en Austerlitz que volverían a casa bajo arcos triunfales. En un principio iba a instalarse en la Plaza de la Bastilla, pero finalmente fue en lo que hoy es la plaza Charles de Gaulle y hasta hace bien poco era la Plaza de la Estrella, rediseñada con esa forma por el barón Haussmann cuando modificó el trazado urbano de París. Tiene una altura de cincuenta metros, un ancho de cuarenta y cinco y una profundidad de veintidós, y fue diseñado por dos arquitectos inspirados por el Arco de Tito de Roma. Se inauguró el 29 de julio de 1836. Ayer fue su cumpleaños.

Allí se encuentra, como digo, la Tumba al Soldado Desconocido de la Primera Guerra Mundial. En un primer momento se decidió llevar sus restos al Panteón, pero una campaña pública hizo que definitivamente se enterrase bajo el Arco del Triunfo en 1921. En la tumba hay permanentemente encendida una llama que las asociaciones de antiguos combatientes o de víctimas de guerras reavivan todos los días a las seis y media de la tarde en una emotiva y breve ceremonia que múltiples turistas contemplan con sus cámaras fotográficas en ristre.

En realidad yo también lo he hecho. He fotografiado esa ceremonia por su carga simbólica y esos nombres grabados en sus pilares por su valor histórico, al margen de que me puede lo de los nombres españoles en el extranjero. Cuando los veo me sale la vena de turista novato (eso da para otro artículo, qué quieren que les diga). En esos casos no me queda otra que apechugar, hacer las fotos y pasarme las críticas por el Arco del Triunfo.