«Es una anomalía que en Oporto se estudie catalán y en Badajoz no»

Antonio Sáez Delgado, en el parque San Francisco de Badajoz. :: Pakopí/
Antonio Sáez Delgado, en el parque San Francisco de Badajoz. :: Pakopí

En su nuevo libro investiga la aportación de las culturas periféricas a las relaciones literarias de la península ibérica Antonio Sáez Delgado Profesor de la Universidad de Évora

A. GILGADO

La península ibérica es una realidad compleja. Hay que romper el esquema bipolar Lisboa-Madrid y entenderla como un ente plural con periferias emergentes. El cacereño Antonio Sáez Delgado es profesor en la Universidad de Évora y uno de los que más investiga la interrelación cultural a ambos lados de la frontera. Defiende con vehemencia que Cataluña, País Vasco o Galicia también enriquecen al iberismo cultural, otra cosa es no querer verlo. Para quitar la venda ha analizado las relaciones literarias y culturales ibéricas entre 1870 y 1930 junto con Santiago Pérez Isasi, investigador del centro de estudios comparatistas de Lisboa. En el libro 'De espaldas abiertas' han plasmado sus conclusiones.

-¿Por qué nos centramos entre 1870 y 1930?

-En esa época surge el iberismo en Portugal y cerramos en 1930 porque se aproxima la Guerra Civil y cambian los códigos políticos. Intentamos hacer algo que no se ha hecho nunca. Siempre que se estudia la relación entre España y Portugal se parte de una perspectiva radial. El eje Lisboa-Madrid. Nos centrábamos en la relación entre escritores de lengua castellana y de lengua portuguesa. Ahora hacemos un estudio circular. No solo nos fijamos en el castellano y el portugués, sino también en el catalán, el gallego y el vasco. Hemos visto como la ideología es un factor importantísimo a la hora de acercarnos a la cultura.

-Resulta evidente pensar en la contaminación política de este distanciamiento cultural.

-Sin duda y en gran medida. Las aproximaciones culturales siempre implican una visión ideológica, pero eso no significa que sea partidaria, que coincida con un partido político. Todo esto acaba muy contaminado. Pero creo que la cultura va por delante de la política y es la llave para desenroscar muchas situaciones que se encallan y que se empobrecen desde el punto de vista social. Es una herramienta para el conocimiento. Si no nos conocemos es imposible que haya respeto, diálogo. Si conociéramos mejor la pluralidad cultural de la península los discursos políticos actuales no tendrían cabida. Si la generación EGB hubiera estudiado algo de la cultura vasca, catalana o gallega y de sus pensadores hoy no habría tanta polarización. La cultura y la educación, en cualquiera de sus ámbitos, nunca es una apuesta a corto plazo y debemos esperar sus resultados a largo plazo. Cada vez hay más proyectos educativos transfronterizos. Eso también se verá en un futuro.

-Es decir, que el tópico de las hermanas siamesas que viven de espaldas es extrapolable al resto de periferias.

-En una gran parte de la península no se estudia parte de las lenguas peninsulares. Eso es renunciar a la principal riqueza que tenemos en este territorio. Es una anomalía que en Lisboa y Oporto podamos estudiar catalán o gallego, pero en Badajoz no. Nosotros mismos nos hemos cortado la capacidad de relacionarnos. En literatura ha pasado algo parecido. Se había estudiado muchas veces las relaciones de Unamuno con Portugal, pero nunca de las relaciones de Unamuno con Maragall en Cataluña.

-En Extremadura, en cambio, tenemos una relación privilegiada con Portugal.

-Pero insisto, también ha renunciado a mirar a otras culturas peninsulares. Hay un desconocimiento importante de los escritores catalanes, vascos o gallegos. La sensación que tengo es que se trata de una pobreza voluntaria.

-¿En qué basa esa sensación?

-Yo voy con cierta regularidad a Cataluña. Participó allí con algunos grupos de investigación. He visto como en los últimos años hay colaboración y aproximación, pero también muchos focos de resistencia para colaborar desde la península o al revés. Se repite el esquema de España y Portugal. En Holanda y Bélgica, por ejemplo, tienen una situación parecida y allí ves como se potencia esa interrelación cultural.

-¿Y esa misma actitud la han tenido en el país vecino?

-Los chicos en Portugal pueden estudiar español en cualquier ciudad, no está restringido a la zona fronteriza. Yo dudo que alguien en Zaragoza o Toledo pueda estudiar portugués. Te das cuenta que aquí no estamos aprovechando los recursos como podríamos aprovecharlo. Cualquier persona educada, medianamente culta y lectora podría leer sin dificultad varias lenguas peninsulares a un nivel usuario. Si las manejas con frecuencia, las adquieres sin dificultad. Pero renunciamos.

-¿Qué nos perdemos por esa renuncia voluntaria?

-Hay determinados fenómenos de la literatura española que no se pueden explicar sin haber leído a Ramón Llull o Mario Verdaguer. Conociendo algunos actores de la cultura catalana o gallega se enriquece más el panorama. Muchas veces hablamos de Pessoa y su relación con España. En las zonas de España donde primero se conoció a Pessoa fueron Cataluña y Galicia. Las periferias tienen un circuito alternativo desde el punto de vista cultural muy interesantes. Todo eso nos perdemos.

 

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