El andador de mi suegra

Una mujer cruza la calle con su carrito de la compra. :: HOY/
Una mujer cruza la calle con su carrito de la compra. :: HOY

Las señoras mayores prefieren salir a la calle apoyadas en su carrito

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

Hace un año por estas fechas, le regalamos un andador a mi suegra. Era un andador magnífico, con suspensión, con un cestillo muy elegante, en colores cromado y negro, de suave manejo y de diseño aerodinámico. Era el Lexus de los andadores y daban ganas de salir con él a la calle para presumir de buga todoaceras. Porque, efectivamente, el andador salvaba con solvencia y nada de esfuerzo cualquier escalón, las rampas más pronunciadas, los bordillos desiguales y en cuanto a los baches, las baldosas rotas y los pavimentos desiguales, ni se notaban. Ya digo, una pasada de andador.

Pero mi suegra dijo que verdes las han segado. Es decir, agradeció el regalo, se lo enseñó a cuñadas, hermanas y consuegras, más por compromiso, para que vieran que la querían y la obsequiaban, que por convicción, luego lo guardó en la alacena con las cebollas y las latas de tomate natural y se fue a la calle con su 4 x 4 de toda la vida, es decir, su carrito de la compra de tracción delantera color naranja. Porque eso sí, mi suegra despreciará el Lexus de los andadores, pero en cuestión de carritos es moderna y vanguardista, casi psicodélica, y conduce por las aceras del barrio de Moctezuma y de la avenida de Antonio Hurtado un cuatro ruedas de llamativo color butano que parece una naranja mecánica.

El caso de mi suegra es muy frecuente. Hijos, yernos y nueras que regalan andadores en Navidad los hay a miles y suegras y madres que agradecen sonriendo, pero mascullan para sus adentros que su familia está tonta y que si se han creído que ella es una vieja de andador, se han equivocado de cabo a rabo... Pues eso, que también las hay a miles. Es como el padre de un amigo, que le regalaron un bastón a los 97 años y lo recibió indignado: «Para qué me regaláis un bastón, esto es para viejos».

Si quieren acertar con un regalo para madres que caminan con dificultad, busquen un carrito de la compra de tracción delantera, ya saben, de esos que se empujan, no de los que se tira de ellos, y ya verán qué felices son recibiendo el agasajo. Pero, sobre todo, será una felicidad sincera y harán uso del regalo. Además, hay carritos cuatro por cuatro 'avant traction' la mar de chulos: con carrocería de lona con flores, con mariposas, con osos panda, con mariquitas, con motivos de Warhol, de Kandinski, de Munch... El grito (último) en carritos para gente madura. Pero que sean de los que se empujan, si hay que tirar de ellos, les hacen daño.

Me encantan las suegras y las madres presumidas que piensan en el andador como el último recurso de la senectud, al que solo recurren cuando ya no queda nada a lo que recurrir. Ni tan siquiera gustan del bastón en una suerte de elegancia y disimulo que me produce mucha ternura. Al mediodía, se atusan, se visten con un toque informal y salen a la calle sin un rumbo muy fijo, pero con dos premisas fundamentales: hay que llevar carrito de la compra para apoyarse, sin que nadie sepa si se lleva como muleta o como transporte de mercancías, y hay que comprar poca cosa, lo justo del día para así tener que salir al día siguiente a la compra y volver a intercambiar un par de chascarrillos con el carnicero, la charcutera, el droguero y el frutero.

Es importante comprar cada cosa en una tienda y huir de los supermercados, donde no se habla con desconocidos y únicamente los que tienen carnicería y pescadería invitan a la tertulia. Si van ustedes al comercio de proximidad de su barrio, fíjense en que está lleno de señoras mayores con carrito y constaten que la cola fluye deprisa porque compran lo justo para volver a salir pronto. Y así, con esos trucos para ser feliz y moverse un poco, suegras y madres llenan las calles de nuestros barrios con sus carritos cuatro por cuatro como apoyo, una lista de la compra exigua (hueso de jamón, muslo de pollo, pijota, pastilla de jabón y tres naranjas) y la convicción de que el andador está muy bien, sí, pero es cosa de viejas y ellas solo tienen 90 años.