Una aldea de cuento

Uno de los acogedores rincones de la aldea alentejana de São Gregório, cerca de Borba. :: E.R./
Uno de los acogedores rincones de la aldea alentejana de São Gregório, cerca de Borba. :: E.R.

A media hora de Badajoz, São Gregório, un pueblo que embelesa

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

A media hora de Badajoz por autovía y carretera, comienza la ruta que nos lleva a un enclave muy bello del Alentejo: Serra d'Ossa. Para adentrarse en estos parajes tan atractivos, basta salir de la autovía de Lisboa en Borba y, al seguir por la carretera de Vila Viçosa, coger la dirección de Rio Moinhos, a la derecha. Es en este pueblo blanco donde comenzamos el recorrido que lleva a esta Serra d'Ossa donde nace la Ribeira de Lucefecit.

Rio Moinhos es un pueblo azul y blanco, recorrido por callejas estrechas y con su iglesia parroquial de Santiago, iniciada en el siglo XIII, pero reformada en el XVII y representativa de la arquitectura popular alentejana, destacando por sus pinturas murales de inspiración rural.

En esta iglesia, situada en la parte baja de Rio Moinhos, comenzaremos la parte esencial de nuestro viaje por la carretera de la sierra. A los pocos kilómetros, veremos a la derecha un conjunto urbano sencillo y bonito que nos atraerá sin remisión. Es la aldea de São Gregório con su ermita.

Primero se construyó la ermita en el siglo XV, perteneciente a la Orden de Avis, y después llegaron las casitas de la aldea. Todo ello levantado en honor de San Gregorio Magno, Papa del siglo VI que cristianizó muchos ritos paganos, entre ellos, el culto endovélico, que se extendía a lo largo de la vecina Ribeira de Lucefecit.

Ascendemos una cuesta suave y aparcamos fácilmente en el exterior de la aldea. La recorremos tan entusiasmados como el buscador de oro que acaba de encontrar una veta. São Gregório es una aldea de cuento pintada de blanco y azul. Las casitas tienen poyos de piedra pegados a la pared, se ven tinajas con plantas, muros gruesos, muchas flores, mesas de madera bajo las parras y algún rusticismo impostado como unas ruedas de madera. Es un lugar para ser pintado con acuarelas, para ser fotografiado, para ser habitado, algo que se puede hacer reservando alguna casita de la aldea.

Las vistas de los viñedos son de una belleza geométrica, líneas rectas de parras verdes que enredan la mirada y piden, casi exigen la fotografía. Hace 70 años, no había viñas por esta comarca. Fue en 1955 cuando se levantó en Borba la primera bodega del Alentejo. Ahí comenzó una revolución agrícola y enológica que ha situado los vinos alentejanos en el cuadro de honor de los tintos y los blancos portugueses. Esa revolución es la madre de este paisaje ondulado de viñedos que tanto sosiego transmite.

Tras disfrutar de la visita a São Gregório, la carretera sigue adelante y cruza la Ribeira de Lucefecit. Inmediatamente, sale a la derecha un camino de tierra batida en suave ascensión. A 500 metros, tomaremos a la izquierda un camino discreto y seguiremos subiendo. Pasaremos junto a un embalse y después por las ruinas del Monte das Hortas. Podemos seguir ascendiendo para disfrutar del paisaje y de la vegetación, así como de las vistas de esta sierra convertida en el punto más alto del Alentejo Central con sus 650 metros de altitud y 26 kilómetros de longitud en dirección del noroeste al sureste.

La Serra d'Ossa fue el lugar escogido por numerosos eremitas cristianos durante la Edad Media y antes, fue refugio de los resistentes a la conquista romana. Pasaremos también por Castelão, donde veremos vestigios de un poblado fortificado de la segunda Edad del Hierro.

Al regresar a Rio Moinhos, podemos acabar la excursión comiendo en alguno de los restaurantes del pueblo. A saber: O Formiguinha, en la Rua da Aldeia Nova; Os Gémeos, en la Rua dos Combatentes de Ultramar; Santiago, en Rua 1º de Maio o el Café Solana del Largo da Igreja.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos