Hemeroteca

Tres muertos al precipitarse el coche en el que viajaban al canal de Lobón

Tres muertos al precipitarse el coche en el que viajaban al canal de Lobón

Este suceso tuvo lugar en el año 1976 en el término municipal de Arroyo de San Serván; además, hubo otros fatídicos accidentes ese verano en la región

ALBA BARANDABADAJOZ.

Trágico verano aquel de 1976 en las carreteras extremeñas. La portada que este diario publicó ese viernes 13 contaba un suceso tan fortuito como inexplicable, puesto que había medidas de seguridad que lo podrían haber evitado. Tres hombres fallecieron al precipitarse su vehículo por el canal de Lobón.

En las páginas interiores no hay más información, pero la foto que aparece en portada permite comprobar que había vallas en el puente por donde tenía que haber pasado el coche. Se explica que el turismo tomó la curva para cruzar este puente y se precipitó al canal. Dentro iban Fernando Galán Pérez, de 70 años; Mariano Moreno Barrio, de 71, y Pedro Salguero Ortega, de 44 años.

Los tres perecieron, pero no se indica si ahogados o a consecuencia del impacto contra el fondo del canal. Estas personas se dirigían a la finca del conductor (Fernando Galán) 'Los Perales', situada en el término municipal de la localidad pacense de Arroyo de San Serván.

En el turismo viajaban tres hombres de 71, 70 y 44 añosEl automóvil tomó una curva para coger un puente y cayó al canal

No fue el único accidente acaecido en las vías regionales ese mismo verano. Tan solo seis días después, el diario HOY publicó que un joven madrileño de 25 años llamado Agustín Pablo Salor Téllez se salió de la calzada en Alcántara. El joven, que conducía un Mini, resultó ileso, pero sus dos acompañantes, Manuela López López, de 25, y Josefa Bravo Hurtado, de 24 años, fueron ingresadas debido a las heridas que les produjo el golpe.

Ese mismo día, en la página de sucesos, este diario también informó de un «lamentable suceso que afortunadamente no tuvo fatales consecuencias», según expresó el redactor. Un joven de Hornachos, cuyo nombre no se aporta, estaba bañándose en la presa del río Matachel cuando sufrió un corte de digestión. «La situación era crítica debido a la pasividad de amigos y espectadores».

El desenlace de este suceso bien podría ser un párrafo de una novela de superhéroes debido a la descripción pasional del reportero. Con un poco de imaginación, el lector ve claramente a dos agentes corriendo a la velocidad de un trueno hacia el joven moribundo. Eran dos guardias civiles que pasaban el día acompañados de sus familiares cuando «sin pérdida de tiempo, sin dudar ni un momento y haciéndose cargo de la situación del accidentado, se arrojaron al agua consiguiendo rescatarlo, efectuándole la respiración boca a boca hasta conseguir, al cabo de una hora de laborioso trabajo, la total recuperación de este joven. Es muy de elogiar la colaboración de estos guardias, que no cesaron en su trabajo hasta la total reanimación del mismo, sin cuya ayuda irremisiblemente hubiese dejado de existir», narró el escritor.

Días más tarde, el 4 de septiembre, Celestino Camacho Asenjo, de 29 años, y María del Pilar Trenado Martínez, de 21, tuvieron un accidente en la carretera comarcal que comunica Montijo con Badajoz. Él falleció y ella solo tuvo heridas leves. Se salieron de la calzada con el Seat 1430 que manejaba Celestino y chocaron contra un árbol, presumiblemente por el lado del conductor.

Por otro lado, el mismo día en el término municipal de Casar de Cáceres hubo otro accidente de tráfico que se saldó con dos personas graves y otras dos leves. Según la noticia, parece que el alcance tuvo lugar mientras el turismo adelantaba a una furgoneta que se disponía a girar a la izquierda.

El verano de 1976 llenó las páginas de este periódico de siniestros de tráfico

La furgoneta la conducía Víctor Caballero Cortés, de 40 años y natural de Casar de Cáceres; mientras que el turismo era pilotado por Julio Macías Plaza, de 34 y oriundo de Garrovillas. Ellos resultaron ileso y leve respectivamente, pero las pasajeras del coche, Rufina Hurtado Rubio, María Cortés Martín y Martina Cabezas Cortés, acabaron con heridas graves y leves.

Un estío muy accidentado

Los sucesos veraniegos no acabaron ahí. El 12 de septiembre de 1976, dos personas fallecieron en un accidente al chocar frontalmente sus vehículos. Sucedió un sábado de madrugada en una carretera próxima a Navalmoral de la Mata. De esta ciudad cacereña era Gabriel Igual Fraile, un joven de 30 años cuyo coche impactó de frente contra el de Félix Villalobos Zaragoza, de 25 años y natural de Toledo.

Los dos murieron en el acto a consecuencia de la brutal colisión. En el momento de la publicación de la noticia, todavía se desconocían las causas del siniestro, a pesar de que, según el texto, el tramo donde sucedió el accidente era «completamente recto». «Los infortunados jóvenes quedaron mezclados prácticamente con sus carrocerías, por lo que para la recuperación de los cadáveres hubieron de cortar la chapa», añadió este periódico.

En esa misma página se contó que Justo Serrano era un pacense que viajaba por la carretera que comunica Badajoz con Zafra cuando volcó su automóvil. Afortunadamente, su pronóstico fue leve y solo sufrió una fractura en el brazo y varias heridas.

Peor suerte tuvo María Inés Madrigal Malabé, quien feneció con 18 años. Su dura historia se contó en la misma hoja que la de Justo. La adolescente iba montada en un autobús por la barriada pacense de San Roque cuando, por alguna razón, tropezó y se cayó. El azar hizo que la puerta trasera del autobús estuviese abierta y María Inés cayese al asfalto con el vehículo en movimiento. Fue trasladada a la residencia sanitaria con diversas contusiones y una herida junto a la nuca. Después de 20 horas de asistencia, murió.