TAL DÍA COMO HOY, 24 DE AGOSTO

Una infección afecta a unos 400 vecinos de Valencia de Alcántara

Una infección afecta a unos 400 vecinos de Valencia de Alcántara

En agosto de 1990, el centro de salud de la localidad cacereña se vio abarrotado de personas con vómitos y dolores de estómago, cuya causa aún se desconocía

JAIME PANADEROBADAJOZ.

El brote de listeriosis que está afectando principalmente a Andalucía y que ya ha llegado a Extremadura es, sin duda, una de las principales noticias de este verano. Ya hay más de un centenar de casos confirmados y se sospecha que el número pueda en realidad superar el medio millar.

En el periodo estival de 1990, otra infección afectó a un número similar de personas en la región extremeña, aunque todas concentradas en una única localidad: Valencia de Alcántara.

El 24 de agosto de ese año, este periódico se hacía eco del suceso en su portada. Alrededor de 400 vecinos del municipio cacereño padecían una infección cuyo origen todavía se desconocía. Presentaban los síntomas propios de una gastroenteritis, como vómitos, dolores de estómago y diarrea, pero la dirección de Salud de Cáceres aún no había realizado los correspondientes análisis para saber qué la había causado.

Los sanitarios aseguraban que la infección no revestía gravedad

El agua de la red pública parecía estar descartada en un principio

Días después, se confirmó que el origen de la infección era un virus

Las fuentes sanitarias descartaban en un principio que el agua fuese el origen y la vía de transmisión de esta infección, aunque igualmente enviaron muestras de la red general de abastecimiento para confirmarlo. También habían trasladado a Cáceres muestras de heces y sangre de los pacientes afectados, con el objetivo de que los análisis determinaran cuál era el motivo exacto de la infección.

Mientras tanto, el personal sanitario del centro de salud de Valencia de Alcántara estaba completamente desbordado. Llevaba varios días atendiendo a decenas de infectados que se acercaban con los mismos síntomas. Una media de 40 o 50 personas habían pasado diariamente por sus instalaciones, aunque desde el 23 la cifra había comenzado a reducirse. En total, a día 24 de agosto, se calculaba que había alrededor de cuatro centenares de afectados (casi el 10% de la población).

No obstante, la infección no estaba considerada como algo grave, ya que sus síntomas remitían a los dos o tres días en la mayoría de los que la sufrían, aunque sí quedaban algunas secuelas de cierto abatimiento y dolores musculares que se alargaban un poco más. Solo una persona tuvo que ser hospitalizada, pero se trataba de un enfermo aquejado de otras dolencias al que la infección le suponía solo una complicación más añadida.

Lo impactante de la enfermedad, por tanto, no era su gravedad, sino la rápida transmisión y el gran alcance que había tenido en una localidad tan pequeña como Valencia de Alcántara. Al parecer, había algunas familias enteras afectadas. Además, los médicos sospechaban que podrían existir aún más infectados, ya que muchas personas, al tener los mismos síntomas que algunos de sus allegados o conocidos, podrían haber decidido no acudir al centro.

Aunque el agua de la red pública parecía estar descartada como posible causa infecciosa, se aconsejó, por precaución, a los habitantes abastecerse preferentemente de agua mineral o hervida.

El director provincial de Salud de Cáceres, el doctor Mauro Ramos, intuía que la causa de la infección podría ser un virus. Aún no tenían los resultados de los diagnósticos para confirmarlo, pero todo hacía pensar en ello. «Creemos que el origen está en un enterovirus que se transmite de persona a persona, igual que la gripe o el sarampión. Son virus que en sus portadores no afectan al intestino pero que en determinadas circunstancias dan guerra, como está pasando ahora en Valencia de Alcántara», manifestó a este periódico. La combinación de determinados factores, como las condiciones del centro de salud o la situación meteorológica, podían haber favorecido el desarrollo de estos gérmenes.

Además, él también descartaba toda posibilidad de que el agua fuese el motivo, porque en ese caso «prácticamente todo el mundo se habría contagiado».

Origen vírico

Unos días después, y con los análisis ya realizados, el doctor Ramos confirmaba que la epidemia tenía un origen vírico, tal y como sospechaban. «Puesto que no hemos encontrado ninguna bacteria que pudiera ser responsable del cuadro médico de estos pacientes, por diagnóstico de exclusión se llega a la conclusión de que ha tenido que ser un virus», explicaba a HOY.

Las pruebas, por tanto, corroboraban lo que habían pensado desde el primer momento: «Remitiendo a las 48 horas, como parece que lo hace esta enfermedad, y sin necesidad de tratamiento con antibióticos, solamente con hidratación y dietas en la mayoría de los casos, todo hacía indicar que era un virus».

A pesar de ello, todavía se desconocía el tipo de germen concreto del que se trataba, aunque parecía pertenecer a la familia de los rotavirus, uno de los tipos que causan la gastroenteritis.

Numerosos afectados por este mal siguieron acudiendo al centro de salud de Valencia de Alcántara durante los siguientes días. Fuentes sanitarias aseguraban que entre 600 y 700 pacientes habían desfilado ya por las dependencias del recinto en poco más de una semana, sobrepasando ampliamente la cifra inicial de 400 personas.

Afortunadamente, el asunto no tuvo mayores consecuencias para los vecinos de la localidad.