Adolescentes

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Manuela Martín
MANUELA MARTÍNBadajoz

La patronal española prefiere nuevas elecciones a un gobierno en el que participe Unidas Podemos. Considera que las medidas que se tomarían serían perjudiciales para la economía; los intelectuales de izquierdas, por el contrario, imploran a Sánchez e Iglesias que se entiendan y eviten una nueva cita electoral. Mientras, la ciudadanía asiste atónita a la función de teatro político inaugurada el 28 de abril y que amenaza con no tener fin, ni siquiera elecciones mediante.

El final ya está escrito, si atendemos a los socialistas, que han rechazado una tras otra las ofertas de Podemos, pero no hay que descartar un último giro de guion, de esos que tanto gustan a los asesores que piensan que la política real debe ser tan emocionante como las series televisivas.

Ya lo recordaba Javier Cercas en su magnífico discurso del Día de Extremadura: es bueno que la política sea aburrida, que se dedique a resolver los problemas de los ciudadanos, a impulsar el progreso de las sociedades que gobiernan y no a crear conflictos donde no existían previamente. Pero está visto que los políticos que nos han tocado en suerte no están de acuerdo con ese principio. No soportan el aburrimiento que acompaña a la política sensata y se entretienen en jueguecitos, en estrategias que le den emoción a la tediosa tarea de gestionar los asuntos públicos. Del gobierno les gusta no el trabajoso afán de analizar problemas y buscarles soluciones. Les gusta el PODER, (con mayúsculas), su pompa y su aparato. No sé quién puso en circulación la idea, pero hago mía la tesis de que los líderes actuales son adolescentes perpetuos. Creen que han inaugurado el mundo y la culpa de lo malo que les pasa es siempre de otros, nunca suya.

Si finalmente fracasa la investidura, se pondrá en marcha la operación 'buscar al culpable'. Se trata de convencer a los electores de que si España vive un interminable bloqueo político es porque sus rivales lo han querido. Iglesias culpará a Sánchez; este a Iglesias y a la derecha; Y Casado y Rivera a PSOE y Unidas Podemos. Y quien tenga más poder de convicción será premiado en las elecciones que parece que se avecinan. Ustedes deciden.

Parece lógico pensar que la responsabilidad máxima por la repetición electoral, si al final se produce, se le endose a Pedro Sánchez. Él, como ganador de las elecciones, es el principal actor de una obra frustrada. ¿También al PSOE? Pues también tiene su cuota de responsabilidad. No deja de ser dramático que las decisiones claves de un partido al que se le llena la boca hablando de la solera y la solvencia que le otorgan sus 140 años de historia estén en manos de un soldado de fortuna como Iván Redondo. Y siempre en función de sus juegos y sus intereses particulares.

¿Dónde está ese PSOE que presume de haber sido el motor de la modernización de España? ¿Callado? ¿Retirado, o resignado a que sea la suerte infinita que parece acompañar a Pedro Sánchez la que les asegure una estancia larga en el poder, aunque sea en funciones?

Y no están mejor el resto de los partidos. El PP, que jubiló a quienes participaron en los gobiernos de Rajoy, no encuentra su sitio. Todavía le viene grande el traje de 'gran partido de la derecha'. Ciudadanos, que nació para renovar la política y llevarse a sus filas a todos los que abominaban de la corrupción del PP, adelgaza semana a semana. Unidas Podemos ha tropezado en todas las zancadillas posibles y hoy aparece dividida y agotada, subsidiaria de un Pedro Sánchez inclemente.

Si nos convocan el 10 de noviembre, los españoles probablemente acudiremos a votar, a pesar del cansancio por este bloqueo interminable.

Quizá porque a diferencia de los políticos los ciudadanos sí tenemos a gala cumplir con nuestras responsabilidades. No sería una buena noticia que la abstención fuese alta, que los españoles le diésemos la espalda a los políticos, por más que estemos convencidos de que son los eternos adolescentes, inmaduros y caprichosos, que no están a la altura que este país se merece.