Adiós al puerto del Zángano

Consultemos a los lingüistas y especialistas antes de tomar decisiones como las de cambiar los nombres de lugares. Evitemos destruir la toponimia antigua, preservar así los restos lingüísticos del pasado que nos posibilitan conocer la lengua, la forma de pensar y la cultura de nuestros ancestros

MANUEL MAÑAS NÚÑEZProfesor de Filología Latina de la Universidad de Extremadura

Adiós al topónimo Puerto del Zángano, adiós a parte de nuestro patrimonio lingüístico, histórico y cultural. Desconocemos los motivos por los que la Corporación municipal de Puebla de Obando ha decidido cambiar este topónimo, pero intuimos que habrá considerado un desdoro para el municipio tener tan cerca un puerto llamado El Zángano, un animal que en español tiene connotaciones peyorativas: «persona floja, desmañada y torpe» o «persona holgazana que vive del trabajo ajeno». Entendemos que el pueblo no quisiera verse identificado con estos significados desfavorables que subyacen al término 'zángano'.

Pero en toponimia y, más concretamente, en oronimia, la palabra 'zángano' no tiene estos sentidos peyorativos; luego cambiar el nombre al Puerto del Zángano es un error, pues se ha obviado que es un topónimo y, seguramente, muy antiguo, que no guarda relación alguna con el 'zángano' del español moderno. Analizar un topónimo antiguo desde parámetros léxicos actuales es un anacronismo y un error. Creer que el significado original de un topónimo antiguo se corresponde con el de su homófono actual es un error.

La Puebla de Obando es un pueblo antiguo, fundado en el siglo XVI, y su nombre original fue Puebla del Zángano, precisamente porque el pueblo se asentaba a las faldas del paraje conocido como El Zángano, donde se encuentra el llamado Puerto del Zángano, paraje y puerto que ya existían y tenían nombre propio antes de crearse el pueblo. Y dicho nombre, claro está, nada tiene que ver con el macho de la abeja reina ni con ninguno de sus actuales significados despectivos.

El étimo El Zángano, entonces, es un nombre más antiguo que el poblado, seguramente mucho más antiguo, pues sabemos que la toponimia se conserva casi invariable durante milenios.

Efectivamente, el Puerto del Zángano es un paso entre montañas, el lugar por donde siempre se ha cruzado la sierra. Así que su significado originario ha de tener un valor oronímico. Es altamente probable que su etimología esté relacionada con la raíz indoeuropea *sengh-, «caído, hundido», recogida por Pokorny (IEW, 906) y presente en distintas lenguas, como en bretón medio sanca: «pinchar, apretar, imprimir alguna marca», y en el bretón moderno sanka; en galés sang: «opresión», y sangu, sengi, sang, sangiad: «pisar»; o en vascuence zanga: «fosa, zanja», lengua en la que también hallamos las voces sanko y zanko, de estirpe euskérica, con el significado de «quebrada, paso estrecho entre montañas o hendidura de una montaña». Se trata, en definitiva, de una raíz indoeuropea, quizás adoptada por el celta y pasada a través de esta lengua al vasco, dando la raíz sang-> zang, si admitimos la intervención de una lengua indoeuropea precéltica, como hace Villar.

Pues bien, nuestro topónimo El Zángano, lejos de significar ningún animal, lo que indica es que entre la sierra del Cancho y la sierra Luriana hay una depresión, quebrada o hendidura que facilitan el paso de dichos montes. Por ello, el hablante, en su lengua primitiva, quizás céltica o anterior, denominó a este punto geográfico El Zángano. Posteriormente, al lugar por donde se trazó el camino para atravesar las montañas se le debió denominar Puerto del Zángano, cuyo significado originario y real era «puerto o paso de la zanja, quebrada o hendidura» entre las dos sierras, la del Cancho y la de Luriana. Sería casi una tautología: «puerto de la puerta natural entre dos montes». Apoya nuestra hipótesis etimológica el hecho de que junto al Puerto del Zángano se encuentra el cerro de la Horca, que no es un cerro donde se ahorcara a nadie, sino un «punto de unión entre dos montañas o sierras», las ya mencionadas sierras del Cancho y Luriana.

Vemos, entonces, que el nombre de El Zángano puede tener una antigüedad de casi 3.000 años y que su significado es claramente oronímico, sin relación alguna con el mundo apícola ni con los vagos u holgazanes. Así, el arroyo Zanganillo, que parece que, por ahora, conservará su denominación, recibe su nombre por nacer en El Zángano. Si se le cambiara el nombre, ya no entenderíamos el refrán «cuando la sierra Gorda se pone la capa, el pueblo y el Zanganillo se empapan».

Y relacionados con esta misma raíz hallamos en la sierra de San Pedro una finca y un arroyo denominados Zangallón (Alburquerque). También existen arroyo del Zángano (Jaén) y El Zángano (Málaga y Salamanca).

En conclusión, cambiar el nombre del puerto del Zángano por el del puerto de la Caseta es una decisión arbitraria y sin ninguna motivación científica, un error derivado del desconocimiento.

Consultemos a los lingüistas y especialistas antes de tomar estas decisiones. Evitemos destruir la toponimia antigua, para preservar así los restos lingüísticos del pasado que nos posibilitan conocer la lengua, la forma de pensar y la cultura de nuestros ancestros.

 

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