El foco para Vergeles

La sanidad es el asunto que más opiniones polarizadas concita, entre los políticos y los ciudadanos, pero es evidente que Fernández Vara ha querido situar a Vergeles en un nivel especial

José María Vergeles y Guillermo Fernández Vara se saludan durante la toma de posesión del gobierno regional./Brígido
José María Vergeles y Guillermo Fernández Vara se saludan durante la toma de posesión del gobierno regional. / Brígido
Pablo Calvo
PABLO CALVOCáceres

El presidente de la Junta de Extremadura oficializó el lunes los miembros de su ejecutivo, cuyos nombres y departamentos ya eran del dominio público a esas horas. Durante el fin de semana se habían ido conociendo las personas y sus áreas de actuación, lo que tuvo el efecto de restar interés a la comparecencia de Fernández Vara. De aquel cuaderno azul inescrutable en el que José María Aznar escribía el nombre de sus ministros, se ha pasado a la estrategia de las hojas sueltas para copar el máximo de espacio entre la opinión pública. Lo puso en práctica Pedro Sánchez, dando a cuentagotas los nombres de su gabinete, y ahora se ha repetido aquí, pero sin el mismo tirón mediático de las incorporaciones.

Al hecho de que cuando apareció el presidente extremeño todo estaba ya contado, se sumaba que, efectivamente, los cambios respecto al anterior ejecutivo regional han sido escasos. La idea de continuidad ha prevalecido en el cuaderno de Vara a la hora de diseñar su nuevo gobierno, que se ha alargado y ensanchado eludiendo repetir las macroconsejerías.

La principal novedad, y la que concita más morbo si se interpreta en clave sucesoria, es el ascenso del anterior consejero de Sanidad y Políticas Sociales a vicepresidente. José María Vergeles se coloca así entre los candidatos a tomar el relevo de Fernández Vara, que, salvo sorpresa, mantendrá la limitación de mandatos y cumplirá, por tanto, su última legislatura al frente del gobierno regional.

Durante el último debate de investidura, y más allá de las habituales pullas dialécticas con las que cada uno intenta marcar territorio, los grupos políticos coincidieron en apuntar los problemas que padece Extremadura. El desempleo, la despoblación, la formación de los recursos humanos, el acceso a la vivienda... Sin embargo, la sanidad extremeña no forma parte de esa visión más o menos unánime, y la opinión que se tiene de su funcionamiento no puede ser más distinta según hable de ella el gobierno o la oposición.

Se trata del asunto que más se presta a la polarización, tanto entre los partidos como entre las ciudadanía, y mientras para los que han tenido responsabilidad durante los últimos años sobre ella, aun reconociendo los desajustes que pueda ocasionar el día a día y la limitación de recursos, es un sistema de salud eficiente y motivo de orgullo, para el resto de formaciones es un ejemplo de mala gestión que lastra la calidad asistencial que se presta a los pacientes. No es casualidad que el de Vergeles fuera el único nombre de entre todos los consejeros que citaron los portavoces de la oposición durante la sesión de investidura, para criticarle.

Es evidente, sin embargo, que el presidente de la Junta está satisfecho del trabajo del titular de Sanidad, igual que del resto de consejeras que han repetido, pero además le ha querido situar con esa vicepresidencia en un nivel especial para darle su propio foco. A la carrera sucesoria aún le faltan muchos kilómetros por delante, pero Vergeles ya está ahí.

Las dos incorporaciones del nuevo gobierno proceden en ambos casos del ámbito municipal, con una corta experiencia además en el campo de la gestión. Rafael España y Nuria Flores merecen ser juzgados, en cualquier caso, por el resultado de las acciones que puedan desarrollar a partir de ahora al frente de Economía y Agenda Digital y Cultura y Turismo, respectivamente.

Se amplía así un gobierno autonómico que en 2015 quedó reducido al mínimo vital para hacer profesión de fe de aquello que más encandilaba entonces a los ciudadanos, sufridores de la crisis económica: la austeridad, principalmente si se trataba de administrar dinero público.

Esto parece que ya se ha acabado. No me refiero tanto a la Administración regional, que aún tiene pendiente desarrollar toda su estructura intermedia, sino a lo que ya conocemos de algunos ayuntamientos. La salud económica de la clase política y el nivel de contratación ha mejorado, sin duda, a una velocidad mucho más rápida que la del resto de los ciudadanos, según vemos en estos primeros días tras la formación de los consistorios.

La administración local se ha liberado de cualquier corsé y ha dado rienda suelta a la incorporación de asesores destinados a ayudar a los elegidos para aquellas tareas para las que creíamos que ya estaban suficientemente preparados. Tendrán más ayuda aunque también tendrán más tiempo para dedicarse en exclusiva a sus responsabilidades municipales, porque, contradictoriamente, el número de liberaciones también ha aumentado de forma sustancial.

La palma se la lleva el ayuntamiento de Badajoz, con 14 ediles en nómina. Muchos más, por cierto, que el número de consejeros del gobierno de Extremadura.