VEN A LO ABIERTO, AMIGO MÍO

VEN A LO ABIERTO, AMIGO MÍO
EUGENIO FUENTES

Ahora que comienza un nuevo curso, uno airea a fondo su casa, levanta las persianas y limpia todo el polvo acumulado por el verano en los cristales sucios de septiembre. Bajo la nueva luz de las ventanas transparentes, abre un libro de poemas de Friedrich Hölderlin y se encuentra con unos versos en los que no había reparado en una lectura anterior: 'Ven a lo abierto, amigo mío, aunque sea poca luz la que desciende hoy / y el cielo nos encierre en la angostura […] Hoy el día es gris, duermen las callejuelas y caminos / y casi me parece que de nuevo estuviéramos en una edad de plomo'.

En esta oda, 'Paseo en el campo', Hölderlin invita a su amigo Christian Landauer a un paseo por la campiña suaba, a dejarse arrastrar al exterior, hacia lo abierto, aunque el día esté oscuro y no parezca el más apropiado.

Hölderlin era hijo de la Ilustración, el movimiento que bajo un hermoso lema, 'Atrévete a pensar', propugnaba que cada persona tomara su camino de forma autónoma e independiente, a partir de sus propias reflexiones, sin someterse necesariamente a la autoridad de creencias ajenas. Ni la ignorancia era angelical ni la sabiduría era demoniaca, porque ni siquiera estaba demostrado que existieran los ángeles o los demonios. A nadie le caería una maldición bíblica por comer la manzana del árbol de la ciencia.

Y si en la creación literaria la Ilustración no alcanzó grandes cumbres, demasiado constreñida por el afán pedagógico y porque el canto quedó oscurecido por el discurso, en cambio, dio un salto de gigantes en el avance de los derechos al demostrar para siempre que, por un lado, el hombre puede elevarse sobre sus instintos primarios y que, por otro, el individuo no está al servicio de instituciones o ideologías de ningún tipo.

Hubo un momento en que parecía que este hermoso ideario iba a cumplirse: fue en Europa hacia 1760. Parecían sentadas las bases filosóficas para la tolerancia, las bases técnicas y científicas para el dominio de la naturaleza y para el bienestar humano. El hombre tomaba la responsabilidad de su destino: la ceguera podía curarse con una operación de cataratas, la máquina de vapor podía aliviar la fatiga del trabajo, las leyes podían acabar con la desigualdad.

Sin embargo, un siglo y medio después se comprobó que el destino de la humanidad es el eterno fracaso cuando la luz se entrevé al final del camino. No era la primera vez que todo se derrumbaba cuando se columbraba la Tierra Prometida. Los sueños de la Ilustración se convirtieron en pesadillas: el industrialismo aumentó la explotación laboral, de los viajes científicos alrededor del mundo germinaron la colonización y el racismo, la técnica más avanzada fue aplicada a la guerra, las masas se impusieron sobre el individuo y las utopías de igualdad entre todos los hombres en países como paraísos condujeron al exterminio en serie, a los campos de concentración y al Gulag.

Pero Hölderlin –que vivió sus últimos años, hundido en la depresión y la locura, recogido en casa de un ebanista que admiraba sus versos- no llegó a ver todo esto y, cuando aquí habla de lo abierto, no se refiere solo a lo geográfico o climatológico; lo abierto es salir a la luz desde la opresiva oscuridad anímica; lo abierto es acoger los nuevos tiempos y dejar atrás los errores, las hipotecas y los rancios conflictos del pasado; lo abierto es dar un paso adelante y cruzar fronteras y aduanas en busca de otros colores, otras comidas, otros ambientes, otros rostros; lo abierto es saltar desde lo local a lo universal; lo abierto es descorrer las cortinas y levantar las persianas para que entren el sol y el aire y se ventilen las atmósferas cargadas de miasmas, que provocan escalofríos; lo abierto es hablar con todos, con colegas y compañeros, con vecindades y asociaciones, pero también con los desconocidos, sin hacer caso a las viejas prohibiciones; lo abierto es la libertad de la crisálida cuando rompe el capullo que la envuelve para convertirse en mariposa y echarse a volar; lo abierto es dejar de creer que se viene al mundo para sufrir por los rincones como un triste ratón; lo abierto es salir a caminar con paso alegre y decidido, a correr y a brincar hasta expulsar la última gota de sudor; lo abierto es levantar la cabeza en la noche y mirar al cielo e identificar una a una las constelaciones; lo abierto es, ahora que llega el otoño, quemar los cuarteles de invierno que sirven de refugio al rencor y no pasar ni un día más entre las sombras y las sombras; lo abierto es, en fin, la luz.

Aunque los días sean más cortos en este septiembre que ya huele a otoño, no estaría mal dejarse llevar por las palabras de optimismo de Hölderlin y salir a lo abierto del campo y de la vida, sin temor al viento ni a la amenaza de las nubes, de modo que desde su inicio este nuevo curso sea benigno incluso en los días más fríos y oscuros del invierno. Solo hay que dar el primer paso: 'Por eso espero que cuando empecemos / lo deseado, se liberará nuestra lengua, / y encontraremos las palabras, y exultará el corazón, / y de la frente embriagada nacerán más altos pensamientos'.