Abatimiento

Abatimiento
BEATRIZ MUÑOZ

Permítanme que sin preámbulos comparta dos sucesos que por sí solos darán sentido al título de este texto. Después, si aún les quedan ganas, quizá compartan conmigo inquietudes que suscitan.

Del primero de ellos tuve conocimiento hace unas semanas. La Fiscalía de Málaga alertaba de una 'nueva moda' entre niños consistente en grabarse en videos sexuales para luego subirlos a Internet. El detonante había sido el aviso a las autoridades españolas de una agencia del Gobierno de Estados Unidos, la National Center for Missing and Exploted Children, dedicada a rastrear Internet y redes sociales para buscar a menores desaparecidos o víctimas de algún delito. Esta agencia dio con el vídeo de un niño de 10 años de Málaga. No había adultos por medio, nadie se lo había robado, él solo se había grabado masturbándose y lo subió a la plataforma Youtube con el único objetivo de conseguir muchos 'me gusta'. Cuando salió la noticia supimos que hace un año, otro niño, también de Málaga y sin ningún tipo de conexión con el anterior, había hecho lo mismo con idéntico objetivo.

El siguiente caso se refiere a un individuo que hace unos días escribió un tweet en el que contaba que le habían hecho una felación, que había sido la mejor de su vida porque «la chica usó muchas babas» y terminaba diciendo que «alguna ventaja tiene que tener el Síndrome de Down». Imagino que ahora mismo estarán con las manos en la cabeza, presos de la conmoción y cuando pasen unos minutos, al igual que me pasó a mi, acabarán en una especie de montaña rusa emocional que les llevará de la desolación a la ira, de nuevo a la desolación y una vez más a la ira. Parece ser que el tipo en cuestión es humorista y trabaja en una plataforma de televisión; el tweet tenía más de 3.500 'me gusta' y su número de seguidores llega casi a los 64.000. Pienso con preocupación que es probable que sea la envidia de esos dos niños malagueños y también de muchos otros.

Si los casos que les acabo de contar fueran hechos aislados no merecerían atención más allá de la de sus familias y profesionales de la salud mental y el trabajo social. Su lectura, sin embargo, debe trascender el plano individual pues a estas alturas ya sabemos que, con sus variantes, se repiten una y otra vez.

Así es. Si bucean en las redes con frecuencia se habrán visto sobrecogidos por comentarios o sucesos de similar naturaleza. En mi caso también se amontonan las dudas e ideas. Pienso en nuestra vulnerabliidad como individuos ahora que la 'idea de sociedad' parece ser más frágil. Busco referentes sociales, políticos y culturales, los someto al escrutinio y me pregunto si existe un cierto exhibicionismo aprendido o quizá contagioso. Reflexiono sobre la importancia creciente de la 'popularidad' en la construcción de las identidades personales y a qué precio y límites. ¿Será así? Por supuesto me interrogo sobre la educación y las corresponsabilidades educativas, sus negligencias, ocurrencias y las dificultades para identificar y abordar nuevos problemas sociales. Busco respuestas.

Podría seguir. Hay días, muchos, en los que aparece el abatimiento. Entonces recuerdo a Ray Bradbury y sé que necesito una «inyección de fantasía» para sobrellevar la realidad. Una buena película o un buen libro, un vino con un amigo, unas risas con otros o, sencillamente, un sillón donde soñar despierta. «Una inyección de fantasía diaria» que proteja del miedo y ayude a mantener la esperanza y las ganas de actuar.