Más de 4.000 mentes prodigiosas ocultas

Más de 4.000 mentes prodigiosas ocultas

La falta de un protocolo de detección precoz en la escuela extremeña impide destapar a todos los menores con altas capacidades que hay en la región

Ana B. Hernández
ANA B. HERNÁNDEZ

Veía que mi hijo era despierto, que demandaba cosas, que experimentaba con las palabras nuevas y que le gustaban juegos con los que no se divertían la mayoría de niños de su edad», explica Catalina Pulido, madre de un niño con alta capacidad.

La maestra que el menor tuvo en primero de Infantil corroboró a Catalina lo que ya intuía, que su hijo iba por delante de los demás. «Y en primero de Primaria empezaron los problemas, porque el niño se aburría en clase». Decidieron hacerle una evaluación privada que confirmó que su coeficiente intelectual (CI) estaba muy por encima de la media. «La presentamos en el colegio, le hicieron otra que confirmó los resultados y decidieron adoptar medidas», continúa Catalina. En concreto, sacarle del aula dos horas a la semana «para hacer otras cosas que le motivaran». La medida se prolongó durante Primaria y el menor terminó rechazándola, «porque se aburría igualmente». Está realizando la Secundaria sin ninguna media ordinaria ni extraordinaria que atienda su alta capacidad.

Pero en este caso, tanto sus padres como el propio menor conocen cuál es su realidad y cuentan con recursos para procurar su desarrollo, aunque fuera del aula. En otros casos, sin embargo, no solo no se llega a potenciar la alta capacidad del menor, sino que fracasa en los estudios. Cuando ni padres ni entorno social ni escuela detectan su potencial. «Y entonces molestan en clase, se les riñe, se desmotivan, no quieren ir al colegio y, a veces, abandonan».

«Se aburren, empiezan a portarse mal, les riñen y no quieren ir a clase», explican las madres

De ahí que la Asociación de Apoyo de Altas Capacidades de Extremadura (A3CEX) demande la puesta en marcha de un protocolo de detección que busque a esas mentes prodigiosas que son diferentes a los demás, porque aprenden de otra forma, habitualmente más rápido y en mayor profundidad. Algo que ya se está haciendo en otras comunidades autónomas. Los últimos datos publicados al respecto por el Ministerio de Educación dicen que en Extremadura hay 266 menores que tienen alta capacidad. Es decir, la facultad excepcional que tienen algunas personas de aprender o razonar.

Este número representa el 0,14% de la población escolar extremeña, cuando el parámetro más restrictivo para estimar el número de superdotados, tener un CI superior a 130, establece que es un 2% de su población escolar. En Extremadura, por tanto, más de 4.000. Una cifra que nada tiene que ver con los reconocidos, aunque los datos facilitados por la Consejería de Educación elevan los del Ministerio. Según el departamento que dirige Esther Gutiérrez, los alumnos identificados con necesidades específicas de apoyo educativo por altas capacidades intelectuales son 306. Son con los que se han puesto en marcha medidas extraordinarias o excepcionales de atención a la diversidad, habitualmente ampliación de los contenidos que tocan en el curso de turno, y 40 de ellos tienen aplicada la medida excepcional de flexibilización de curso, es decir, se ha escolarizado al alumno en un curso superior al que le corresponde por edad. Educación deja claro que en estos números no está recogido el alumnado con el que se esté actuando a través de medidas ordinarias.

No obstante, el número no se aproxima al 2% y está muy lejos de los detectados en otras comunidades autónomas en las que se aplican protocolos de identificación. «Porque esa detección precoz es la que está haciendo posible que, por ejemplo, en Murcia el número de menores con altas capacidades esté cercano a los 3.700 y no es aún tampoco el 2%», deja claro Fátima Murciano, presidenta de A3CEX y madre de dos niños con altas capacidades.

«Un equipo de la Universidad de Murcia ha desarrollado planes de atención, formación y detección que la Administración está aplicando para llevar a cabo una identificación proactiva de los menores con alta capacidad». Fátima Murciano asegura que las pruebas se hacen a todos los niños de primero de Primaria. «Y aunque se trata de un método que tiene que ser mejorado, porque se dan tantos falsos positivos como falsos negativos, al menos se ha empezado a trabajar, igual que en Andalucía o Canarias, las comunidades que lideran el ranking».

Es lo que la entidad demanda en Extremadura. Una detección proactiva que haga posible destapar a los superdotados y que vaya seguida de una atención a sus necesidades educativas. Sin que la iniciativa tenga que partir de los padres o de los docentes y sin que suponga una carrera de obstáculos en algunos casos.

«La alta capacidad es una necesidad educativa que hay atender, del mismo modo que se atiende la de aquellos que requieren ayuda para superar un curso», explica Catalina Pulido.

«Hay demasiados estereotipos que nos frenan a la hora de detectar a estos niños», dice María Fernández, madre de otro menor con alta capacidad. «El sistema educativo no está preparado, pero además hay mucho desconocimiento sobre cómo es un niño superdotado, de tal modo que solo se detecta a los brillantes, los que tienen alta capacidad y alto rendimiento». Pero, deja claro, «un menor con alta capacidad no tiene que sacar buenas notas, ni tiene que ser un niño extraño, ni tiene por qué no saberse relacionar con sus compañeros».

Fátima Murciano es madre de dos niños con alta capacidad. El mayor de ellos es el único caso que hay en la región en que un niño ha sido acelerado en dos ocasiones, es decir, se le ha pasado de curso dos veces ya. Ahora tiene 11 años y en septiembre comenzará segundo de ESO.

«Yo fui la que pedí la evaluación para mi hijo y las medidas educativas para atender su potencial», señala Fátima. El menor no hizo primero de Primaria y quinto y sexto los superó en un solo curso. Con 10 años, este curso pasado ha hecho primero de ESO. «Me dijeron que se iba a estrellar», recuerda. Pero su hijo ha superado el curso con sobresaliente, «y mi hijo está perfectamente con sus nuevos compañeros». Por eso Fátima agradece el apoyo que tuvo de los dos orientadores del colegio Arias Montano para que se le aplicaran estas medidas extraordinarias a su hijo mayor y que ya están en marcha también para su hijo mediano.

María Fernández no solo contó con el apoyo de docentes y orientadores, sino que fueron estos profesionales quienes detectaron el potencial de su hijo. «Yo veía que era un niño despierto, que hablaba desde pequeño mucho y bien, que antes de los 18 meses controlaba los esfínteres, que antes de los dos años montaba en bici, que con cuatro sabía leer sin que nadie le enseñara...». Pero no fue hasta que su maestra de segundo de Infantil le dijo que su hijo tenía necesidad de aprender cuando María Fernández comenzó a intuir que su hijo tenía alta capacidad. Las pruebas determinaron que su CI está muy por encima de la media y, por eso, primero le ampliaron los contenidos y después le pasaron de curso.

La aceleración es, de hecho, la medida más extraordinaria que hasta el momento se está aplicando en Extremadura como respuesta educativa a la necesidad de aprender que tiene un menor con alto potencial. «Pero hay otras muchas formas, diversas alternativas para atender a estos menores, como pueden ser, por ejemplo, las aulas de desarrollo de capacidades, de las que no sabemos nada en Extremadura; lo cierto es que queda un largo camino por recorrer», resume Fátima Murciano. Pero antes de todo, hay que saber detectar las mentes prodigiosas que hay en las aulas. «Debemos hacerlo en su favor y también en favor de la sociedad», deja claro la presidenta de A3CEX.

«En favor de los menores porque tienen derecho a su pleno desarrollo y en favor de la sociedad, porque su mayor capital es el humano y las personas altamente cualificadas determinan el progreso de un país, son capaces de dar soluciones nuevas a los problemas de siempre».

Desde su punto de vista, los resultados del Informe PISA «quizás lo que están poniendo de manifiesto es que el sistema se traga a los excelentes». Un sistema rígido que posibilita solo la atención a la homogeneidad y que hace por eso que escolares con mucho potencial se aburran, se desmotiven, se frustren y se depriman. «Y que hablemos después de fracaso escolar, cuando deberíamos decir fracaso social». Porque recuerda, como señala el experto Javier Tourón, que «el talento que no se cultiva se pierde». En las aulas extremeñas lo hay, igual que en el resto de comunidades autónomas. Pero hay que ponerse a buscarlo, para avanzar en la complicada atención a la diversidad.

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