El hijo del colono

El empresario extremeño Atanasio Naranjo. :: hoy/
El empresario extremeño Atanasio Naranjo. :: hoy

Atanasio Naranjo empezó con cuatro hectáreas y hoy gestiona 2.500

J. R. ALONSO DE LA TORRE

Su padre fue uno de los colonos pioneros del Plan Badajoz. Se instaló en Valdivia y recibió, como todos, cuatro hectáreas. Su hijo Atanasio (Villanueva de la Serena, 1956) tiene hoy 1.600 hectáreas propias, gestiona 900 hectáreas de otros productores, puede procesar hasta 1.300.000 kilos de fruta diariamente en su nave de Zurbarán y da empleo a 1.600 empleados en las Vegas Altas y Bajas de Badajoz y en la Raya.

Atanasio Naranjo, o sea, Tany Nature, rey mundial de la fruta de hueso. Hijo de colono y de ama de casa, estudiante a trancas y barrancas, experiencias laborales en el mercado central de Legazpi y en Merco, casado con la chica de la que se enamoró a los 14 años y marcado por unos viajes comerciales a Barcelona, cuando se cruzaba con camiones que traían pollos y cerdos a Extremadura y se juró a sí mismo que algún día él llevaría camiones cargados de mercancías extremeñas a Cataluña. Y ha logrado su propósito.

Antes de convertirse en el mayor abastecedor europeo de ciruelas a Brasil, antes de copar el 80% del mercado sudafricano de fruta de hueso, antes de ser el más importante productor de ciruela de Europa y de enviar 300 contenedores de fruta de hueso de los primeros 900 que España exportó a China...

Antes de todo, con 29 años, Atanasio recorrió Brasil en avioneta para estudiar el mercado. También trabajó en Chile para conocer de cerca su revolución frutera y su apertura a los mercados mundiales. Se trae de manera clandestina semillas desde allí a Extremadura y cree llegado el momento de empezar a producir: tiene las semillas y las variedades, tiene el clima extremeño, consigue dinero gracias a un crédito de la Banca Pueyo y compra 200 hectáreas en La Siberia a 180.000 pesetas cada una. Pero no era fácil exportar fruta desde Extremadura siendo extremeño y no siendo cooperativa. Atanasio entra en una fase psicológica de cambiar y convencer. Pero no es fácil. Tanto que él hablaba de fruta de hueso, riego por goteo y venta internacional y la Universidad de Extremadura le arroja un jarro de agua fría al concluir en un estudio que no era posible cultivar fruta de hueso en Extremadura por logística.

Como Atanasio había desobedecido de joven a su padre, se sentía con fuerzas para desobedecer también a la Universidad de Extremadura, da el paso adelante y al poco aparecen en su casa los grandes supermercados con afán comprador. Todos los esfuerzos anteriores empiezan entonces a dar sus frutos, nunca mejor dicho y hoy, Tany Nature produce, además de en las cuatro hectáreas de su padre en Valdivia, en fincas de Andalucía, Duero, Tiétar, Alentejo y Extremadura.

Escucho a Atanasio desgranar su filosofía empresarial: «Los emprendedores buenos no tienen envidia de otro emprendedor... No creo en eso de que mis hijos no pasen lo que yo he pasado, creo, por el contrario, que deben pasar por donde yo he pasado, eso es básico para la cultura del emprendimiento... Creo en las cuatro haches: honradez, humildad, humanidad y humor... Mis referentes son Mango, Alsa, Inditex, Mercadona y Cristian Lay... Quiero que mis empresas sean agrícolas, rurales, sociales y extremeñas...».

Cuando Tany Nature se instaló en Valdivia, las muchachas del pueblo emigraban a Palma de Mallorca. Hoy, da empleo a 1.400 mujeres entre abril y noviembre. Pero pronto se ampliará la temporada alta de empleos porque Tany Nature ha plantado 300 hectáreas de espárragos en invernadero, que darán empleo en enero y febrero, y procesará en invierno naranjas andaluzas.

Atanasio es socio de Iberitos. No cree que sea bueno el monocultivo del tomate en Badajoz o del tabaco en Cáceres porque es demasiada dependencia de un producto. Y tiene planes para Cáceres: cultivos sociales, plantaciones de especies leñosas en las zonas quemadas de Gata. El hijo del colono no para, quiebra estereotipos extremeños y señala el camino.