Todo el 'finde' en casa

Tarde de domingo encerrados en casa. :: hoy/
Tarde de domingo encerrados en casa. :: hoy

Se ha puesto de moda el nesting: no salir de viernes a lunes

J. R. ALONSO DE LA TORRE

Los poetas y los cantantes suelen dedicar versos y acordes a las tardes de domingo. Vienen a decir que los fines de semana, sobre todo los domingos, están hechos para el colacao caliente, la manta y el sofá, para dormitar y dejarse llevar por un hastío creciente que nos acaba consumiendo y sumergiendo en un estado de predepresión abúlica y apática. Tristeza de domingo pegajosa e interminable. Y así desde siempre.

De niño, el domingo era el día de la mala conciencia. Empezabas el fin de semana con la euforia de los planes inmediatos y los sueños por cumplir. Pero avanzaba el sábado y no pasaba nada, llegaba el domingo y el convencimiento de que ese fin de semana tampoco serías el elegido se mezclaba con la inquietante sensación de no haber hecho los deberes.

Hacer los deberes: ese trauma infantil que te acompaña toda la vida durante los fines de semana. Esta vez sí que ordeno la mesa de trabajo, sí que saco la ropa de primavera, sí que hago el deporte que aplazo, sí que leo los libros pendientes... Pero acabas tumbado en un sofá, buscando en televisión una comedia que te repare y no te hunda más aún y llegando al final del fin de semana con tal irritación que te convences, como siempre, de que donde estén los lunes, que se quite el resto de los días.

Pero eso era hasta ahora. Después de Ikea, todo ha cambiado. 'Bienvenido a la república independiente de tu casa', han pintado los suecos en los felpudos, y las parejas jóvenes han descubierto que como en casa, no se está en ningún lado, frase que ya decían nuestros padres, pero solo tras regresar al hogar el uno de septiembre, tras un mes cargando con seis niños y una suegra en algún apartamento playero, pequeño, incómodo y lleno de arena.

Ahora, lo de como en casa en ningún sitio es la moda del fin de semana. Es más, a esta costumbre moderna de llegar al hogar el viernes, ponerse el chándal y las zapatillas de fieltro y encerrarse hasta el lunes, se le ha puesto un nombre. Porque ya saben que correr no mola, pero hacer running es flipante. Tirarse de un puente es una locura, pero se convierte en placer incomparable si se llama puenting y dar pedaladas aburridas en una bicicleta estática resultaba tedioso, obsesivo y desquiciante hasta que empezó a llamarse cicling.

Desde ya, quedarse en casa de viernes a lunes se llama nesting y es la mejor experiencia que el ser humano puede disfrutar durante la semana. Esta nueva tendencia se complementa con otras dos, acabadas también en -ing-, como todo lo que mola: el housewarming (calentarse en casa) y el grounded living (estar conectado a la tierra).

Desde ya, debemos acostumbrarnos a este vocabulario y prepararnos para esta moda que va a marcar nuestro tiempo. A las palabras anteriores, hay que añadir una actitud en retirada: la FOMO (miedo a perderse cualquier ocasión social) y dos que aterrizan: la JOMO (alegría de perderse en casa) y la FOGO (temor a salir).

Y esto es como todo: si muchas lenguas modernas, también las oficiales del estado español, se han creado, en parte no hace más de 200 años, en laboratorios lingüísticos, buscando léxico distinto y fijando normas, es natural que esta actitud moderna de quedarse en casa el fin de semana exija su vocabulario antes de convertirse en tendencia.

Parece ser que lo del nesting viene impulsado por las consultorías del sector de la decoración y los gurús de la arquitectura, lo cual es tan lógico como que Decathlon fomente el cicling, el running y el boxing. Además, el nesting tiene un abanico de actividades que enriquecen el encierro del 'finde' y que también tiene su expresión propia, en inglés, naturalmente: Me time (reservar momentos para mí y la cotidianidad de mi hogar). Y ahí aparecen los estudios científicos, que recomiendan la respostería o la jardinería para encontrarnos a nosotros mismos. Y punto y final, que yo soy extremeño, escribo esto en domingo y me voy al campo.