Mantas de lana extremeña para el confort danés

La diseñadora Charlotte Houman utiliza la materia prima de la oveja merina para sus creaciones artesanas y ecológicas

Mantas de lana extremeña para el confort danés
ÁNGELA MURILLO

Desde Cuacos de Yuste la diseñadora danesa Charlotte Houman pone un pequeño granito de arena en la felicidad y el confort de sus compatriotas. Según la última lista publicada por Naciones Unidas, Dinamarca figura un año más en el top ten de los países más felices del mundo. Aunque Noruega le ha arrebatado el primer puesto, presume de seguir en lo alto del ránking. El país no solo irradia positividad por su envidiado estado del bienestar; también contribuye lo que allí llaman hygge; un término de difícil traducción referido a esa atmósfera especial que convierte los hogares daneses en lugares cálidos y acogedores.

La diseñadora afincada en Extremadura crea mantas que encajan a la perfección con esa forma de entender el bienestar. Utiliza pura lana de ovejas extremeñas y evita los tintes. Los estampados surgen de la combinación de los colores naturales de la lana: el clásico blanco y el marrón característico de la merina negra criada en la comarca de la Siberia. Sus mantas cuestan unos 100 euros y, además de abrigar, decoran sofás y terrazas del país nórdico.

Charlotte conoce bien esta materia prima que tanto peso tuvo antaño en la economía extremeña. Desde joven la tejió con sus propias manos. «Teníamos ovejas que esquilábamos, para después hilar con rueca y tejer». A diferencia de lo que ocurre aquí, la lana sigue siendo muy utilizada en los países nórdicos. Allí es un bien apreciado por sus múltiples cualidades. «Aísla del frío, pero también del calor, no se moja fácilmente, es suave, duradera, natural, no pesa, transpira y es muy adecuada para bebés y personas alérgicas a sustancias químicas», dice. Teniendo tan cerca este material de alta calidad, nunca se le ocurriría «diseñar con un hilo sintético» .

Por desgracia, a pesar de sus muchos esfuerzos, la danesa no ha encontrado un lugar en la región con capacidad y tecnología para producir sus mantas. Después de mucho preguntar encontró un lavadero en Béjar (Salamanca), donde además de lavar también cardan la lana. Después invirtió un año y medio buscando un hilador, hasta que dio con una pequeña fábrica en Val de San Lorenzo, propiedad de Miguel Cordero y su hijo. Esta localidad leonesa vivió durante décadas de la elaboración de mantas para el Ejército. El negocio se desplomó en los ochenta cuando la milicia se pasó al textil sintético. Y ya solo quedan un par de negocios dedicados a esta antigua actividad.

Entre el diseño y el turismo rural

Charlotte Houman llegó a Extremadura en un viaje turístico en 1991. Acababa de terminar su carrera en la Escuela de Diseño de Dinamarca. «Pasé por Cuacos para ver el monasterio, y aquí me quedé». Desde entonces ha seguido diseñando obras de arte y piezas de decoración que ha expuesto en museos de todo el mundo. Se casó con un extremeño, tuvieron una hija e hicieron de La Vera su particular 'paraíso'. Allí combina el trabajo de diseñadora con un negocio de turismo rural enclavado muy cerca del que fuera el último retiro de Carlos V. Su estudio se encuentra en la planta superior de la Hostería Cantarranas. Antes de que esta casa de arquitectura verata se convirtiera en alojamiento turístico en 2003, la vivienda perteneció a la familia de su marido y ambos la restauraron durante dos años.

Para fabricar, la diseñadora no tuvo más remedio que ir a Madrid en busca de telares modernos adaptados a la técnica de Jacquard o de doble cara. Allí contactó con la firma Entex Textil. «Desde hace un año hemos realizado muestras de hilo de distintos grosores para dar con la calidad exacta. Una vez tejido, lo más importante es dar un acabado suave a la manta». Para eso hay que abatanarla y pasarla por una especie de percha que levanta sus fibras. Ese proceso se hace de vuelta en el pueblo leonés. Y es que en esta producción artesanal, la lana sigue un largo periplo: de Siruela a Béjar; desde ahí a Val de San Lorenzo; y luego a Madrid, para volver al municipio de León, y finalmente al distribuidor, «que de momento soy yo».

Charlotte retomó el diseño de mantas gracias a la propuesta de su amiga Concha Salguero, coordinadora de proyectos en la Asociación Trashumancia y Naturaleza. Entonces surgió una colaboración con la ganadería Cabello-Bravo de Siruela, que puso a su disposición 1.500 kilos de lana. Así inició la creación de un «producto funcional, útil y práctico». No la mueve solo un afán de lucro. Ella valora sobre todo la sostenibilidad y el medio ambiente. Su propósito es dar valor añadido a «la lana extremeña; proteger a las ovejas merinas negras; dar trabajo a las pocas fábricas españolas que quedan en el sector; evitar que toda la lana extremeña acabe en China y, de paso, intentar cambiar el enfoque para que los ganaderos se preocupen más por este producto».

A su juicio, los españoles han subestimado la lana desde la invasión de las fibras sintéticas. Aunque cada vez hay más diseñadores y empresas que trabajan con lana, cree que queda camino por recorrer, sobre todo por el coste de producción frente a las «fabricaciones sintéticas chinas que nos bombardean, pero el interés y la conciencia hacia productos ecológicos va en aumento».

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