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tribuna

Desmitificando el AVE y reivindicando alternativas

NO cabe duda que en Extremadura necesitamos dos trenes mixtos de altas prestaciones, uno desde Badajoz hacia Madrid por Mérida, Cáceres, Plasencia y Navalmoral, y otro desde Lisboa hacia Valencia, pasando por Badajoz, Mérida y Don Benito-Villanueva, potenciando el corredor europeo del Eje 16 (Atlántico-Mediterráneo), especialmente este último en el sector de las mercancías, para dar salida a las producciones de transformación agropecuarias autóctonas.

Muchos creen que el AVE es la salvación para Extremadura, cuando está demostrado que este tipo de infraestructura genera el efecto «succión» o «túnel» en zonas de baja densidad demográfica y/o sin una red de grandes ciudades, como es esta región fronteriza.

En buena medida, la culpa de que no tengamos un tren rápido hace mucho tiempo es porque hubo obsesión con traer el AVE, cuando era infinitamente más barato haber corregido las curvas del Tajo y algunos otros tramos sinuosos y ya estaría funcionando un tren tipo Alvia, de 200 kilómetros/hora en vías de ancho convencional. Asimismo, dado que Portugal ha rehusado la construcción del AVE desde Lisboa por Extremadura, ya tiene menos sentido aún esta demanda.

Por otra parte, insisto en que hay que desmitificar el AVE como instrumento de desarrollo, pues ya hemos visto que siendo España la nación del mundo occidental con más kilómetros de vía lineal construida no se correlaciona con su posición en el ranking internacional de riqueza; de hecho nos superan un buen número de países que no cuentan con AVE.

En este sentido, creo conveniente aclarar que las infraestructuras (hasta cierto nivel y adecuadas a las necesidades del entorno) son necesarias pero no garantizan 'per se' el desarrollo.

Veamos el caso de la ciudad de Córdoba que muchos tratan de poner como ejemplo de los efectos positivos del AVE, tras 25 años funcionando como estación y con una frecuencia de tránsito con 25 salidas diarias y otras tantas llegadas hacia Madrid y Sevilla, además de la parada de varios trenes Alvia y Altaria. Pues bien, las tasas de desempleo de Córdoba (26,18%) son más altas que las de Badajoz (24,47%) y, también, la renta per cápita anual de la ciudad de Badajoz (ocupa el puesto 411 de los municipios de España con 24.556 euros) es superior a la de la ciudad de Córdoba (ocupa el puesto 537 con 23.720 euros).

Abundando, si analizamos la evolución de la población de ambas ciudades, desde 1991 (un año antes de la inauguración del AVE) Córdoba ya contaba 310.488 habitantes y actualmente tiene 327.362, siendo siempre mayor que Badajoz. No obstante, Badajoz entre 1991 y 2015, sin AVE, ha crecido mucho más que Córdoba, pasando de 132.247 habitantes (1991) a 152.996 personas actualmente. Es decir, ha crecido más Badajoz en números absolutos (20.749 habitantes más) que Córdoba (16.874 habitantes más), siendo más pequeña y periférica, lo que quiere decir que Córdoba ha subido un 5,14% mientras que la población de Badajoz se ha incrementado en un 15,62%, o sea, ha aumentado proporcionalmente el triple.

Visto así, con datos objetivos y clarificadores, no parece que el AVE haya tenido ese efecto propulsor que se le atribuía en 1990, cuando los diferentes estudios gubernamentales y de entidades financieras o Cámaras de Comercio predijeron que en 2010 Córdoba rondaría los 500.000 habitantes.

Una situación similar a la de Córdoba ocurre con otras ciudades españolas muy bien conectadas por redes de transportes y comunicaciones, como son los casos de Albacete, Ciudad Real, etc, cuya evolución demográfica ni su estructura económica se corresponden con las previsiones que se hicieron con antelación a la construcción de esas infraestructuras, en las que se afirmaba su PIB aumentaría espectacularmente. En algunos casos, como Puertollano, incluso se han perdido casi el 10% de sus habitantes y el 15% del empleo en las dos últimas décadas. Por el contrario, podríamos poner muchos ejemplos del resto de Europa donde las ciudades sin AVE crecen a un ritmo notorio en sus economías.

Desgraciadamente, desde que llevo escribiendo sobre estos temas, el tiempo me sigue dando la razón frente a esos «concienzudos» análisis ministeriales y creadores de opinión. Parece desmontado el mensaje que al mayor nivel de infraestructuras no siempre le corresponde un mayor grado de riqueza; máxime, en regiones despobladas, done el efecto es perverso, como se ha evidenciado.

Con la obcecación por el AVE nos estamos olvidando que tenemos pendiente la construcción de la Autovía del Levante, por la Serena, (conecta Lisboa con el Mediterráneo), de mayor necesidad para la economía regional, por razones obvias (el 80% de las producciones se sacan por carretera en España y el 73% en el resto de Europa).

En definitiva, el desarrollo viene, sobre todo, por otras 'vías' basadas en factores denominados «capital territorial», ligados a la innovación, a la transformación de productos y a la capacitación de los recursos humanos. El escenario futuro pasa por invertir en estos factores (exijamos al Gobierno central que en compensación a la Alta Velocidad apoye diferentes sectores estratégicos, como el regadío y la industrialización agropecuaria, para modificar la estructura productiva de Extremadura, que es mucho más prioritaria por la generación de empleo y bienestar), sin descuidar la urgencia del tren de altas prestaciones y la autovía del Levante por el sur.