«Ninguna crónica merece el sufrimiento de mi familia»

Su abuela María Luisa, de 87 años, abraza a Ángel tras su reencuentro. :: rubén bonilla/
Su abuela María Luisa, de 87 años, abraza a Ángel tras su reencuentro. :: rubén bonilla

El periodista extremeño Ángel Sastre se reencontró ayer con su familia tras estar diez meses secuestrado en Siria

RUBÉN BONILLABadajoz

Era el centro de las miradas. Miradas cómplices seguidas de una sonrisa. Así fue el reencuentro del periodista extremeño Ángel Sastre con su familia y amigos en Extremadura. El dombenitense sigue recuperando su vida tras el secuestro sufrido durante 10 meses en Siria a manos de Al Nusra, filial de Al Qaeda, y ayer vivió un gran reencuentro con su familia y amigos. Pasó la mañana en la casa de su abuela en el barrio de San Roque de Badajoz y comió en Olivenza rodeado de cariño.

Por la tarde volvió a la capital pacense para ofrecer una conferencia en la que emocionó con el testimonio sobre su cautiverio. Entre otras reflexiones destacó el gran sufrimiento que ha soportado su familia. Sastre fue liberado el pasado 7 de mayo tras permanecer secuestrado desde julio de 2015 junto a los periodistas Antonio Pampliega y José Manuel López.

Ayer, sin embargo, todo fueron muestras de alegría. «Ya estamos todos», exclamó una de sus tías tras hacerse una foto juntos. La abuela María Luisa Artaloytia, de 87 años, era la más emocionada y, cada vez que podía, le abrazaba. «Lo que tengo que hacer para que nos juntemos todos», comentó sonriente Ángel entre los suyos.

La comida fue una gran celebración, una especie de cumpleaños atrasado ya que el suyo lo vivió en cautividad y ni siquiera se acordó «hasta bien entrado el día», confiesa.

Durante la mañana no dejaron de llegar miembros de la familia para verle en casa de su abuela en el barrio de San Roque. Ángel fue saludando entre llamada y llamada. El teléfono del reportero no paró de sonar y, entre llamadas y correos, no descansó ni un minuto. «No me da tiempo a contestar a todo el mundo», señaló.

Y claro, cuando se juntan varios tíos y los padres salen a relucir las anécdotas. Cuando era pequeño su madre le decía que, cuando se hiciera mayor, no fuera ni policía ni médico que ven muchas desgracias y la abuela recordó que, al oír los cohetes y los petardos, se escondía. El extremeño sonreía desde el sofá mientras mandaba más correos y asentía con la cabeza. «Siguen sin gustarme» añadió.

Entre compañeros

Ya por la tarde, acompañado de sus padres y tío, impartió una conferencia organizada por la Asociación de la Prensa de Badajoz en la Real Sociedad Económica Extremeña de Amigos del País. Ángel mostró el trabajo de un reportero de guerra y los entresijos de estar en primera línea de fuego.

La sala se llenó de sus compañeros para escuchar al periodista que respondió a todas las preguntas sobe las difíciles circunstancias de su secuestro en Siria. Durante la charla, el dombenitense explicó que las ganas por contar el conflicto sirio y el compromiso que tienen con la población les hizo volver, pero que tal y como está la situación fue un error. «Ninguna crónica vale el sufrimiento que he causado a mi familia», repite desde que fue liberado.