Carrillera en Las Villuercas

Terraza del Centro de Día-Restaurante La posada del Halcón de Cabañas. :: E.R./
Terraza del Centro de Día-Restaurante La posada del Halcón de Cabañas. :: E.R.

En Cabañas del Castillo, se come viendo media Extremadura

J. R. ALONSO DE LA TORRE

Una excursión sin comida no es una excursión. Tras guiarles esta semana por Las Apreturas del Almonte y llevarles a las fiestas de San Bernardino en Roturas, qué menos que continuar el paseo por Las Villuercas, en concreto por los pueblos de Cabañas del Castillo, con una guía de los bares y restaurantes de la zona. Para empezar, un aviso: en este municipio, los sitios para comer están en Centros de Día, aunque también hay un interesante restaurante, el Doña Tomasa de Solana, con buena cocina y precios razonables.

Entramos en Las Villuercas, pues, por Retamosa, el primer pueblo llegando desde la autovía Badajoz-Madrid, y enseguida nos encontramos a la derecha de la carretera el bar Las Minas, o sea, el primer Centro de Día-Restaurante de la comarca. Tras la barra, Marta, amable y dispuesta, nos ofrece bocadillos, platos combinados, raciones de alitas, lomo o cochinillo. Anuncian que hacen churros y tostadas, venden navajas muy prácticas y tienen azulejos con consejos: «Solo se fía a los mayores de 90 acompañados de su madre. Gástate en vino lo que has de dejar a los sobrinos.».

Nos adentramos en Las Villuercas y en Roturas nos ofrecen, también en el Centro de Día, que aquí se llama bar Rincón de las Villuercas, ricas tapas todos los días y pollos asados y paella los domingos. Antes de llegar a uno de los restaurantes con vistas más espectaculares de Extremadura, nos acercamos a Solana y allí tenemos dos posibilidades para comer. En ambos casos, las opciones se encuentran en la calle principal. De una, ya les hemos hablado, el restaurante Doña Tomasa, referencia gastronómica del municipio. El otro es el bar de Kiko y Rosi, un Centro de Día que lo mismo acoge una partida de brisca o reúne a los jubilados a ver el fútbol que sirve carnes a la brasa (solomillo, moraga, secreto), buñuelos de bacalao, fritura de pescado, bocatas y platos combinados. Todo ello en una especie de salón de casa con sus mesas camilla y una amabilidad de los dueños que envuelve y convierte la visita en un placer.

Pero ya es la hora de comer y subimos hasta Cabañas del Castillo. Allí, al final del pueblo (no se asusten, el pueblo son 20 vecinos y unas pocas casas por lo que el final está casi al principio), nos encontramos otro Centro de Día con terraza agradable y acogedor salón. El local se llama La Posada del Halcón. Miguel Urbina y su mujer cogieron el Centro de Día hace dos años y lo han convertido en un centro cultural y gastronómico donde se imparten conferencias, se celebran debates y se come.

De nuevo nos encontramos mesas camilla con faldilla, algún mayor del pueblo almorzando y unas mesas pegadas a las ventanas desde las que, mientras comes, puedes dejar que la vista vague por media Extremadura: un semicírculo que abarca desde La Serena hasta Gredos pasando por la Sierra de la Mosca, con la inmensidad de la dehesa en medio. Nada más sentarnos, nos sirven un rico pincho de morcilla de Deleitosa. En la carta, raciones de secreto, solomillo, carrillera, todo ibérico, todo a 12 euros. Hay magro, prueba y oreja (8), ensalada de pimientos asados (7), escabeche de temporada (7.50) y diversos platos de setas. Tienen buenos bocadillos, tostas recomendables y una carta de vinos que va más allá de lo consabido.

Los clientes optan, en general, por el Combinado Villuercas (15). De primero, a elegir: ensalada, tosta de jamón ibérico, combinado de quesos (Berzocana, Aldeacentenera y La Serena) y sopa de tomate o de cocido. De segundo: solomillo ibérico, carrillera o entomatá de bacalao. De postre, natillas, mousse de limón, trufas de chocolate, crepes o helado. Lo mejor, la carrillera ibérica.

 

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