Vida nueva para el risco de la Villuerca

Vida nueva para el risco de la Villuerca

La vía, que ahora es un homenaje al bache, llega hasta un centro militar de comunicaciones que cerró hace 19 años

ANTONIO J. ARMEROCáceres

El 7 de mayo de 1995, domingo, 84 valientes subieron al risco de la Villuerca dando pedales. Era la última etapa de la XI Vuelta Ciclista a Extremadura. Salida desde Cáceres y paso por Trujillo, Zorita, Logrosán, Berzocana y Guadalupe antes de la ascensión final. «Cuando se entra en el camino que conduce al Centro Táctico escribió aquel día el periodista de HOY Antonio Barquilla , el pelotón se convierte en un largo rosario de ciclistas que a duras penas pueden pedalear para llegar hasta la cima». 21 años después, esa ascensión ciclista que el cronista calificaba como «durísima» solo está al alcance de quien tenga unas piernas de categoría y una bicicleta de montaña con buena amortiguación. Difícilmente hará la excursión deportiva quien le tenga un mínimo aprecio a su bici de ruedas finas.

La carretera que llega a las instalaciones que el Ejército tiene en el risco de la Villuerca son un homenaje al bache. Los hay a derecha e izquierda, y también en el centro; pequeños, medianos, grandes, del tamaño de un hoyo y unos cuantos con categoría de socavón. El paso de los años, la meteorología y la falta de uso han convertido la vía en difícilmente transitable para todo lo que no sea un todoterreno. Y la Diputación de Cáceres se ha propuesto mejorar esta fotografía.

Un itinerario turístico

En febrero, su presidenta, Charo Cordero, se sentó a la mesa con Ángel José Freixenet, el delegado de Defensa en Extremadura. Les acompañaron otros responsables de una y otra institución. «En la reunión informó luego el gobierno provincial se ha abordado la cesión de la carretera a la Diputación, para realizar un itinerario turístico que una los valores geológicos, naturales y culturales de ese significativo enclave del Geoparque Mundial Unesco Villuercas-Ibores-Jara».

No es casualidad que de los 45 geositios (lugares de visita recomendada por su especial interés) del Geoparque, el risco esté identificado con el número uno. Hay en Extremadura cotas más altas (el Calvitero, a 2.401 metros, o el pico La Covacha, a 2.390, entre otros), pero a ninguno de ellos se puede llegar en coche. Con los pies en el helipuerto del risco de La Villuerca, a 1.598 metros, el lugar ofrece una vista panorámica que justifica el viaje. «Si trazamos en un mapa dos líneas perpendiculares hacia el Atlántico, una hacia el oeste y otra hacia el sur, teniendo como vértice este punto, no encontraremos un punto más alto», explica Nicanor Gil González en su blog, titulado Metamorphosis. Él, que nació en Guadalupe pero vive en Plasencia donde coordina el Aula de Literatura José Antonio Gabriel y Galán, junto a Juan Ramón Santos, actual presidente de la Asociación de Escritores de Extremadura, titula esa entrada Pisando las nubes. Cuenta en ella que «desde casi siempre, al menos una vez al año», tiene la costumbre de subir al risco. Y detalla también que el Centro Táctico número 2 (nombre originario de las instalaciones militares) es uno de los que hay «desperdigados por España, que servían para conectar las capitanías generales de los tres ejércitos con Prado del Rey, el Palacio de la Moncloa y el Palacio de la Zarzuela». Añade Gil, autor de la Guía Histórica Ilustrada de Guadalupe, que «estuvo operativo 22 años, desde 1975 hasta 1997, y que llegó a dar alojamiento a un centenar de militares.

De hecho, tuvo cantina, gimnasio y cine. Hoy, todo está en estado de abandono, tal como demuestran las fotografías que Aprodervi (Asociación para la Promoción y el Desarrollo Rural de la comarca de Villuercas, Ibores y La Jara) incluyó en su dossier de doce páginas titulado Propuesta de estudio para la cesión del CT-2 Guadalupe para uso social, turístico y cultural. En concreto, el colectivo proponía construir «un hotel rural donde antes se alojaban oficiales y suboficiales, un albergue donde lo hacía la tropa y un centro de interpretación donde antes había aulas y oficinas».

En octubre del año 2013, Aprodervi inició una campaña para conseguir el apoyo social a su idea de devolver la vida a las instalaciones militares. «Hemos escrito a todas las instituciones, incluido el rey Juan Carlos», explicaba el presidente del colectivo en aquellos días, en los que la Diputación de Cáceres, entonces gobernada por el PP, aseguraba estar en conversaciones con el Ministerio de Defensa para que le cediera el uso de la antigua base.

El actual equipo de gobierno de la institución provincial, del PSOE, no le pierde la pista a esta propuesta, aunque tiene claro que este es un objetivo a largo plazo, y que lo inmediato es conseguir que el Ejército le permita arreglar el acceso. «Los edificios nos interesan, pero será en otro momento, la prioridad ahora es conseguir la cesión de la carretera», confirma Charo Cordero, presidenta de la Diputación cacereña. «Desde el viernes (día 12), los técnicos están trabajando en el proyecto de la carretera, la idea es que el trazado sea el mismo», detalla la responsable de la institución. «Hasta el momento, la disposición del Ejército es positiva, hay buena voluntad, pero hasta que no tengamos el documento de cesión, que ya se solicitó en el año 2014, no se puede decir con total seguridad que podamos llevar adelante el arreglo de la carretera, que es una obra muy demandada por los alcaldes y los empresarios de la zona».

Cuando ese visto bueno sea oficial, la tarea será adecentar los once kilómetros de subida, con pendientes de entre el nueve y el once por ciento excepto en el tramo final, donde llegan a alcanzar el quince por ciento. Con el asfalto en condiciones, podría repetirse un final como el de la etapa reina de la Vuelta Ciclista a Extremadura del 95.

La carrera de aquel año la ganó un gallego, Gustavo Otero, del equipo Aguas de Mondariz. Pero el primero en el centro táctico fue un danés, Claus Michel Moller, del ACR. Once minutos después que él cruzó la meta Manuel Romera, de Mérida, ganador del maillot blanco al mejor ciclista extremeño de la prueba. Romera tenía entonces 19 años, y según escribió aquel día Barquilla, llegó al risco de la Villuerca «exahusto, rendido, agotado y necesitó de atención médica». Si el Ejército da su permiso, será posible repetir esa foto, la del domingo 7 de mayo de 1995 que muestra a un pelotón de hormigonados cuádriceps tirando del plato pequeño y el piñón más grande para alcanzar esa cima en la que si el día está claro, la vista llega hasta Portugal.

 

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