El camalote como fuente de energía

Cristóbal Maza, Fernando Rivas y Sergio González, con los digestores a escala que se utilizan para hacer las pruebas. :: j. v. arnelas/
Cristóbal Maza, Fernando Rivas y Sergio González, con los digestores a escala que se utilizan para hacer las pruebas. :: j. v. arnelas

Un proyecto de Cetiex pretende producir biogás cuya venta genere un beneficio que contribuya al control de esta especie invasora

JOSÉ M. MARTÍN

Una relación que dura más de diez años y que la Junta de Extremadura, la Diputación de Badajoz y la Confederación Hidrográfica no son capaces de romper. El camalote y el Guadiana mantienen un idilio que ya ha costado a las arcas públicas más de 24 millones de euros. La cuenta es sencilla: unos 2,5 millones al año.

Esta inversión no ha supuesto resultados positivos y en la actualidad no se está más cerca de erradicar el camalote que hace una década. «Es una planta que está presente en muchos países y ninguno ha conseguido terminar con ella, por lo que debemos quitarnos de la cabeza la idea de que vamos a acabar con el camalote», expone Cristóbal Maza, director gerente de Cetiex, que refuerza esta teoría en las recientes declaraciones del presidente de Confederación. «Es una planta que ha venido para quedarse, dijo, por lo que debemos aprender a convivir con ella», señala Maza. Con esta premisa, en Cetiex comenzó una investigación con el objetivo de obtener un aprovechamiento del ciclo de extracción del, también llamado, jacinto de agua que se realiza en el río Guadiana. La propuesta: biogás de camalote.

Los técnicos del centro investigador están convencidos de la viabilidad de un proyecto que concluya con la instalación de pequeñas plantas procesadoras en las márgenes del río. «Mediante una digestión anaerobia, algo similar a una fermentación controlada, el camalote se pudre y genera gases. Ese proceso nos aporta una combinación de metano, etano y dióxido de carbono», explica Fernando Rivas, investigador asociado a Cetiex. Éste biogás sería transportado en cisternas a una central para producir electricidad.

La combinación de los gases marcaría la calidad final del biogás y su poder calorífico. «Por los estudios ya realizados, no sería de alta calidad, pero sí lo suficientemente bueno para generar una cantidad de energía que compense los costes de instalación y de mantenimiento», añade Rivas, que incide en que de esta forma se estaría dando valor a un residuo que en la actualidad se deposita en el margen del río sin generar beneficio alguno.

Las estimaciones que plantean los investigadores, en base a estudios ya realizados, apuntan a que con cada kilo de camalote se podrían llegar a obtener hasta 400 litros de biogás. «Este dato puede parecer enorme, pero el gas se comprime mucho. Podemos decir que un litro de biogás hace una función un 30% inferior a la de un litro de gasolina», ejemplifica Rivas.

La venta del biogás ayudaría a soportar los costes que supone el control del camalote. «En la actualidad no se extrae más porque no hay dinero para hacerlo», indica Maza, que quiere dejar claro que este es un proyecto destinado a la administración pública -en caso de que ésta lo considere oportuno- y dirigido a contribuir al control del camalote.

Las plantas encargadas de la transformación serían modulares, con lo que podrían aumentar su tamaño si fuese necesario y moverse por las márgenes del río para situarse en los tramos de mayor concentración de camalote.

El tamaño de los módulos es similar al de la caja de un tráiler (doce metros de largo por tres de alto por tres y medio de ancho) y son necesarios un mínimo de tres para que la procesadora pueda empezar a transformar el camalote en biogás. «El coste de instalación y de puesta en funcionamiento sería muy inferior al gasto anual que supone la extracción del camalote en la actualidad para la administración pública», asegura Rivas. «La inversión estaría recuperada en un año», apostilla el director gerente de Cetiex.

Extracción

En la actualidad, se está extrayendo camalote del agua a través de medios mecánicos, por lo que el proyecto también plantea una mejora en estos trabajos. «La idea sería sustituir las actuales barreras mecánicas por unas más sofisticadas que también hicieran funciones de extracción mediante unos cajones de rejillas dotados de movimiento transversal al curso del río, de forma que el camalote llegaría al margen donde estarían ubicadas las plantas modulares», dice Maza.

Dependiendo de las zonas de acumulación del camalote, las barreras podrían moverse y situarse en lugares estratégicos.

La puesta en funcionamiento de las plantas sería un proceso rápido. «El primer ciclo de conversión de camalote en biogás se establece en un rango entre 15 y 45 días. Una vez que se llenan los contenedores el proceso es continuo», afirma Rivas.

Las plantas procesadoras también generan un residuo. Algo que ya han previsto los investigadores y plantean la posibilidad de que se pueda elaborar compostaje con estos restos. «La masa putrefacta que quedaría tras la elaboración del biogás sería un poco líquida. Se deberían separar sólidos y líquidos prensando el material. El sólido se dejaría terminar de fermentar, algo que puede hacerse al aire libre y tapado con plásticos. No se necesitaría ninguna instalación, solo espacio amplio. Ese fermento se podría usar como abono», apunta Rivas.

Según la normativa vigente en relación a especies invasoras, el camalote no se puede transportar para evitar que llegue a otras zonas y afecte otros ecosistemas. «Hay estudios de la Universidad de Extremadura que dicen que la planta puede germinar, por lo que dejarla en la margen del río es preocupante», certifica Maza.

En este sentido, los investigadores apuntan que las semillas quedarían muy debilitadas tras el proceso de putrefacción y prácticamente inertes, por lo que el compostaje final tendría una carga de semillas mucho menor que los restos que se sacan en la actualidad del Guadiana. «Aunque ese compostaje del residuo no resulte económicamente interesante -que es algo que habría que valorar-, el residuo después de hacer biogás va a ser siempre inferior en volumen y en carga de semillas al que ahora tenemos», según Maza.

El proyecto que plantea el centro de investigación tiene cuatro vertientes. La primera sería energética, en lo referente a la producción de biogás, pero también incidiría a nivel medioambiental, ya que mejora del ecosistema del río; económico, al no ser costoso para las arcas públicas, y social, porque generaría puestos de trabajo en la zona que serían duraderos en el tiempo, según especifica Sergio González, técnico de Cetiex que trabaja estrechamente en la propuesta del proyecto.

Ciclo vital

En el aspecto medioambiental, también hay que recordar que el camalote se nutre de los contaminantes que tiene el río. «Controladamente es beneficioso. El problema es que controlarlo es muy costoso», reconoce el gerente de Cetiex, añadiendo que la planta extrae del agua nitratos, fosfatos, metales y metales pesados. «Cualquier tipo de contaminante queda absorbido dentro de la propia planta, por lo que limpia el río», relatan Rivas y González, que puntualizan que el jacinto de agua puede servir de indicador de contaminación al acumularse en zonas en las que hay más nutrientes.

De este modo, se puede convertir un problema que tiene el río Guadiana en algo beneficioso. «De ahí que queramos cambiar el término erradicación por el de control», entiende Maza, que habla de pequeñas masas de camalote controladas en el cauce del río para limpiar el agua.

La reproducción del camalote se detiene cuando bajan la temperaturas. En esos momentos se intensifican los trabajos de extracción. «Sin embargo, un solo esqueje que quede en el río en el mes de marzo, que es cuando vuelve a reproducirse, puede dar lugar a un millón de plantas en noviembre», remarca el gerente de Cetiex para defender la necesidad de este proyecto.