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TRIBUNA

Cuarenta años del 'proceso revolucionario en curso' portugués

AHORA, cuando se cumplen cuarenta años de que el general Spínola (primer Presidente de la República Portuguesa tras el golpe de la Revolução dos Cravos) marchara al exilio desde la base aérea de Talavera la Real (Badajoz), por su participación en el golpe de Estado del 11 de marzo de 1975, será interesante volver a reflexionar sobre lo que aquella revolución significó y lo que de ella quedó en el país vecino, y tanto nos influyó.

En abril de 1974 hay un levantamiento militar, progresista (insólito por lo que tradicionalmente a los militares se refiere), que lleva a la ruptura con el régimen dictatorial anterior, podrido en su represión interna y enquistado en una sanguinaria guerra colonial que lo estaba desangrando física, moral y económicamente.

Las disensiones interiores se hicieron notar enseguida, llevando a finales de septiembre a la dimisión del Presidente de la República, el general Spínola. Ello favoreció un avance progresista que intentó ser cortado por el golpe involucionista de 11 de marzo de 1975, en el que se vio involucrado el mismo Spínola. Su fracaso radicalizó el movimiento político-militar.

Esa es la etapa de la revolución. Enseguida se nacionalizan la banca, los seguros, los transportes y multitud de empresas de producción, transformación y servicios. Y se comienzan a ocupar tierras, que con las leyes de Reforma Agraria de julio de 1975 consolidan su marco legal. 'Verão quente' se denominarán estos meses.

Sin embargo, el proceso se va a reconvertir, con la división entre los propios militares integrantes del Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA), que se conforman en tres corrientes: la moderada, que firmará un manifiesto de carácter socialdemócrata, donde destacan el mayor Melo Antúnes y el capitão Vasco Lourenço; la gonçalvista, revolucionaria, que apoya a Vasco Gonçalves, y de la que quiero traer a estas líneas los nombres del coronel Varela Gomes y los capitães Durán Clemente y Diniz Almeida, y la otelista, seguidora del mayor Otelo Saraiva de Carvalho, coordinador de las operaciones del Golpe del 25 de Abril y controvertido brigadier jefe del COPCON (Comando de Operaciones Continentales).

Los partidos políticos ya hacía tiempo que estaban situados en dos orillas irreconciliables. El Partido Socialista y toda la derecha 'mirando' para las reglamentaciones europeas (con el liderazgo e intromisión de la República Federal Alemana) y los criterios dimanados de EE UU. El Partido Comunista y los demás partidos marxistas decantados por profundizar en la revolución puramente socialista.

El 25 de noviembre de 1975 acabará con el dilema y la tensión que amenazaba con una ruptura interna conducente a una posible guerra civil («a ameaça foi sempre propagada para assustar as gentes», me remarca el capitão Durán Clemente, tan buen militar como pensador, activista y amigo), triunfando el golpe de mano del ala moderada militar, apoyado por el espectro político de derechas y socialdemócrata: se inauguraba así la reconducción, con prisión y exilio de militares revolucionarios. Y eso significaba el desmantelamiento de la Reforma Agraria, de las nacionalizaciones, de la economía planificada, así como la apertura liberal al modelo occidental («não tendo no entanto conseguido evitar a vitória da descolonização das seis Colónias efectuada entre 10 de setembro de 1974 e 11 de novembro de 1975», me reafirma Durán Clemente).

En tanto, la Constitución aprobada el 2 de abril de 1976 consagraba 'sobre el papel' asegurar «a transição para o socialismo» (art. 2), la «apropiação colectiva de meios de produção e solos» (art. 80, c.), la «planificação democrática da economía» (art. 80, d.), la «expropriação dos latifúndios e das grandes explorações capitalistas» (art. 94, 1.), ¡dictado por una Asamblea Constituyente en la que los apoyantes del golpe reconductor del 25 de noviembre anterior tenían más del 85% de los diputados! En las reformas constitucionales de 1982 y 1989 suprimirán estos postulados que -por otra parte-jamás se ejecutaron.

Queda como herencia de todo el proceso, eso sí, como dice António Murteira -líder sindicalista campesino que tanto luchó por la Reforma Agraria- «a conquista da liberdade, o fim da última guerra colonial (clássica) em África e a inserção de Portugal no contexto das nações».