El conde de los trenes

El conde de Alcubierre saludando a D. Juan Carlos. /
El conde de Alcubierre saludando a D. Juan Carlos.

Hace 60 años se reunieron en Casatejada Franco y don Juan

J. R. ALONSO DE LA TORRE

El pasado 28 de diciembre se cumplieron 60 años de una entrevista histórica que tuvo lugar en Extremadura. Ese día del año 1954 se reunieron en la finca Las Cabezas de Casatejada (Cáceres) don Juan de Borbón y Francisco Franco para negociar la reinstauración de la monarquía en España. En el encuentro, Franco y don Juan, que se odiaban tanto que, según algunas fuentes, no se vieron nunca en la finca y negociaron por personas interpuestas, decidieron la educación del entonces príncipe Juan Carlos, que tenía 16 años y ya estudiaba en Madrid. El dueño del palacio de Las Cabezas era Juan Claudio Güell y Churruca, conde de Ruiseñada, marqués de Comillas, conde de Güell y Grande de España. Este noble era un apasionado de los ferrocarriles hasta el punto de que los conducía en sus ratos libres. Cuando estaba ocupado, dirigía la compañía Trasatlántica, astilleros, el Banco Atlántico y otros negocios o participaba en la conspiración que dio lugar al golpe de estado de 1936.

Como friki de los trenes, al conde de Ruiseñada le cupo el honor de conducir con el conde de Alcubierre el Lusitania Exprés que, a través de Extremadura, llevó a los príncipes Juan Carlos, de diez años, y Alfonso de Borbón, de siete, desde Lisboa hasta Madrid en 1948. Sus biógrafos coinciden en que ese viaje en el Lusitania a un país desconocido supuso la ruptura de don Juan Carlos con la niñez. Cuatro años después de la entrevista histórica en su casa de Las Cabezas, el conde de Ruiseñada moría como a él le hubiera gustado: de un infarto en un tren que lo llevaba de París a Hendaya.

El palacio de Las Cabezas es un edificio almenado que llama la atención de los viajeros que circulan por la autovía de Coria a Navalmoral. Situado en el kilómetro 13 de dicha carretera, fue construido en 1876 sobre una elevación que domina las tierras circundantes. Resulta un tanto extemporáneo un palacio así en medio de los campos de encinas y alcornoques, con ese aire de castillo de imitación, pero fue el escogido para aquel cónclave que marcó la historia de España y sentenció que el futuro de la monarquía española iba a decidirse en Madrid, jamás en Estoril.

Cuando se celebró la decisiva reunión entre Franco y don Juan, el acceso al palacio de Las Cabezas estaba completamente prohibido. Hoy, este castillo neogótico y sus dependencias reciben la visita de grupos de niños de los colegios de la zona, que disfrutan de un desayuno saludable, visitan los chozos, la casita rústica, el mirador y la charca. Hace 60 años, no era tan fácil entrar ni en la finca ni en el palacio. Estaba fuertemente vigilado por la Guardia Civil y de lo que allí se dijo y discutió, que debió de ser mucho y con enjundia, poco ha trascendido.

El controvertido coronel Martínez Inglés, expulsado del ejército en 1990 y protagonista de sonados incidentes y declaraciones, ha escrito recientemente un libro en el que intenta demostrar que fue en esta finca y palacete cacereño de Las Cabezas donde ocurrió el desgraciado incidente de caza que acabó con la vida del infante D. Alfonso de Borbón cuando este tenía 14 años. Según el polémico coronel, el cadáver del infante fue conducido de Casatejada a Estoril en secreto la misma tarde del óbito a través de la frontera de Valencia de Alcántara.

El accidente ocurrió el 28 de marzo de 1956 y el conde de Ruiseñada estaba presente en tan dramático momento, pero el hecho fue ocultado por Franco, que lo alejó de Extremadura y ordenó que la embajada de España en Lisboa emitiera una nota falsa situando el desgraciado acontecimiento en la residencia borbónica en Estoril de Villa Giralda. Esto sostiene Martínez Inglés, que culpa directamente a Franco de haber urdido la muerte del infante para hacer sufrir a su odiado don Juan de Borbón. Especulaciones aparte, lo cierto es que el ferroviario conde de Ruiseñada quiso disfrutar de su ocio en Extremadura con sus trenes y su castillo pastiche, pero aquí encontró más agitación que relax.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos