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TRIBUNA

Extremadura y su pobreza

MI abuela, cuando las cosas estaban muy claras en algún asunto delicado, solía decir: «Aquí no hay más chinches que la manta llena». Algo así nos ocurre en estos días en Extremadura cuando se está presentado el primer informe regional de la Fundación Foessa sobre la realidad de la pobreza y la situación de las familias extremeñas afectadas.

Sería de bobos querer seguir hablando de Extremadura con el recuerdo de los conquistadores de antaño, y obviar -silenciar- la realidad cruda que estamos viviendo. En los últimos días, en escritos y avatares agrios, se ironizaba sobre la afirmación de «una Iglesia pobre en una tierra pobre», como si fuera una victimización sin sentido: una obra de un pesimismo demagógico intencionado.

Hoy salen a la luz los datos del primer informe Foessa, con datos específicos de la región de Extremadura. Hasta el momento, nunca se había hecho un estudio de este calado. Ha sido posible realizarlo porque hay un grupo de profesores de la Facultad de Economía en la Universidad de Extremadura, liderado por Jesús Pérez Mayo y Antonio Jurado, con el decano Francisco Pedraja a la cabeza, que abrieron una línea de investigación propia sobre la calidad de vida y condición de existencia de la pobreza en Extremadura hace ya más de tres lustros.

Recuerdo cuando, desde Pastoral Universitaria -unidos al departamento de economía de la UEX-, organizamos un primer seminario sobre la pobreza, concepto y medición de la misma. Allí nos acompañaron los mejores expertos que en España estaban investigando en estos temas y que eran artífices de los informes de la Fundación Foessa que venían realizándose a nivel nacional, como en varias regiones de España. En esos momentos, era un sueño poder llegar a un informe propio regional, dentro de ese trabajo nacional, que nos diera los datos específicos y directos de nuestra comunidad autónoma. Allí fueron protagonistas en el deseo de aprender e investigar Pedraja, Pérez Mayo, Jurado Málaga.

Tras estos años de proceso e implicación en la investigación del tema, ellos son los que presentan este primer análisis específico extremeño. Los resultados del mismo, por una parte y por lo que nos descubren, nos causan un profundo dolor; sin embargo, también nos provocan alegría, ya que sólo conociendo la realidad se podrá plantar cara a la pobreza y sus características, así como a sus causas y consecuencias. Yo celebro este estudio como un fruto de ese caminar de casi dos décadas de la Pastoral Universitaria con esa clave de poner el estudio al servicio de los más pobres, para cumplir con el deseo y la bienaventuranza evangélica que nos invita a tener hambre y sed de justicia.

Por primera vez, la Fundación Foessa (Fomento de Estudios Sociales y de Sociología Aplicada) pone sobre la mesa datos que muestran la situación que hoy viven los extremeños. Lo hace en la Encuesta sobre Integración y Necesidades Sociales, en la que compara, además, la realidad extremeña con la nacional. Los profesores de la Universidad de Extremadura que han colaborado en el informe explican que los datos obtenidos sobre la situación extremeña, fruto de más de 3.000 encuestas, se basan en el estudio de un total de 35 indicadores que han permitido a los investigadores conocer la realidad de la comunidad más allá de la pobreza; teniendo en cuenta los ingresos monetarios y otros muchos indicadores de empleo, consumo, salud, vivienda, educación, política, conflicto social...

En la encuesta de Foessa se ha estudiado el número de hogares cuyo sustentador principal está en paro desde hace un año o más, qué hogares se basan en ingresos obtenidos con trabajos de exclusión, hogares con todos los miembros en paro, familias que no cuentan con algún bien considerado básico por más del 95% de la sociedad (agua corriente, electricidad, etc...), hogares con menores de 3 a 15 años no escolarizados, viviendas en entornos degradados, casas con humedades y suciedad, hogares con personas dependientes, familias que han dejado tratamientos médicos por problemas económicos, hogares con personas en instituciones que han tenido problemas con drogas o con la justicia, etcétera.

¿Qué nos descubre este informe a primera vista? 290.000 extremeños (un 26,4%, uno de cada cuatro ciudadanos) experimentan algún proceso de exclusión social. Esto significa que hay muchos ciudadanos que no están integrados plenamente en la sociedad; que son muchos, por tanto, los que no pueden vivir siquiera como un ciudadano medio. Las familias con niños encarnan ahora el nuevo rostro de la pobreza. Se está hablando no sólo de personas que no tienen ingresos, sino de otras muchas con unos contratos con una remuneración tan escasa que están igualmente en proceso de exclusión social. De los 290.000 extremeños afectados por situaciones de exclusión social, 88.000 se encuentran en una situación de exclusión severa. La acumulación de problemas de distintas dimensiones ha crecido en los últimos años. Además, cada vez se acumulan más en los hogares afectados. En comparación con el conjunto de los hogares de España, esta acumulación es más visible en los de Extremadura. Son los ámbitos del empleo, de la vivienda y de la salud los que más han aportado al aumento de la fractura social en España. La ampliación de la brecha ha hecho que más personas se pasen al lado de la exclusión en los últimos años. En la mayoría de los casos, familias con niños que encarnan el nuevo rostro de la pobreza.

El estudio, por tanto, pone de manifiesto que, con los años de crisis, se ha abierto aún más la brecha social, que los pobres son más pobres y los ricos más ricos. La brecha no es nueva porque ya existía en los años de bonanza y el problema es estructural. Estos datos han dado el primer paso, que es ponerle nombre de un modo científico y serio a los rostros de los que sufren. Esto significa que las soluciones deben ir más allá de las ayudas que gobiernos y organizaciones no gubernamentales han puesto en marcha para atender a los más desfavorecidos, a pesar de que en los años de crisis están ayudando a sobrellevar una situación muy dura para muchos, incluso para familias enteras.

Una vez más, debemos felicitar a Cáritas por estos estudios que ayudan a abrir los ojos de la sociedad y mueve los corazones y las voluntades para trabajar por un mundo más justo y más solidario.