Hernán Cortés y el «descabalgamiento» de los conquistadores

JOSÉ JULIÁN BARRIGA BRAVO

EL hecho incuestionable es que la mayor exposición que nunca se haya hecho en España sobre la colonización de América, y en este caso sobre uno de sus principales protagonistas, el extremeño Hernán Cortés, se va inaugurar dentro de unos días en Madrid sin presencia institucional de Extremadura. La muestra tiene como organizadores a la Real Academia de la Historia y al Instituto Nacional de Antropología e Historia de México, y financiada por la Comunidad de Madrid a través de la Fundación Canal Isabel II. Es más, en las informaciones aparecidas en los medios nacionales sobre este suceso excepcional ni siquiera se cita el origen extremeño de Cortés. A partir de este enunciando, caben múltiples interpretaciones, incluyendo aquellas que se refieren al complejo de victimismo que cíclicamente nos aqueja a los extremeños. Pero no olvidemos que una exposición de la magnitud y de la ambición como la que comentamos sobre el personaje más importante de la historia extremeña, de haberse celebrado en el territorio regional, podría constituirse en un reclamo turístico y cultural excepcional, como lo son, por ejemplo, las Edades del Hombre en Castilla y León, o la exposición del Greco en Toledo. Cualquier opinión a favor o en contra podrá sostenerse, pero nunca justificarse la ausencia institucional de Extremadura, incluyendo a su Universidad.

La anécdota, aunque muy relevante, me sirve para reflexionar sobre una cuestión que viene planteándose desde hace muchos años: el encubrimiento consciente y deliberado de las figuras de los conquistadores/colonizadores extremeños por razón de «corrección política». La idea de la inoportunidad de poner en valor sus biografías y sus trayectorias ha terminado por instaurarse en la conciencia de los representantes extremeños y ha alimentado una especie de cultura del oscurecimiento o del olvido de los conquistadores. A cambio, se han favorecido con recursos muy importantes las políticas de colaboración y de solidaridad derivadas del hecho del descubrimiento y de la colonización. Estos son en líneas generales los planteamientos antitéticos con los que Extremadura, la Extremadura oficial, contempla todo lo que concierne a su excepcional protagonismo en América. Cuando ahora algunos mejor informados lamenten la escasa o nula participación extremeña en la Exposición de Hernán Cortés en la Plaza de Castilla de Madrid, habrá que convenir que de que aquellos polvos -el oscurecimiento de las figuras de los conquistadores- vienen estos lodos.

Es cierto que la memoria histórica de los conquistadores/colonizadores extremeños llegó a nuestra generación lastrada por la cultura imperialista de la dictadura y por la connivencia que con ella tuvo la autoridad religiosa. Los extremeños de mi generación recordarán ahora con espanto aquella pantomima identitaria de «somos los hijos del gran Pizarro, los hijos somos del gran Cortés y en nuestro pecho noble y bizarro un alma late.». O aquel exceso romántico de «cuando los dioses nacían en Extremadura» de Pedro de Lorenzo. Todavía estábamos curándonos de las heridas de la cultura de la dictadura cuando llegó la conmemoración del V Centenario del Descubrimiento de América, y Extremadura echó la casa por la ventana. Lo hizo con inteligencia y diligencia. Pero ya entonces comenzaron a sentirse los primeros balbuceos del oscurecimiento deliberado de los colonizadores bajo la consigna no escrita de «bajar a los conquistadores de los caballos». Los bajaron y, a poco, los entierran. Había que resaltar los conceptos de hermandad con los pueblos, la solidaridad con las gentes, la colaboración entre instituciones, pero abstrayéndose de quienes habían protagonizado la colonización por aquello de olvidar las atrocidades y la crueldad que la conquista originó. En definitiva, no se quiso o no se supo hacer una investigación y una interpretación moderna y rigurosa e integradora del papel que los extremeños jugaron en el hecho más significativo de su historia. De este modo, y con muy escasas y poco relevantes excepciones, «pasaron a la historia» toda una pléyade de personajes sobresalientes y que en cualquier otra tesitura y lugar serían objeto de un continuo seguimiento académico y social: Cortés y Orellana, Alvarado y Pizarro, Vasco Núñez, Hernando de Soto, Alonso de Mendoza, Valdivia, Orellana, Nuño de Chaves, Inés de Suárez, etc., etc. Y si se hubiera querido resaltar aun más los aspectos tolerantes y solidarios del papel extremeño en la colonización tendríamos materia sobrada con los «doce apóstoles de México» para glosar los elementos sociales de la gesta. Pero no se quiso, imperaba, y todavía subsiste, la cultura del «descabalgamiento» de los conquistadores.

Por supuesto que lo dicho admite muchas matizaciones. Y entre ellas dos destacadas: el Congreso sobre Hernán Cortes y su tiempo celebrado en 1985 con motivo del centenario de su nacimiento en Medellín, y la más reciente conmemoración del descubrimiento del Pacífico por Vasco Núñez de Balboa. Pero, una vez reconocidas las dos conmemoraciones citadas, ¿qué otras cosas sobresalientes se han celebrado al nivel de la importancia de los hechos que comentamos? Se me dirá, en primer lugar, que el Gobierno de Extremadura creó y dotó con una extraordinaria generosidad una Fundación (Cexeci) con un objetivo tan meritorio como el de «desarrollar y mantener una política cultural que valorice las creaciones iberoamericanas y contribuya a desarrollar la idea de una comunidad basada en la cultura y en la lengua»; que se han realizado seminarios y cursos de verano sobre aspectos de colaboración con Latinoamérica; que se ha fomentado el intercambio expertos en esta u otra materia; que hasta se creó en la UEx un área de Historia de América. Por cierto, ¿cuántas publicaciones académicas han visto la luz sobre este tema? Sin duda, se pueden aducir múltiples actividades, y probablemente con mérito, también con algún dispendio según parece cierto. Todo lo cual no rectifica mi teoría sobre el «oscurecimiento» de los conquistados, descabalgados de sus caballos por un anacrónico complejo de culpa, y nadie parece preocupado de que retomen las bridas. ¿Recelan acaso los franceses de Napoleón o Roma de Julio César? ¿O es que alguien en Extremadura compara a nuestros colonizadores con otro tipo de dirigentes que ni siquiera se atreven a mencionar, y por ello los condenan al olvido?

Miren ustedes por dónde, las dos realidades más sobresalientes de la historia de Extremadura están en desuso o relegadas. Los conquistadores/colonizadores, «bajados de sus caballos» por un ridículo complejo de culpabilidad. Guadalupe, en cuanto tiene de legado cultural de primer orden, convertida en una ínsula de jurisdicción extraña que agoniza sin rumbo intelectual. Lo cierto es que dentro de unos días, una exposición sobre Hernán Cortés en Madrid será un aldabonazo en la conciencia de los extremeños sobre la necesidad de dar valor y prestigio a la Conquista. «Hernán Cortés -ha escrito un extremeño de adopción y comisario de la exposición, el profesor Almagro Gorbea- es una de las grandes figuras de la Historia. Su gesta puede ser comparada a las de los otros grandes conquistadores, como Ciro, Alejandro Magno, César, Gengis Khan o Tamerlan.». Y nosotros, sin apenas enterarnos.